Un recorrido por el mágico sur de Francia

Un recorrido por el mágico sur de Francia

Una ruta de cinco días por varias regiones, patrimonios de la humanidad y pueblos medievales.

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27 de diciembre 2016 , 05:56 p.m.

Es hora de salir de París a buscar la esencia francesa. Y para eso no hay nada mejor que las tierras del sur, la región Midi-Pyrénées, que guarda todo el encanto de las planicies verdes, pequeñas montañas, pueblos que cuentan historias del medievo y ciudades que sorprenden.

La propuesta es tomar un vuelo hasta Toulouse, capital del departamento del Alto Garona, y desde allí recorrer por tierra en cinco días 601 kilómetros hasta Montpellier. La carretera, sobra decir que en perfecto estado, atraviesa campiñas, villas, poblados, bosques, planicies y puntos claves de la ruta de peregrinaje de Santiago de Compostela.

Toulouse, de la tradición a la innovación

Toulouse es una ciudad que habla mucho del pasado pero que piensa todo el tiempo en el futuro. Es la cuarta en importancia de Francia, después de París, Marsella y Lyon, y hoy acoge a los más innovadores desarrolladores de nuevas tecnologías y se ufana de ser la sede de importantes empresas de la industria aeroespacial como Airbus.

Lo ideal es conocerla desde su corazón antiguo, patrimonio de la humanidad. El punto de partida es la plaza del Capitolio, edificio construido en el siglo XVI. Desde allí, el plan es perderse por sus angostas callejuelas y recovecos para buscar la Basílica de Saint Sernin, construcción románica del siglo XI, considerada la más grande del mundo occidental, esencial en la ruta de Santiago de Compostela.

Dentro de su patrimonio arquitectónico no se debe dejar de visitar el Convento de los Jacobinos, la Catedral de St-Étienne (San Esteban) con su mezcla de estilos y materiales, la Basílica de la Dorada de Toulouse, en la que destaca su Virgen Negra, el Convento-museo de los Agustinos y la Capilla-hospital de la Grave.

No se puede ir de esta ciudad sin internarse en los canales de Midi, Patrimonio de la Humanidad (vía navegable que une al río Garona con el mar Mediterráneo). ¿Qué tal un paseo en ferry, mientras almuerza o cena con un delicioso vino? Y no olvide caminar por las orillas del Garona, que atraviesa la ciudad y le da buena vida.

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Entrada del capitolio de Toulouse, ubicado en uno de los márgenes de la plaza central.

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La bicicleta es otra excelente opción para recorrer esta metrópoli, se puede alquilar por horas o por día, o las dos líneas de metro y el tranvía que va hasta el aeropuerto.

Más allá de las huellas de su pasado, en Toulouse la primera actividad económica es la industria aeronáutica y del espacio. De hecho, allí está la fábrica de aviones de Airbus, e importantes empresas de tecnología. El segundo renglón lo ocupan el sector de la salud y las investigaciones médicas. Además es una ciudad universitaria (la tercera de Francia), y gracias a eso, entre un millón de habitantes,cuenta con 100 mil estudiantes que le dan mucho movimiento y vida a la antigua ciudad romana y medieval.

Su gastronomía ofrece desde restaurantes con estrellas en los que se puede saborear un buen pato armagnac (cazuela de barro en la que se cocina pato con judías blancas), hasta los mercados cubiertos o al aire libre como el de Víctor Hugo, con su ambiente muy local.

Toulouse vive una interesante efervescencia cultural. Siempre tiene en sus planes festivales, celebraciones y una copiosa agenda de eventos culturales. Natalia Jorquera, una amable chilena que nos guió por sus calles, asegura que “esta ciudad se ufana de su ambiente latino, de sus carnavales y batucadas, y de su Tango Postal, noches de salsa y tango…” Y es que Toulouse reclama ser la cuna de Carlos Gardel.

Rumbo a Tarn y Sorèze
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Paseo por el Canal de Midi.

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Cumplida la misión en Toulouse, la ruta va rumbo a Sorèze. En un poco más de una hora se llega a un pueblo en el que imperan la calma y la tranquilidad en medio de la campiña francesa. Allí hay dos visitas infaltables: la Real Escuela, un viaje al prestigioso pasado de la escuela de Abbaye. En el camino de Santiago de Compostela (Camino de Arles), esta antigua abadía se convirtió en escuela militar real. Hoy el conjunto arquitectónico es monumento histórico. Lo integran la Cour des Rouges, el claustro, la sala de los bustos y el parque.

A pocos pasos está el museo que abrieron el año pasado en honor al monje Dom Robert, artista de los tapices y quien dejó un impresionante legado de su producción a esta región. El trabajo del monje benedictino, que murió en 1997, es todo un homenaje a la naturaleza.

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Así se ven las apacibles calles de Sorezé.

