De Burdeos al mundo de los vinos

De Burdeos al mundo de los vinos

Recorrido por una de las zonas vinícolas más importantes del mundo: la Aquitania francesa.

Plaza de la comedia

La Plaza de la Comedia, en Burdeos (Francia).

Foto:

Adriana Garzón

17 de mayo 2018 , 03:07 p.m.

No podía ser otro el puerto de partida y llegada para esta aventura: Burdeos. Patrimonio de la Humanidad, capital de la región de Aquitania, pero, sobre todo, ciudad monumental, de calles mágicas y maravillosas, de edificaciones levantadas en piedra caliza, de catedrales y antiguas puertas de muralla; y ese apacible río Garona que pasa lento bañando su belleza.

Es justo este cauce del suroeste francés el que nos llevará por viñedos que cuentan más de 2.000 años de historia y que confiesan porqué los vinos de Burdeos están entre los más reputados del mundo. Sin duda, la variedad de suelos, de microclimas y uvas, así como la maestría de los vinicultores de esa región, han llevado esta bebida a un estadio superior.

El Amadolce, de la naviera AmaWaterways, especializada en cruceros fluviales, es un barco de cuatro pisos con capacidad para 144 pasajeros y con todas las comodidades y lujos para hacer de esta una experiencia inolvidable y enriquecedora. Por eso, durante todo el viaje expertos a bordo dictan charlas sobre lo que deparará cada puerto y, en tierra, guías de turismo especializados relatan la vida y obra de cada viñedo, castillo y población.

La ciudad del vino

La Ciudad del Vino, uno de los imperdibles de Burdeos.

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Adriana Garzón

Una ciudad inolvidable y su museo

Antes de embarcarse, Burdeos, la quinta ciudad más importante de Francia a solo 500 kilómetros de París, abre sus puertas para mostrarnos sus invaluables patrimonios y más de 347 edificios de interés histórico.

Vale la pena llegar un par de días antes para saborear cada esquina y cada calle. Nos acompaña en esta visita Julia, una joven y divertida guía de turismo, que de abrebocas nos cuenta que “Burdeos es la única ciudad de Francia en donde hay un conjunto urbano impresionante que data del siglo XVIII. Casi toda la arquitectura es de esa época, aunque su historia es más antigua, esto debido a que el rey de Francia en ese momento tomó la decisión de hacer obras y renovaciones, destruyendo incluso construcciones de la Edad Media y de la Antigüedad. Por eso quedaron pocos monumentos medievales y romanos”.

Julia nos lleva a buen paso por el gran teatro de Burdeos, joya arquitectónica de la ciudad, considerado el más importante de Francia; también vamos por la plaza de la Bolsa, de 3.000 metros cuadrados, y vemos su maravilloso espejo de agua que refleja las fachadas (el más fotografiado, sin duda); y por el río Garona, del que nos cuenta que “a su paso por la ciudad, toma forma de medialuna, lo que le da nombre al Puerto de la Luna, patrimonio mundial de la Unesco desde el 2007”. Lo bordean las casas más bellas y las plazas más impresionantes como la plaza de los Quincunces, donde comienza el centro histórico: “es la más grande de toda Europa con 12 hectáreas, y una gran fuente con el Ángel de la Libertad y estatuas del siglo XIX”.

Digna de una visita detenida es la catedral de San Andrés y sus capillas, construida en el siglo XI, reconstruida en el XII y terminada en el XVI. Hace parte del Camino de Santiago en Francia. Allí pueden subirse los 233 escalones de la torre de Pey Berland, el campanario de la catedral, para tener una de las mejores vistas de esta metrópoli.

Vale perderse en sus calles y en sus barrios que recuerdan a los primeros vinicultores, monjes, protestantes y bodegueros que en el siglo XVII fortalecieron esta industria; una zona que hoy acoge a una gran población de estudiantes que asisten a las reputadas universidades de Burdeos.

