Bariloche, el destino ideal para conocer la nieve

Bariloche, el destino ideal para conocer la nieve

Cabalgar con cóndores y esquiar son algunos de los planes recomendados para disfrutar de la ciudad.

Turismo en Bariloche

Deslizarse por las laderas del cerro Catedral es el principal atractivo turístico de Bariloche.

Foto:

Simón Granja / EL TIEMPO

06 de septiembre 2017 , 11:23 p.m.

Recordar la primera vez que vi nevar, que hundí los dedos en la nieve y que mis ojos se perdieron mirando el cielo moteado es como evocar un primer beso. Esto me pasó en San Carlos de Bariloche, en la Patagonia, Argentina. Ese lugar perdido en medio del parque nacional Nahuel Huapi, en donde está la combinación perfecta entre frío y chocolate.

El primer día, Bariloche amaneció con tormenta. La nieve arreciaba contra los rostros, y aunque muchos corrían a ocultarse, yo no deseaba más que quedarme estático viendo el caer constante e irregular de este fenómeno meteorológico que en Colombia desconocemos. La nieve de la Patagonia no es la misma que la de cualquier otro lado o, por lo menos, eso dicen quienes la han conocido en otros lugares.

Bariloche es el destino preferido en la Patagonia, no solo por argentinos, sino por otras nacionalidades como la brasileña. En todas las temporadas del año llegan 700.000 turistas.

Sin embargo, solo puedo hablar del invierno. A pocos minutos de salir del aeropuerto, los paisajes no tardaron en aparecer. Resultan fascinantes, aunque nuestra guía, Gisselle Mahmoud, los desbarata y asegura que es una lástima que haya una tormenta porque así no podemos ver que la combinación de las montañas, el lago, la nieve y el sol hacen lo que podría ser el paisaje perfecto. Días después tuvimos la oportunidad de comprobarlo.

Aun así, ese fondo blanco y negro, difuso y borroso genera un ambiente de nostalgia inevitable. ¿Nostalgia de algo en particular? No, simplemente permite que la vista se pierda en la infinidad de la nieve y se genere la necesidad de extrañar con una sonrisa de plenitud.

Ladeamos Bariloche y fuimos directamente a El Casco Art Hotel, en donde pasaríamos los días siguientes. La palabra Art se justifica apenas se entra. En todas las áreas se encuentra la colección ‘Zurbarán’: pinturas y esculturas originales de 40 reconocidos artistas argentinos como Pablo Curatella Manes y Fernando Fader. Las obras de arte no compiten con el inmobiliario, pero sí con el panorama que se observa desde cada una de las 33 habitaciones que tiene esta propuesta de 5 estrellas.

Con y sin temporal, con y sin nieve, en verano o en invierno, la vista es acaparadora. Ese primer día los copos caían torrenciales en el jardín fronterizo entre el lago Nahuel Huapi y el hotel. Solo se alcanzaban a ver las bases de las montañas lejanas. Sin embargo, era solo cuestión de tiempo para que se abriera el cielo y se descubriera el horizonte de colores fríos.

Las imágenes de paisajes en alta definición que se reproducen en los televisores en venta no se comparan con la vista que se observa desde El Casco. Una secuencia de montañas nevadas que se reflejan en las tranquilas aguas del inmenso lago y un amanecer que incendia la nieve es la escena en las madrugadas que todo huésped debe ver en el hotel. Después de salir, caminar, escuchar el crujir del suelo, es necesario un buen chocolate.

Esquiar, el plan para caer, reír y levantarse
Turismo en Bariloche

Los niños practican esquí desde edades tempranas.

Foto:

Simón Granja / EL TIEMPO

Árboles y montañas cubiertas de nieve acompañan el recorrido hasta cerro Catedral, el centro de esquí más grande del hemisferio sur, con 120 kilómetros de pistas distribuidas en una superficie de 600 hectáreas.

Al llegar, el ambiente es de calidez a pesar del frío. Los deportistas, que son niños con sus padres, jóvenes estudiantes, profesionales del esquí y simples curiosos, caminan despreocupados entre la nieve que cubre las calles. Miles de vahos se elevan entre el aire frío. Hay bares, chocolaterías y alquileres de equipos, al igual que muchos grupos de estudiantes. Bariloche en invierno es un sitio ideal para las salidas estudiantiles.

Si usted es como yo, sea cual sea la ropa que lleve para esquiar no le va servir. Lo más recomendable es ir a alguno de los cientos de lugares de alquiler y de venta de indumentarias para ese deporte que hay en Bariloche. Se mide unas botas, unos pantalones que se pondrá sobre los que ya tiene, una buena chaqueta, guantes y gafas para la nieve. Luego, cuando ya se disponga a esquiar, deberá alquilar los esquís y sus complementos en cerro Catedral.

Unas botas duras que lo mantienen hacia el frente serán sus incómodas compañeras mientras practica este deporte. También los esquís y los bastones. Cuando ya los cargue, si no sabe esquiar, mejor contrate algún instructor. El nuestro fue Claudio Díaz, un hombre alto y fornido.