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El camino sigue rumbo a Les Cammazes, un pueblo de la Montaña Negra, en el suroeste de la región de Tarn. Es una escapada con todo el sabor rural. En este punto vale la pena cruzar el Canal de la montaña, alimentado por el estanque de agua de Saint-Ferréol y el Canal de Midi. Fue construido en 1666 y pasa por debajo de la Bóveda Vauban –construida en 1686–, un largo túnel de 122 metros, el reto es atravesarlo caminando. Patrimonio mundial de la Unesco.

Allí está el sitio ideal para un buen almuerzo francés en Le Salon de Vauban con un suculento menú de comida orgánica, sin gluten, sin azúcar, sin lactosa… y con muy buenos vinos.

La inolvidable Albi

Los siguientes 66 kilómetros (aproximadamente 1 hora en carro) llevan a una de las ciudades más hermosas de esta ruta, y sin temor a equivocarme, una de las más bellas del mundo. Albi, declarada Gran Sitio de la zona de Midi-Pyrénées, es una ciudad episcopal Patrimonio de la Humanidad. Su enorme riqueza la hace merecedora a múltiples apelativos: Crisol de ladrillo, Fortaleza de la fe, Ciudad italiana.

Es un placer perderse entre sus calles viejas para ir en busca de su famosa trilogía: la catedral de Santa Cecilia, el Palacio Berbie (que alberga el museo Toulouse-Lautrec) y el Puente Viejo.

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Albi, declarada Gran Sitio de la zona de Midi-Pyrénées, es una ciudad episcopal Patrimonio de la Humanidad

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Sus casas de madera, pasajes estrechos, calles adoquinadas y edificios medievales transportan a un pasado próspero y vibrante en su vida cultural. Sobra la brújula, mejor ir sin norte y sin prisa y dejarse tragar por sus callecitas pues todas esconden un tesoro: el hotel Reynes con su extraordinaria galería, construido por un comerciante en 1530, el claustro de Saint-Salvy (siglo XIII), con su césped triangular y sus columnas.

Una de las escenas más inolvidables para cualquier viajero es ver la puesta del sol desde el Puente Viejo (uno de los más antiguos de Francia). Ver como se despide el sol mientras proyecta la sombra del enorme campanario de la catedral en las aguas del río Tarn.

Conques, la joya del arte románico

Nos esperan 1 hora 40 minutos en carro, 106 kilómetros, para alcanzar uno de los principales monumentos del patrimonio arquitectónico y cultural que se alinean en la ruta a Santiago de Compostela. Conques, una antigua comuna francesa de la región de Occitania, departamento de Aveyron.

Es uno de los puntos de peregrinación más importantes de Francia gracias a que allí se encuentra la Abadía de Sainte-Foy, una de las primeras mártires cristianas, cuyas reliquias fueron entregadas a los monjes de este lugar en el siglo XI.

Hacen parte de sus tesoros el Tímpano del juicio final y los capiteles figurados, las vidrieras de Pierre Soulages, los relicarios de oro o plata adornados con esmaltes, camafeos antiguos, entalles y piedras preciosas, todos artesanía medieval.

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Abadía de Sainte-Foy, uno de los puntos de peregrinación más importantes de Francia.

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Toda esta riqueza se sitúa en torno al monasterio rodeado de montañas y ríos y que está catalogado como uno de los pueblos más bellos de Francia. Desde entonces es parada dentro del Camino francés de Santiago.

Rodez y su museo Soulages

Muy cerca, a solo 50 minutos en carro, está la ciudad de Rodez. Allí los pasos se dirigen rápidamente a la catedral gótica y su magnífico campanario y desde allí se despliegan todas las calles que llevan por su centro histórico.

En medio del pasado, a escasos metros de la ciudad antigua, un edificio moderno llama la atención y se roba (con razón) un par de horas del viajero. Se trata del Museo Soulages, que le hace honor a un hijo de Rodez: Pierre Soulages, pintor contemporáneo de reputación internacional, nacido en 1919.Allí se encuentran sus más importantes obras y exposiciones temporales de alcance nacional e internacional.

Millau, en un guante
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Ciudad de Rodez, lugar donde se encuentra el Museo de Soulages y la catedral gótica.

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La siguiente parada, a 66 kilómetros (una hora en carro), es Millau, en el departamento de Aveyron. Allí arrancamos con una curiosa visita. Esta ciudad acoge talleres que fabrican guantes para las marcas de moda con más renombre del mundo. En ellos es posible ver paso a paso cómo elaboran estas delicadas prendas, que luego engalanan las vitrinas de las tiendas de Millau.

Desde hace más de 11 siglos los confeccionan en cuero y totalmente artesanales. Causse es el fabricante más antiguo de la zona, aún activo. En su tienda se ven clásicos y nuevas colecciones que hacen con mucho celo para los grandes diseñadores del mundo.

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Millau, ubicado en el departamento de Aveyron.

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La visita continúa por el casco antiguo, su torre medieval, el palacio de los reyes de Aragón y la iglesia de Notre Dame de l’Espinasse y su impresionante fresco, que relaciona la vida de la Virgen María, la Casa del pueblo, el lugar de reunión para las discusiones sociales.

