Atitlán: la belleza del mundo maya
Viajar

Atitlán: la belleza del mundo maya

Artículos y contenidos relacionados para el especial multimedia.

Guía de viaje sobre uno de los lagos más bellos del mundo, ubicado en el corazón de Guatemala.

Recorrido entre dos de los tesoros de Guatemala

Vea en video un recorrido por Antigua y el lago de Atitlán. Volcanes, agua y tradición.

Antigua y el lago de Atitlán, tesoros por visitar en GuatemalaRecorrido por algunos turísticos más visitados de Guatemala.
Atitlán

Video por: Julián Espinosa y José Alberto Mojica.

Guía para visitar el lago Atitlán, en Guatemala

Los paisajes y las culturas mayas vivas son parte de los encantos del que es considerado uno de los lagos más lindos del mundo.

El lago Atitlán –azul, verde, cristalino– reposa plácido. Bello, tranquilo y solemne, custodiado por tres volcanes desde hace miles de años. Más tarde, esas aguas que parecen un espejo empezarán a revolverse. Se agitarán las olas. Llegará el xocomil, un viento que generalmente sopla fuerte al mediodía y en las tardes. Según la tradición del pueblo maya kakchiquel, el viento pasará recogiendo los pecados de los habitantes de los pueblos que viven a orillas del lago.

El lago Atitlán ostenta una belleza sublime, pueblos milenarios, culturas mayas vivas, misterios y leyendas como el xocomil. El célebre escritor, filósofo y viajero británico Aldous Huxley lo describió como el lago más bello del mundo. Y no es el primero que le adjudica ese título, que le ha servido a Guatemala para convertirlo en uno de sus principales destinos turísticos.

29 de marzo del 2018. Partimos desde Bogotá rumbo a Ciudad de Guatemala, la capital de este país centroamericano, donde aterrizamos después de apenas tres horas de vuelo. En el aeropuerto internacional La Aurora nos recoge Juan Carlos Cazún, gerente de la operadora de viajes La Camioneta Tours, quien será nuestro guía y amigo. Nos esperan 117 kilómetros (unas tres horas y media de recorrido) entre la capital guatemalteca y Panajachel, en el estado de Sololá, donde se ubica el epicentro turístico del lago Atitlán.

En el camino, Juan Carlos nos habla sobre esa maravilla de la naturaleza: que su altura es de 1.562 metros sobre el nivel del mar, que su profundidad máxima es de 350 metros –se puede nadar, con precauciones–, que su superficie es de 130 kilómetros cuadrados y su longitud es de 18 kilómetros. Que está rodeado por tres volcanes inactivos: San Pedro, Atitlán y Tolimán, que alcanzan alturas de entre 3.000 y 3.537 metros. Que en sus alrededores hay 12 pueblos, la mayoría con nombres de apóstoles y santos de la Iglesia católica, bautizados así desde la conquista española: San Pedro, Santiago, San Juan, San Pablo, San Marcos, San Antonio, San Francisco –mejor conocido como Panajachel–, San Lucas, Santa Catarina y Santa Cruz, entre otros. Que allí sobreviven culturas mayas vivas y que sus pobladores pertenecen mayoritariamente al pueblo zutuhil (o tz’utujil).

El buen Juan Carlos –sigue su relato– cuenta que cada pueblo tiene su propia historia y su propio carácter, incluso, su propia vestimenta. Que la gente vive de la pesca, la agricultura, las artesanías y el turismo. Que el lago es, realmente, el cráter muerto de un volcán, aunque también se dice –sobre su origen– que sus aguas emergieron tras la interrupción de los volcanes sobre tres ríos que lo abastecen. Y que en sus profundidades se esconde una ciudad maya llamada Samabaj o la ‘Atlántida maya’, hundida hace dos mil años. Una maravilla arqueológica poco conocida.

Y entre una historia y otra llegamos a Panajachel. Ansiosos por conocer el lago, dejamos las maletas en el hotel y salimos rumbo al embarcadero. Y la postal cobra vida: ahí está el lago Atitlán. Y no se exagera cuando se habla de su belleza, de sus colores, de su brillo, de toda la vida que brota de sus aguas, de su patrimonio natural y de esa energía sobrecogedora que atrae a viajeros, poetas, hippies y científicos de todo el mundo.

