Consejos del polaco que viajó por el mundo y se quedó en Cali por amor

Consejos del polaco que viajó por el mundo y se quedó en Cali por amor

Filip Ziólkowski tuvo que estar al borde de una tragedia para descubrir su lugar en el mundo.

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Su libro 'Despertar en el camino' fue editado originalmente en inglés. Ahora, Intermedio Editores lo publica en español.

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Filip Ziólkowski

06 de octubre 2016 , 11:47 a.m.

Es probable que si usted se cruza con Filip Ziólkowski en Cali, en uno de los sitios populares de salsa de la ciudad a los que acude los fines de semana, lo confunda con un extranjero más, de esos que vienen a comprobar las bondades de las tierras vallecaucanas por unos días. Su pinta da pistas claras de que no es colombiano. Su cabello es lacio y algo rubio, su frente pronunciada y sus mejillas permanecen coloradas, tal vez por esa sensibilidad al sol que padecen en tierras tropicales los nacidos en el Viejo Continente.

Su acento lo delata. Arrastra unas consonantes cuando intenta pronunciar expresiones locales, como ‘tronco’ o ‘tumbao’, que ya incorporó a su léxico. Y si le preguntan, habla con propiedad de la geografía nacional, de política y del fútbol local. Filip no trata de esconder su procedencia. Dice con orgullo que es polaco y que decidió quedarse en el país hace más de seis años por amor, por el amor de una bella mujer.

Se llama Juanita Peña y es de Cali. La conoció en 2009, cuando llegó a esa ciudad “por un solo fin de semana”. Para entonces, había recorrido más de 50 países en un periplo que terminó en una travesía personal y en un “despertar en el camino”. Así se titula el primero de los libros que narra sus viajes.

Filip es hoy profesor de publicidad y diseño en la Universidad Autónoma de Occidente. Su libro no es solo una guía de viajes. Es, más bien, un repaso por el tránsito espiritual que logró yendo y viniendo por las culturas de Europa, Oriente, Asia, Oceanía y Suramérica, cruzando fronteras, aprendiendo, conociendo y enamorándose.

‘No lo creía posible’
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el polaco filip ziolkowski viajo por 50 paises para encontrarse a si mismo

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Ziólkowski nació en Gdansk, la capital portuaria de Polonia, hace 40 años. Allí estudió administración de empresas, y luego se pasó a mercadeo digital. Con esa carrera llegó a Londres, donde se desempeñó en empresas y logró una estabilidad financiera. Pero, en el fondo, llevaba el peso de no haber cumplido su sueño de juventud: viajar.

Una tarde del 2006, en un pub londinense, al son de unas cervezas, decidió dejar atrás los temores y lanzarse a descubrir el planeta, algo que, confiesa, siempre pensó era para personas con dinero y afortunadas. “El amigo con el que estaba me contó que recorrió el mundo en un año, y ver que él, un borrachito inglés, pudo hacerlo, me animó. Comencé a investigar y me di cuenta de que mucha gente de Europa lo hace a modo de año sabático”.

“Por supuesto, había muchos temores –evoca–. No tenía tiempo, dinero ni a alguien que me acompañara. No sabía cómo viajar solo, cómo hacer nuevos amigos, dónde dormir, cómo relacionarme en varios idiomas. Entonces compré un mapa de Europa y puse chinchetas en la pared para imaginar cómo viajar”.

El primer destino de Filip fue por la propia Europa, en un viaje corto por Roma y Ámsterdam en el 2006. “Ahí perdí el miedo de viajar solo; ahora solo necesitaba el dinero para mi gran excursión”.

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Luego de varios meses de ahorrar disciplinadamente, en el 2007 comenzó con solo “medio año sabático”, para que no lo vieran “como un mochilero y, de cierta forma, para no perder la estabilidad. Pero cuando comencé a viajar pensé que era tan espectacular que no quería volver a la oficina en Londres. Así pasaron casi tres años de viajes”.

Su pasaporte le quedó pequeño. En ese tiempo, del 2006 al 2009, conoció más de 50 países. Y la ruta que hizo, de aeropuerto a aeropuerto, entre terminales de bus y de tren, por ríos y mares, la sabe de memoria: Italia, Países Bajos, Bosnia, Eslovenia, Montenegro, Croacia, Albania, Macedonia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Polonia, su país natal, por dos semanas; Lituania, Francia, Estonia, Rusia, China, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Filipinas, Indonesia, Singapur, Malasia, Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, India y Nepal, en el Himalaya, incluido el monte Everest.

Filip hace una pausa en medio de la evidente emoción de su conteo. Conoce más países. Toda Suramérica, pero puntualiza que su periplo por Asia fue importante. Afirma, sin dudarlo, que allí comenzó a encontrarse y que en esa región su vida cambió.

Un duro momento

Filip acepta sin tapujos que los primeros meses fueron “más de rumba y de conocer mujeres”. En realidad, perdió la cuenta de las fiestas en las que estuvo y las personas que conoció en el camino. “Pero llegan momentos en los que la vida te quiere dar mensajes y si no pones atención pasan cosas fuertes, como infidelidades, tragedias, depresiones…”.

