Así es la Capadocia, uno de los destinos más bellos y raros del mundo

Así es la Capadocia, uno de los destinos más bellos y raros del mundo

Esta región turca enamora con milenarias formaciones rocosas y con paisajes como de otro planeta.

Así es la Capadocia, uno de los lugares más bellos del mundoVisitamos esta región de Asia Menor, que enamora con sus fascinantes, extrañas y milenarias formaciones de piedra.
Así es la Capadocia, una de los destinos más bellos y raros del mundo

José Alberto Mojica / EL TIEMPO

29 de septiembre 2017 , 07:33 a.m.

Cuentan en la Capadocia que todas esas piedras que parecen hongos --puntudas, triangulares y cónicas, con una especie de corona en la punta-, fueron hadas hace millones de años. Y que esas hadas convivían en armonía con los humanos hasta que una de ellas se enamoró de un hombre. Y entonces -sigue la leyenda- la hada reina muy furiosa convirtió en paloma a la hada enamoradiza y a todas las demás, y las condenó a la eternidad dentro de las piedras. Esas mismas piedras -que hoy lucen flacas, barrigonas, de hasta cuarenta metros de altura- son conocidas desde entonces como chimeneas de hadas.

Con ese relato del guía Pertev Cingi -que repiten todos en la Capadocia- comenzamos el recorrido por uno de los lugares más hermosos y extraños del mundo. Un pedazo de Turquía -95 kilómetros cuadrados en la región de Anatolia Central, Asia Menor- que enamora a viajeros de todo el mundo con leyendas y con paisajes que parecen de otro planeta. Un paisaje cuyo origen se remonta a unos 10 millones de años tras las erupciones volcánicas y cuyos materiales -ceniza, lava, basalto- se fueron moldeando en formaciones rocosas de caprichosas figuras y en condiciones extremas: el viento, el sol, el calor, la nieve y el frío.

Un lugar fundamental para la historia del cristianismo y que ha sido testigo de distintas civilizaciones e imperios -los asirios, los hititas, los persas, los helenos, los romanos- y que hoy vive principalmente del turismo. Una región tranquila que -por fortuna- no ha sido permeada por el terrorismo y que fue proclamada Patrimonio de la Humanidad en 1985.

Partimos de Ankara, la capital de Turquía, en una cómoda aerován con diez viajeros lationamericanos. Pertev es guía de la agencia de viajes Euromarmara, especializada en excursiones para turistas hispanohablantes, que trabaja de la mano de la operadora Expansión Travel Colombia, con sede en Bogotá y especializada en Turquía y destinos vecinos.

Así es la Capadocia, una de los destinos más bellos y raros del mundo

600 metros es la altura máxima que alcanzan los globos aerostáticos que sobrevuelan la Capadocia.

Foto:

José Alberto Mojica / EL TIEMPO

El recorrido por tierra -311 kilómetros- dura cerca de cuatro horas, que se pasan volando en una carretera impecable que se ve adornada por lagos azulados y por cultivos de trigo, manzanas, almendras y albaricoque. Entre las nubes se asoman los volcanes -inactivos desde hace dos mil años- a los que se debe el surgimiento de esta maravilla del mundo.

Sin embargo, dice Pertev, también se puede llegar en avión desde Estambul o Ankara, hasta el aeropuerto de Nevsehir (el vuelo no dura más de una hora).

La primera parada es en la villa de Cavusín, donde aparecen las primeras formaciones que se revelan como ejércitos de piedra -como ciudades perdidas, como largas murallas-, con montañas de roca que inicialmente -gracias a la maleabilidad de los materiales- fueron convertidas en iglesias, monasterios y viviendas y que en épocas modernas han sido adaptadas como exclusivos hoteles boutique, restaurantes, cafés y tiendas de recuerdos. Y aparecen también las primeras chimeneas de hadas.

"Es un sueño cumplido estar aquí", dice emocionada y con ganas de llorar la argentina Laura Morana. En mi caso, también es un sueño cumplido. También estoy emocionado y tengo ganas de llorar.

Corre el mes de junio. Es verano en Turquía y el clima es perfecto: el cielo azul, completamente despejado. El calor es soportable porque sopla fresco el viento. Llega la noche y hay que dormir porque mañana, muy temprano, nos recogen en el hotel para hacer una de las excursiones imperdibles: volar en globo sobre la Capadocia.

El vuelo en globo

Hora: 4:30 a. m. Todavía está oscuro. Trasnochados pero con ilusión -apenas dormimos unas pocas horas-, estamos dispuestos para la aventura. Una camioneta nos lleva al sitio de despegue, a 10 minutos de recorrido. Cientos de globos aerostáticos empiezan a calentarse a fogonazos. A las 5:30 a. m. empezamos a abordar el globo, que tiene una capacidad máxima para 20 personas.

A las 5:45 a. m. comienza el vuelo, cuando disparan los primeros rayos del sol. Y empieza a amanecer y el globo se eleva y uno se siente volando en una alfombra mágica; y el sol se revela y el cielo se llena de globos de todos los colores; y sigue subiendo poco a poco hasta los 2.000 pies (unos 600 metros). Y esos globos de colores pintan el cielo y contrastan con el paisaje: los valles de la Capadocia con sus rocas milenarias de todas las formas: pináculos, pirámides, crestas redondeadas y otras obras grandiosas de arte de la naturaleza pintadas de blanco, de ocre, de naranja.