Al frente, el volcán San Pedro, el más grande y soberbio de los tres que lo vigilan, revestido de verde, con bosques y pájaros en sus laderas. Y a lo lejos se ven esos pueblos con nombres de santos y apóstoles, empotrados en la montaña.

Panajachel es el punto de partida y el sitio que ofrece la más completa infraestructura hotelera y turística. También es el lugar para salir de fiesta y disfrutar su animada vida nocturna. Desde allí salen los botes y las embarcaciones que ofrecen recorridos por los pueblos. Es posible tomar una excursión. También existe la opción de las lanchas públicas que transportan a los locales, a muy buenos precios, pero hay que ser muy estrictos con los horarios. No vaya y le toque quedarse por ahí. O no vaya a cogerlo el xocomil, aunque tranquilo, que los buenos navegantes saben lidiarlo.

La idea es dedicarle mínimo tres días al lago si se va de vacaciones. Pero no es nuestro caso: tenemos día y medio, y estamos de trabajo. Así que solo visitaremos tres de los pueblos más emblemáticos: San Juan, Santiago y San Pedro. Y así nos fue descubriendo un destino auténtico, vivo, sin puestas en escenas para los turistas. Todo es real, inspirador y grandioso en el lago Atitlán.

Las pinturas y los tejidos de San Juan

El recorrido entre Panajachel y San Juan La Laguna dura 20 minutos, que se pasan volando contemplando el paisaje. Un muelle de madera da la bienvenida. En sus alrededores, un grupo de viajeros recorre el lago en botes de kayak. El pueblo –al igual que los demás– hay que caminarlo en forma ascendente, pues fue levantado en las faldas de la montaña.
Aunque también están a la orden los tuk-tuk, esas motos de tres llantas, cubiertas con una carpa, que ofrecen el servicio de transporte. Pero si hay tiempo no serán necesarios. Como siempre, cuando se viaja, es mejor caminar.

San Juan es un pueblo tranquilo, sin bulla, sin mucha gente. Y es conocido como un museo al aire libre, gracias a los murales que pintan sus fachadas con los paisajes de la región, con sus vistosos trajes típicos y con sus tradiciones. Y a lado y lado aparecen galerías donde se ofrecen cuadros y pinturas del arte raizal. Una de ellas es del artista Aliix Mendoza, que cuenta que hay dos técnicas auténticas conocidas como vista de pájaro y vista de hormiga.

La primera se conoce así desde hace unos 35 años –cuenta Aliix–, cuando llegaron los cultivos de café a la región y los niños se trepaban a los árboles mientras sus padres recolectaban el grano; entonces, desde la cima de un árbol, un niño empezó a dibujar según esa perspectiva: la vista de un pájaro. Y la técnica de vista de hormiga tiene trazos similares, pero de abajo hacia arriba. Estos cuadros, pintados al óleo y de cuidadosas texturas, son el mejor recuerdo para llevarse a casa. Son una explosión de colores y de ingenio.

La siguiente parada es en la tienda de tejidos de la Asociación Comunitaria Apoyo a la Mujer, que como lo sugiere su nombre ofrece las creaciones de un grupo de mujeres indígenas y campesinas de la región, la mayoría, cabezas de hogar. Catarina Méndez, la administradora, guía un recorrido en el que se muestra todo el proceso: desde el cultivo, el manejo y el hilado del algodón, hasta el producto final.

Cuenta que esos colores tan vistosos son extraídos de plantas, hierbas, hojas y cortezas de los árboles. Y cuenta también que en el proceso de tejido, por ejemplo, de una bufanda, pueden tardarse una semana. Y que una tejedora no sabe lo que va a tejer hasta que se sienta y lleva a cabo la técnica del telar de cintura. Y todo: los colores, el diseño, la elección de la prenda –si es una bufanda, una blusa o un huipil, que es una especie de poncho– depende de su estado de ánimo.