Pasear en su tranvía (1,50 euros trayecto), tomar un café y quizás ir de compras son planes que complementan este periplo. ¡Y lo que nunca puede faltar es sentarse a tomar un buen vino!

plaza Pey Berland.

Exposición de fotografía en la plaza Pey Berland.

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Adriana Garzón

Un río de anécdotas

A bordo, es hora de zarpar. Amadolce, al mando del capitán René Vanderville, nos lleva aguas adentro de la región de Aquitania. La noche es para navegar. Y al amanecer ya hemos tocado el puerto de Cadillac. Llega el momento del desembarco en esta ciudad fortificada, fundada en 1280 y que conserva su estructura medieval. Sobre las antiguas murallas de la villa se levanta un castillo clásico, construido por el duque de Épernon, quien habitó en estas tierras.

Desde este punto, y tras una hora de recorrido en bus, se llega a la población de Mazères, para visitar el Castillo de Roquetaillade, monumento histórico galo. La mente se traslada de inmediato a la Edad Media, con sus nobles caballeros y sus reyes. Tras atravesar su puente colgante nos da la bienvenida una mujer mayor, interesante y divertida, que nos lleva por maravillosos espacios muy bien conservados de este castillo construido en 1306, de planta cuadrada con seis torres y un torreón central.

“La decoración, su mobiliario y pinturas fueron creados por Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc, un destacado arquitecto, arqueólogo y escritor francés, y están listadas como patrimonio histórico”, nos cuenta la amable guía. Fue abierto al público en 1956, siendo el más visitado de la región; también es conocido por su famoso vino blanco, el Chateaufort de Roquetaillade. (Anécdota: luego de agradecer su gentil labor con una propina, ya de regreso nos enteramos de que fuimos atendidos por la vizcondesa Rosalind de Baritault Du Carpia, perteneciente a la familia dueña del castillo).

Amadolce

Amadolce es un lujoso barco con capacidad para 144 pasajeros. Su fortaleza, la gastronomía a bordo.

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Adriana Garzón

* * *

No podemos terminar esta jornada sin saborear los vinos de la región. Recorremos unos 20 kilómetros para llegar a Sauternes, en el departamento de Gironda. Desde allí empezamos a divisar extensos viñedos, que hacen parte de las 111.000 hectáreas sembradas de vides en esta zona. Lo primero es la visita a las bodegas donde nos muestran el proceso por el que atraviesa la uva o el mosto hasta convertirse en vino, en cientos de barricas de roble. Lo segundo es la esperada cata de vino, que en Sauternes es blanco y dulce, elaborado con uvas Sémillon, Sauvignon Blanc, Muscadelle y Merlot Blanc.

La noche llega con los sabores de la mesa del chef en el Amadolce y pasa a ritmo de buen vino, comida francesa, el saludo del capitán y música en vivo.

Bodega de vino en Francia

Modernas bodegas de vino con sus barriles de roble se ven a lo largo de este viaje por la región de Aquitania.

Foto:

Adriana Garzón

Los vinos más famosos

El barco enfila hacia el norte, como quien busca el Atlántico. La segunda jornada amanece en Pauillac, puerta de entrada a la región de Médoc. Es el momento de visitar bodegas tradicionales y famosas, con sus correspondientes castillos: Château Latour, Château Mouton Rothschild, Château Lafite y Château Pichon Longueville, Château Gruaud Larose y Château Léoville Poyferré.

Sus anfitriones nos cuentan cómo los vinos de Burdeos están marcados por los vientos, el clima oceánico, las tierras y su sustrato calcáreo y, cómo no, por las aguas del río Garona, que refrescan y nutren sus uvas Cavernet Sauvignon, Cavernet Franc y Merlot, entre otras.

Luego viene la maceración, la fermentación y ese magistral ensamblaje que se logra a partir de cientos de combinaciones de mosto. Esa es la cuota clave y definitiva que proviene de las manos de los maestros vinicultores que le dan vida a este vino único de Burdeos.

Nos queda claro: sus principales cualidades son calidad, elegancia, equilibrio y nobleza.