Todo es júbilo. Nos tomamos fotos, nos abrazamos, celebramos la dicha y el privilegio.

El recorrido dura una hora y el aterrizaje es suave. El viento ha sido generoso. Nos espera una mesa servida con copas de champaña. Brindamos y abordamos la camioneta que aguarda por nosotros. La experiencia no es barata. El vuelo cuesta entre 150 y 175 euros (por la cercanía con Europa aquí se reciben euros, aunque la moneda sea la lira turca), es decir, entre 500.000 y 620.000 pesos colombianos. Parece caro, pero vale toda la pena del mundo. Imperdonable ir a la Capadocia y no volar en globo.

Ciudades bajo tierra

De volar sobre la Capadocia, ahora vamos a recorrerla bajo tierra. En toda la región hay 36 ciudades subterráneas y vamos a visitar Özkonak, que estuvo oculta hasta 1972, cuando fue descubierta por casualidad por un lugareño. La puerta y los escalones -adaptados para los turistas- conducen a un sistema de túneles de máximo 1,50 metros de altura, así que hay que agacharse y caminar casi en cuclillas. "Todo indica que las personas de la época eran muy bajitas", dice Pertev, el guía. Y los túneles llevan a un sistema de galerías, que eran los sitios de encuentro social, con nichos a los lados para los animales, con pozos, bodegas para la comida y el vino, y ruedas de piedra que servían de puertas. Pertev cuenta que el sitio llegó a albergar hasta 10.000 personas y que solo se ha explorado en un 30 por ciento. Descendemos solo 50 metros; pero hay más camino hacia abajo, que está obstruido. Aunque los claustrofóbicos deben abstenerse, el lugar dispone una tenue iluminación y la ventilación es adecuada. Todo lo que se ve demuestra el ingenio de los habitantes de estas tierras por allá en el año 350 d.C.

Pertev aclara que la gente no vivía aquí. Había pueblos. Pero las ciudades subterráneas fueron creadas para que los pobladores, que eran cristianos, pudieran esconderse de los enemigos que llegaban -por allá en el año 350 después de Cristo- y seguían de largo porque no veían palacios ni nada parecido: solo piedras.

"Aquí la gente no tenía ejércitos y por eso las ciudades subterráneas. Capadocia era una zona aislada del total del resto del mundo, porque la gente buscaba estar cerca de Dios", sigue el buen Pertev, amable, servicial y carismático, como la mayoría de turcos. La gente aquí es muy cálida.

Iglesias rupestres y un pueblo troglodita

La próxima parada es el valle de Göreme, epicentro y alma de la Capadocia. En toda la región hay más de 3.000 iglesias y monasterios, pero aquí están los más importantes. Bien se dice que este es el centro espiritual de toda la región, y la mejor muestra son estos imponentes centros religiosos moldeados robre la roca.

Basado en la historia, Pertev, el guía, cuenta que en la Capadocia están algunos de los primeros monasterios cristianos de los que se tenga razón -construidos a partir del año 300 d.C- y que los habitantes de la época se cuentan también entre algunos de los primeros cristianos de la humanidad.

Para evangelizar a los nativos -sigue Pertev- trabajaron las rocas más grandes y en ellas empezaron a pintar los frescos que hoy pueden ver los visitantes; unos en mejor estado que otros. Hay frescos con las figuras de santos, de Cristo crucificado, de mártires y otras escenas del cristianismo. También están plasmados varios evangelios apócrifos (que no fueron aceptados por el cristianismo).

En Elmal? Kilise -conocida como la Iglesia de la Manzana- hay un fresco de la Última Cena. Contemplar estas edificaciones, por dentro y por fuera, es una experiencia para la vista y el espíritu. Imágenes para guardar en la retina y en el alma.

Partimos rumbo al pueblo troglodita de Uçhisar, que a lo lejos se ve como la postal de un pesebre, pero de piedra, y nos preguntamos cómo era la vida, hace miles de millones de años, de esas personas que vivían en las cavernas. Hay mucho más para ver y hacer en la Capadocia. Hay recorridos en bici y a caballo. De hecho, los caballos son muy importantes aquí.

Así es la Capadocia, una de los destinos más bellos y raros del mundo

Esta región de Turquía es considerada uno de los lugares más bellos del planeta. Se recorre a globo, a pie y bajo tierra.

Foto:

José Alberto Mojica / EL TIEMPO

No en vano Capadocia significa 'Tierra de bellos caballos'. Como también son importantes las palomas que, según la leyenda, fueron hadas que terminaron convertidas en esas piedras que dibujan el paisaje. Visitar la Capadocia fue un sueño cumplido. Pero uno se despide con nostalgia, con el sueño de regresar.

Si usted va...

Los colombianos no necesitan visa para ingresar a Turquía.
Turkish Airlines ofrece vuelos directos entre Bogotá y Estambul. También se puede hacer conexión desde las principales ciudades europeas.
La operadora Expansion Travel Colombia ofrece paquetes de viaje con todo incluido para visitar la Capadocia, Estambul, y otros destinos.

Teléfonos: 7037039 / 7036775



JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
@JoseaMojicaP
Subeditor sección Vida
Enviado especial de VIAJAR

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