Otro sitio que hay que visitar es la huerta de hierbas aromáticas de Élica Hernández, quien habla sobre todas sus bondades en la salud: la melisa, para el estrés y el insomnio; el orozuz, familiar de la estevia, que es un endulzante natural; la citronela, para los problemas de la piel y para ahuyentar los mosquitos. Élica también conforma una organización comunitaria que reúne a 
mujeres curanderas y hueseras (sobanderas) que ofrecen masajes y otros tratamientos basados en la sabiduría ancestral de los mayas.

Desde la plaza del pueblo se divisa un cerro con la silueta de una persona acostada, de lado. Es el cerro Rupalaj K’istalin, mejor conocido como el ‘Rostro Maya’, que también se puede visitar en una amena caminata que promete las mejores vistas del lago.
San Pedro, hippie y ambientalista

San Pedro La Laguna es muy distinto a su vecino San Juan. Hay bulla. Música a alto volumen: reguetón, regaae, cumbia guatemalteca. Hay mucha gente: mochileros y hippies de todo el mundo. Hay hostales, pequeños hoteles, bares, restaurantes, cafés y tiendas, todo, en un ambiente muy relajado. Varios de ellos con privilegiadas vistas al lago.

De los 12 pueblos del Atitlán, este es el preferido por los viajeros jóvenes que buscan fiesta y amigos, además de disfrutar el lago y las tradiciones de la región y otras actividades como pesca deportiva y caminatas ecológicas. De hecho, desde allí, es posible ascender al volcán San Pedro y explorar su biodiversidad (y disfrutar bellas vistas del espejo de agua).

Es también un pueblo ambientalista que prohibió, mediante el acuerdo 11 del año 2016, el uso de plástico en bolsas y pajillas (pitillos para las bebidas) y el icopor. Un esfuerzo que lo ha hecho famoso dentro y fuera de Guatemala, y una iniciativa del alcalde Mauricio Méndez que, según él, es apoyada por el 80 por ciento de la población. Porque todos aquí, dice, han sido testigos del avance de la contaminación del lago y del planeta mismo.

Basta con visitar el mercado municipal para deleitarse con frutas frescas, con mazorcas asadas y tortillas de maíz calienticas y, de paso, para ver cómo se han organizado los pobladores para reemplazar el plástico: con canastas que ellos mismos tejen con materiales vegetales, con servilletas de tela, con ollas, con bolsas de papel, con hojas de maxán (similares a las del plátano). En un año, sigue el alcalde Méndez, se ha logrado reducir en un 80 por ciento el uso de estos materiales. Y explica que hay multas económicas para los comercializadores de bolsas y similares que lleguen al pueblo a vender sus productos, y también para los comerciantes locales que las adquieran.

“Esto no lo inventamos nosotros. Estamos volviendo a las prácticas de nuestros ancestros, cuando no existía el plástico”, dice Nicolás Tumax, pescador y líder social, y un convencido de esta iniciativa. “Lo hacemos para cuidar nuestro lago, del que vivimos y al que queremos tanto, y para evitar que nuestra madre tierra se siga muriendo”, dice el hombre.

Santiago: la fe y el alma de los mayas

En la orilla suroeste del lago se levanta Santiago Atitlán, un pueblo de viva importancia para la cultura maya y para la historia de Guatemala. Una abuela del pueblo tz’utujil, llamada María, da la bienvenida en su puesto de artesanías, que también es un sitio de obligada visita a donde los guías locales llevan a los turistas, porque doña María es muy amable y a cambio de una propina revela el secreto que esconde en su cabeza.

Ella, al igual que la mayoría de mujeres nacidas aquí, lleva una corona en forma de plato, bordada con flores y pájaros y decorada con plumas de pavo. La buena María empieza a desenrollar la corona, que realmente es una cinta larguísima, hasta que deja ver una cabellera eléctrica, también larguísima y muy blanca. Y ahora empieza a envolver el pelo en la cinta hasta armar de nuevo su corona, llamada tocoyal.

Las mujeres de Santiago, como María, son recreadas en la moneda de 25 quetzales, a la que se le rinde tributo en un monumento en el Parque de la Paz. Se llama así porque es un lugar donde se rememora a las víctimas del conflicto armado guatemalteco. Un conflicto que nació precisamente en estas tierras y al que se le puso fin en 1966, 33 años después de mucha sangre y muchas infamias en las que cayeron muchos inocentes.