Calles de Saint-Emilion

En las calles y la arquitectura de Saint-Emilion predomina la piedra caliza extraída de sus canteras.

Foto:

Adriana Garzón

No olvide visitar

En el costado norte del río nos espera Blaye, una ciudadela del siglo XVII, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En bicicleta o a pie, la propuesta es recorrer la zona y este fuerte que jugó un papel destacado en las guerras contra los ingleses (quienes lo incendiaron en 1352) y también durante las guerras religiosas.

Bruno es nuestro guía y, durante una hora, nos muestra una pequeña parte de las 33 hectáreas de Blaye, incluso, parte de su red subterránea. “Esta maravillosa obra militar fue construida por el Marqués de Vauban, ingeniero del rey Louis XIV, entre 1686 y 1689, con el fin de proteger Burdeos”, dice.

La obra construida por dos mil obreros y soldados que trabajaron durante tres años “era para impedir que los barcos ingleses u holandeses remontaran el estuario de la Gironde”. Cuenta con una muralla de un kilómetro y medio, cuatro baluartes, tres medialunas, pasajes subterráneos y cuarteles, capilla, cárcel… Hoy hace parte de una red de fortalezas patrimonio de Unesco.

En la tarde, la visita al antiguo pueblo de Bourg. Allí, al Museo de los Carruajes, que alberga una colección de vehículos tirados por caballos. También se visitan los pasillos subterráneos que llevan a los inmensos tanques de petróleo de la Segunda Guerra Mundial.

Saint-émilion, para siempre

Es momento de tomar rumbo al sur, por un brazo del río que cambia de nombre y se llama Dordoña, para alcanzar el puerto de Libourne, puerta de entrada a una de las regiones vinícolas más selectas de Burdeos y a una de las poblaciones más inolvidables: Saint-Émilion.

Conocida por su pintoresca arquitectura, sus monumentos y sus famosos viñedos, esta ciudad de ensueño invita a caminar, subir y bajar sus angostos callejones, admirar sus antiguas casonas y escuchar su historia.

En sus calles medievales, este Patrimonio de la Humanidad recibe un millón de turistas al año. La ciudad fue bautizada por el monje bretón Émilion, un confesor viajero que se estableció en una ermita excavada en la roca. Del siglo IX al XIX, de su suelo se extrajeron bloques de piedra caliza para construir las edificaciones del pueblo, de castillos cercanos, e incluso de Burdeos. Esto dejó cerca de 200 kilómetros de galerías subterráneas, y en ellas se le dio forma a la iglesia monolítica más grande de Europa. Una obra realmente increíble que se debe recorrer con sus catacumbas y cuevas y admirar las imágenes pintadas en sus muros (la entrada vale 12 euros).

Esta región y su vecina Pomerol son de las más destacadas productoras de vino tinto. Las uvas que se cultivan allí son Merlot, Cabernet Franc, y algo de Cabernet Sauvignon y sus mejores vinos, los Grand Cru Classé, se degustan en el Château de Ferrand, el Château de Pressac o el Château Soutard. ¡Qué placer!

La travesía va llegando a su fin en Libourne, la ‘hermana pequeña de Burdeos’, cuya belleza y riqueza no son pocas. Este puerto fundado en 1270, está en la confluencia de los ríos Doroña y el Isla. De su pasado conserva un interesante patrimonio de muelles, la torre del Gran Puerto y la plaza porticada Abel Surchamp, grande y muy activa, rodeada de antiguas fachadas, entre las que destaca la del Ayuntamiento (siglo XV) y el museo de Bellas Artes. Los martes, viernes y domingos por la mañana, en la plaza se abre el mercado de frutas y verduras que le da colorido y movimiento.

En la noche, Amadolce da media vuelta. Y vuelve a buscar su punto de partida para descansar dos noches a orillas de Burdeos… Qué mejor cierre para una travesía de ensueño. Dos días y dos noches para disfrutar la ‘Pequeña París’.

El castillo de Montaigne
El castillo de Montaigne

El castillo de Montaigne.