A él ese campanazo le llegó en forma de accidente. En Tailandia celebraba las fiestas de la luna llena, uno de los festejos playeros más famosos del mundo. Filip, contagiado por el ambiente de “miles de jóvenes en situación de éxtasis que solo quieren disfrutar y gozar”, estaba envalentonado por un coctel local que mezclaba gaseosa, whisky y bebida energizante.

“Ya estaba prendido. Hicieron el juego de saltar el lazo con la cuerda prendida en llamas. Yo dije que era buen deportista y sentí mucho ego y empecé a saltar, solo que el lazo me pegó y me caí sobre la espalda”. El dolor fue inmenso y aunque quiso continuar con la fiesta no lo logró. Tuvo que ir de urgencia al médico.

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el polaco filip ziolkowski viajo por 50 paises para encontrarse a si mismo

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“Pensé que podía quedar con alguna discapacidad y me encontré en soledad por primera vez. El doctor me dijo que debía descansar un mes y yo me imaginaba sin poder caminar ese tiempo en medio de la playa, las mujeres y el fútbol, viendo a todos los demás disfrutar. Pero en ese momento conocí a un grupo de croatas muy espirituales que me recomendaron el libro Vivir en la hora”, manifiesta.

Ese libro describe –resume Filip– que los europeos siempre están planificando el futuro o preocupándose del pasado, y pocas veces viviendo el presente. “Estamos fuera de tiempo, por eso estamos tensos, no podemos disfrutar ni ser felices”, expresa.

Eso cambió el sentido de su travesía. “Me pregunté por qué me pasó ese accidente y cuál era mi propósito al estar viajando, cuál era el sentido de conocer el mundo. Brilló una luz de curiosidad en mi interior, una necesidad de descubrirme”.

Esa reflexión lo llevó a la India y a Nepal, donde aprendió conceptos básicos de budismo y se sumergió en la espiritualidad. Empero, afirma que fue en Colombia, más de dos años después, con mamos de Zipaquirá, Santa Marta, Putumayo y Leticia, que logró entender cuál era su misión en la Tierra.

Corrientazo del amor

Filip llegó a Cali después de recorrer Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. Su idea era pasar un fin de semana y comprobar la tradición salsera y bailadora de la capital del Valle, pues su destino era Sudáfrica, al año siguiente, para vivir el Mundial de Fútbol. Esa cita orbital se aplazó por amor.

La sabrosura de Colombia y la caleña Juanita Peña le robaron el corazón. En ambos casos el flechazo fue certero. Del país se enamoró de la naturaleza, de las frutas, de la música, del baile, del fútbol, de la alegría, de los abrazos, del calor humano, de la sabiduría ancestral y del disfrute del presente que, dice, saben tener los colombianos.

De Juanita le “enloqueció” su talento para cantar música afrocolombiana y lo difícil que fue conquistarla. “Mi primer fin de semana conocí a una amiga que me ofreció su hogar como hospedaje durante dos meses sin pagar nada. En ese tiempo disfruté la ciudad y conocí a Juanita, pero fue muy difícil enamorarla, nada funcionaba”.

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En 2009 llegó a Cali solo por un fin de semana, para confirmar la vocación salsera de la ciudad. Y se quedó flechado por Juanita Peña.

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Dice, en broma, que la ingeniería colombiana le permitió, por fin, acercarse a la joven caleña. “Estábamos en un sitio tomando cerveza cuando sentimos un corrientazo fuertísimo. Resulta que tocamos dos cables eléctricos que estaban debajo de la mesa. Apenas pasó el susto, me pidió que la besara”. En ese momento, asegura, prefirió apostar por el amor, escuchar su corazón y decidió que lo mejor era quedarse.

Nunca se imaginó permanecer en Colombia. Jamás se vio como profesor universitario, la docencia le parecía “el trabajo más aburrido del mundo”. Esa fue una de las lecciones que le dejaron sus viajes. “Tantos miles de kilómetros me enseñaron que mi propósito era enseñar, compartir e inspirar”.

Lo que le dejaron los viajes a Filip

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1. Hallar el propósito personal: cada persona nace por alguna razón. La clave es descubrir este propósito personal aprovechando los talentos únicos para servir a los demás. Esto nos hace sentir felices y nos deja una enorme satisfacción.

2. Saber quién soy: somos mucho más que el cuerpo físico, títulos, posiciones sociales, nacionalidad, edad, sexo, apellido o preferencias. Somos seres espirituales experimentando la vida humana.

3. Todos estamos conectados: desde las galaxias hasta los electrones vibrando alrededor de los átomos somos parte de la misma energía del universo, a la que llamamos Dios.

4. La reencarnación y la ley del karma es la única explicación lógica de las injusticias humanas: nuestra vida refleja perfectamente nuestro mundo interior: los niveles de amor, salud, abundancia, felicidad y paz son nada más que un reflejo de nosotros mismos. Para cambiar lo exterior hay que empezar desde adentro.

5. Solo existe el ahora, el pasado nunca puede ser mejor. Sobre lo que sí tenemos poder es sobre las interpretaciones que hacemos de ese pasado. Solo en presente podemos ser felices.

Para más información

https://www.facebook.com/awakeningontheroadhttps://twitter.com/filipontheroad

RONNY SUÁREZ
@RonnySuarez_, en Twitter
Redactor de EL TIEMPO

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