Al fondo de la plaza queda la iglesia de Santiago Atitlán, con su fachada blanca y con sus escalinatas de piedra, que son vestigios de un templo maya. Los indígenas, en la época de la Colonia –cuenta el guía Juan Carlos Cazún– aceptaron la evangelización, pero se resistieron a desprenderse de sus creencias ancestrales. De sus deidades y de su propia fe.

De ahí surgió el llamado sincretismo religioso, que se ve y se vive perfectamente en este y en muchos pueblos guatemaltecos donde las imágenes y rituales del catolicismo se combinan con imágenes y rituales de la cultura maya.

Hay que entrar a la iglesia para ver esta llamativa comunión: los sagrarios de piedra donde los indígenas hacen sus ceremonias y al fondo, el altar con la imagen de Cristo, y al lado, otro altar donde se venera a Maximón, una divinidad del mundo maya que reposa con los ojos cerrados, con un cigarrillo en la boca; con sombrero y el cuerpo recubierto de corbatas de colores. Llama también la atención que los santos de esta iglesia están vestidos de traje y corbata.

Todo en los pueblos del lago Atitlán –los hombres, las mujeres y los niños vestidos con sus coloridos atuendos típicos; la belleza del lago verde y azul con sus volcanes; las costumbres, las artesanías y las culturas milenarias vivas– parece la puesta en escena de una película. O un espectáculo para los turistas.

Pero no. Es la vida real y auténtica que hace de Guatemala un destino fascinante del que nos despedimos queriendo regresar.

Si usted va…

Avianca ofrece un vuelo diario y directo entre Bogotá y Ciudad de Guatemala. También se puede volar vía Copa Airlines con escala en Ciudad de Panamá.

La moneda oficial del país es el quetzal. Un dólar estadounidense equivale a unos 7 quetzales.

La agencia de viajes www.lacamionetatours.com/ se encarga de sus traslados, excursiones y otras necesidades de su viaje a Guatemala.

Dónde dormir

A media hora de ciudad de Guatemala, en la población de Amatitlán, quedan el hotel Kawilal y el spa Santa Teresita, un complejo turístico para el descanso y el bienestar considerado como uno de los mejores del país. En medio de un ambiente natural y con fuentes de agua termal, garantiza atenciones de lujo, masajes especializados y otros tratamientos.

Informes: www.kawilalhotel.com/
Estando en Guatemala vale la pena visitar la ciudad colonial de Antigua, otro de los destinos emblemáticos de ese país. Informes: www.laantigua-guatemala.com/

TEXTO: JOSÉ ALBERTO MOJICA
VIDEO: JULIÁN I. ESPINOSA ROJAS
FOTOGRAFÍAS: INGUAT, JOSÉ ALBERTO MOJICA, JULIÁN ESPINOSA. 

*Invitación del Instituto Guatemalteco de Cultura (Inguat)

Atitlán
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

El lago de Atitlán es uno de los destinos preferidos en el interior del país debido a su amplia oferta de actividades turísticas.

Cortesía Instituto Guatemalteco de Turismo
Atitlán
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

El muelle de Panajachel y, al fondo, el volcán San Pedro. 

Cortesía Instituto Guatemalteco de Turismo
Atitlán
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

Un grupo de oración en el centro de Santiago Atitlán. 

Julián Espinosa
Atitlan
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

Mujeres tejedoras en San Juan la Laguna.

Julián Espinosa
Atitlán
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

María, una abuela del pueblo tz'utujil, muestra uno de los atuendos típicos de Santiago: el tocoyal, una especie de corona.

José Alberto Mojica
Atitlan
Video GuatemalaGuatemala lo tiene todo. Es un país verde, megadiverso, pluricultural, gastronómico y arqueológico, con pirámides y templos mayas milenarios cubiertos todavía por la selva. De hecho, es el corazón del Mundo Maya, ese imperio conformado por México, Guatemala, Belice, Salvador y Honduras.

Un grupo de mujeres que recorren uno de los miradores que rodean el lago de Atitlán.

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.