Foto:

Adriana Garzón.

Muy cerca de Saint-Émilion, está el pueblo de Saint-Michel-de-Montaigne, perteneciente al departamento de la Dordoña. Allí, como la gran joya de la corona, está el castillo fortificado que fue la residencia de la familia del filósofo renacentista Michel de Montaigne. Construido en el siglo XIV, hoy es monumento histórico.

Imaginar cómo transcurrió la vida de este gran pensador en ese mágico lugar es parte del recorrido que lleva por su habitación, su oficina, la torre de la Biblioteca y los aposentos del resto de la familia. Fue allí donde escribió sus Ensayos, una de las obras más importantes del humanismo, que marcaron para siempre la literatura universal.

Este castillo lo adquirió el bisabuelo de Montaigne, así como el título hereditario de ‘señor de Montaigne’. Allí vivió Michel con su familia. Allí también aprendió latín desde los 7 años. En su juventud se fue a estudiar a Burdeos y después regresó.

El monumento fue distinguido con la etiqueta Maisons des illustres, creada en 2011 “para señalar al público los lugares cuya vocación es conservar las colecciones relacionadas con personalidades y darles una mejor visibilidad”.
*Invitación de Deluxe Reps y AmaWaterways.

No olvide...

En Burdeos está la Ciudad del Vino, un museo moderno e interactivo dedicado a esta bebida. Por eso, la recomendación es que dedique mínimo medio día a este lugar que le dará las bases y conocimientos para sacarle más provecho al recorrido del crucero.

Sorprende desde afuera con su moderna arquitectura y su forma de vid que se refleja en las aguas del Garona. Este edificio fue inaugurado en el 2016 y en su interior (14.000 metros cuadrados) lleva a los visitantes a descubrir la historia y el mundo de los vinos a través de sus cinco sentidos. Talleres de cata, exposiciones temporales, una tienda con vinos del mundo, un bar, un mirador y un restaurante panorámico completan la visita (entrada: 20 euros).

Si usted va

La mejor forma de viajar de París a Burdeos o viceversa es, sin duda, el tren (y si quiere una tarifa económica busque el Ouigo, que le ofrecerá un trayecto por 10 euros si reserva con dos meses de anticipación. Muy cómodo y puntual).

Dónde alojarse: en Burdeos hay pequeños hoteles boutique o los grandes de cadena. Prefiera los que estén ubicados en el centro de la ciudad. Su sistema de transporte (bus y tranvía) es muy funcional. El servicio de taxi es costoso y hay zonas y horas en donde no es fácil conseguir uno.

A la hora de comer: existen más de mil restaurantes para todos los bolsillos y gustos. Pase por L’Entrecote, siempre será un placer degustar un buen corte de carne en el término perfecto con papás a la francesa y, obviamente, una botella de vino. A la hora del postre, la pastelería Opera es una buena opción. No olvide probar los canelés (bizcochos de huevo y harina típicos de Burdeos).

Planes recomendados

AmaWaterways celebra 15 años de navegación fluvial, tiene 20 barcos con itinerarios en los ríos Danubio, Rin, Mosela, Meno, Ródano y Sena, entre otros. Cuenta con 20 barcos, de los cuales los últimos cuatro tienen ascensor a todas las cubiertas, cabinas conectadas, para familias y doble balcón.
Crucero Sabores de Burdeos - Amadolce
Salida: 21 de junio, 5 de julio
Ruta: Burdeos, Cadillac, Pauillac, Blaye, Bourg, Libourne, Burdeos
Duración: 7 Noches
Precios: en categoría D, desde USD 3.118 

Salida con toque latino - Amalea
25 de noviembre
Destino: Mercados de Navidad
Ruta: Nuremberg, Ratisbona, Passau, Melk, Viena, Budapest
Duración: 7 Noches
Precios: en categoría D, USD 3.198

Informes: Deluxe Reps, teléfonos: 691 7655 y 320 489 8910.
www.crucerosdeluxereps.com

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