Para explicarnos cómo subir de lado nos cantaba: “Pasito a pasito, suave suavecito”, mientras todos lo seguíamos. Es necesario equilibrio y algo de coordinación, pero fundamentalmente: “Olvídense de la lógica, aquí no funciona. Solo sientan”, decía.

En los momentos de silencio cantaba: “In the middle of the night”, y lo repetía y lo repetía y solo sabía ese pedazo. “Boludooo, frená”, me gritó cuando venía descendiendo a toda velocidad después de que nos sentimos con la suficiente confianza para subir a una parte más alta. En ese instante olvidé cómo se hacía hasta que en el último momento lo logré. Sin embargo, una chica que esquiaba junto a mí lo olvidó y chocamos. Ambos caímos, pero la nieve es suave. Nos reímos, nos levantamos y volvimos a subir a la cima de la pista desde donde la nieve te desliza hacia la libertad.

Cabalgar al lado de cóndores por la estepa
Turismo en Bariloche

Los cóndores acompañan la cabalgata por la extensa estepa.

Foto:

Simón Granja / EL TIEMPO

Su cabeza se confunde con el pico nevado de las montañas que rodean el camino por el que cabalgamos. “Mostrale carácter al caball(sho)o, así te hace caso”, me dice mientras pasamos por la estepa argentina y observamos el paisaje de la precordillera andina.

La cabalgata por las extensas tierras de la estancia La Fragua, a 34 kilómetros de Bariloche, es un plan imperdible para observar vida silvestre, como cóndores (vimos unos 15), y vivir una aventura.

Los caballos son más peludos y bajos que los que usualmente vemos. Caminan entre arbustos. “Esas son huell(sha)s de puma”, dice nuestro guía. Este hombre, de unos 50 años, nos lleva hasta un lugar en el que podríamos observar ciervos. “Sí, son lindos, pero estos son una especie introducida que está acabando con los que sí son originarios de esta zona”. Sin embargo, aclara que la peor plaga son los jabalíes.

Empieza a nevar, el rostro se enfría, pero no importa, el paisaje logra calmar esa sensación. El calor del caballo también ayuda. En lo alto, varios cóndores se lanzan al vacío desde uno de los tantos peñascos que nos rodean.

Regresamos a la estancia donde nos espera una parrillada que deja sin palabras. Tomamos vino y mate al lado de la hoguera mientras un gato se acerca para que lo acariciemos. Las conversaciones fluyen al ritmo de las llamas, y las historias sobre ese lugar despiertan la imaginación. El sonido sh de la ll de los argentinos es un ‘arrusho’.

El corazón de las chocolaterías, el bar de hielo y las calles nevadas
Turismo en Bariloche

La chocolatería Mamuschka acoge a transeúntes que buscan cobijo.

Foto:

Simón Granja / EL TIEMPO

Dicen que es una ciudad, aunque tiene espíritu de pueblo. A dos horas de vuelo desde Buenos Aires se encuentra Bariloche, en la provincia de Río Negro, cerca de la frontera con Chile. Los días que nieva el encanto es mayor, sus pobladores corren por las calles tratando de escampar, los carros se cubren de nieve y las chocolaterías son aún más acogedoras.

Los dedos se empiezan a enfriar, también las orejas y los pies. La salvación es entrar a Mamuschka, una de las chocolaterías más reconocidas de la ciudad y de toda Argentina. En las vitrinas se ve una cantidad exorbitante de esos dulces que calientan el corazón. La imagen principal son muñecas matrioskas. Pareciera, además, que a las empleadas del lugar las hubieran contratado por el parecido con esas mismas muñecas. Con sonrisas y una mano extendida ofreciendo chocolate, encantan a cualquiera.

En contraste con este plan, está el Ice Bariloche, un bar de hielo. La temperatura del lugar es -4 grados centígrados. La gracia es entrar a esta especie de nevera en la que prestan capas y guantes para resistir el intenso frío.

Allí hay corazones, pingüinos, muñecos de nieve, vasos y sillas de hielo. El vaho es aún más evidente, sale tanto por la boca como por la nariz. Pedir un coctel, desde el típico fernet con Coca-Cola hasta el común mojito, es el plan. Además, se completa con una buena bailada al ritmo de un reguetón mezclado con cumbia villera para calentar el ánimo y prender la rumba.

Si viaja a Bariloche

Lleve ropa muy abrigadora, no querrá pasar frío: buenos abrigos, botas gruesas y varias medias.

Prepárese también para comer mucho. En esta región, aunque la carne sigue siendo igual de buena, hay platos típicos, como el cordero o la trucha, que no se arrepentirá comer.

Todo siempre acompañado por un buen vino, como un malbec de Fin del Mundo con un costo de 545 pesos argentinos, 92.000 pesos colombianos.

No olvide probar el tradicional mate, aunque seguro los argentinos le compartirán.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Enviado especial EL TIEMPO*
* Invitado por Inprotur

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