Visita al viaducto

No se puede ir de Millau sin darle una mirada al viaducto, una de las obras arquitectónicas más impresionantes del mundo. La estructura alcanza una altura de 343 metros sobre el río Tarn y una longitud de 2.460 metros entre el Causse du Larzac y el Causse Rouge; tiene siete pilares de hormigón y el tablero posee una anchura de 32 metros. Duplica la altura del que era el puente más alto del mundo, en Austria, y es el puente de carretera más alto.

Un salto en el tiempo
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La estructura duplica la altura del que era el puente más alto del mundo, en Australia.

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Magia y misterio se esconden en La Couvertoirade, un pueblo medieval situado en el corazón de la Causse du Larzac (Aveyron). Es un viaje al pasado, al siglo XV, casi hasta los límites de la imaginación. Casas y murallas construidas en piedra surgen en medio de las verdes colinas de esta zona. Sorprende a golpe de vista lo bien conservada que se encuentra esta comuna escondida tras una muralla y un enorme portón que cierra la fortaleza. Callejuelas, pasadizos, casonas y escaleras intrigan y parecen más un escenario de películas del medioevo.

Finalmente, este pueblo fue construido por los caballeros templarios, una de las más poderosas órdenes militares cristianas de la Edad Media.

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Couvertoirade, pueblo medieval situado en el corazón de la Causse Du Larzac (Aveyron).

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Pero el pueblo está vivo. Tan pronto abre sus puertas la tienda de artesanía, no hay que perder la oportunidad de internarse para descubrir las entrañas de este patrimonio construido por los Templarios y Hospitalarios. Sus tierras hoy son el paraíso de las ovejas que dan la leche para elaborar queso Roquefort.

La Couvertoirade está lleno de tesoros del siglo XII: castillo templarios, el horno del siglo 14, las murallas, el agujero de agua Lavogne y un laberinto de calles llenas de pequeñas tiendas y casas típicas de Causse.

Montpellier, un buen punto final

Se recorren los últimos 76 kilómetros, para alcanzar el mejor sitio para terminar esta ruta: Montpellier, sobre el Mediterráneo. Es también una ciudad con muchas caras. Amerita dedicarle dos o más días, pues es imposible recorrerla, conocerla y disfrutarla en menos tiempo. Fue fundada en el siglo VIII y solo hasta el siglo X adquirió cierta importancia como centro comercial para los condes de Tolosa, gracias que está cruzada por dos ríos: el Lez al este, y el Mosson, al oeste. Durante el siglo XIX, la ciudad se desarrolló industrialmente convirtiéndose en un importante centro de la región. Hoy tiene 106 edificios que son monumentos históricos.

Catedral Santa Cecilia
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Le Nuage de Starck Port Marianne Montpellier (edificio dedicado al cuidado físico, la salud y el bienestar).

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Única, construida en el siglo XIII, ofrece un contraste entre el estilo defensivo exterior y la riqueza interior de su decoración, rica y refinada, que incluye pinturas murales del siglo XVI, el encaje de piedras que guarda las pinturas del último día del juicio.

Junto a la catedral está el antiguo Palacio Episcopal, construido también en el siglo XIII, antigua fortaleza y sitio de trabajo artístico de Henri de Toulouse-Lautrec.

El Museo Toulouse-Lautrec

Desde 1922, obras, pinturas, litografías, dibujos y todos los carteles que produjo la imaginación de Henri de Toulouse-Lautrec se han mantenido y se muestran en el Museo de Albi. Esta excepcional colección está en exhibición en el Palacio de la Berbie, una poderosa fortaleza construida en el siglo XIII, que de este modo se ha convertido en el museo más grande del mundo para mostrar las obras de Toulouse-Lautrec, que nació en la ciudad en 1864.

Esta colección, que contiene las obras más famosas del pintor, fue entregada al museo por los familiares del artista, el conde y la condesa de Toulouse-Lautrec, asesorados por Maurice Joyant, amigo de Henri.

Si usted va…
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Los turistas también pueden alojarse en el Hotel Mercure, ubicado en Albi.

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Air France: tiene una frecuencia diaria de lunes a domingo en su ruta Bogotá - París y allí conecta con destinos de los cinco continentes. Además, se puede hacer una parada de más de 24 horas sin costo adicional, ya sea a la ida, al regreso o en ambos sentidos, cuando tenga que hacer escala en París. Tiene combinabilidad tarifaria con la aerolínea holandesa KLM, lo que permite hacer un tramo del viaje con Air France y otro con KLM o regresar a Colombia en un vuelo de KLM y hacer una parada de más de un día en Ámsterdam, así podrá visitar tres destinos por el precio de uno.

Dónde dormir. Hotel Mercure, para comer y alojarse en Albi. Es un encantador albergue ubicado en un edificio que es monumento histórico y que posee una de las vistas más bellas al río Tarn y a la ciudad. Este lugar alojó los Moulins Albigeois, antiguos molinos construidos en el siglo X, y fue sede de Pastas del sol, una fábrica de pastas y fideos hasta 1972. Allí se idearon los famosos fideos en formas de letras.

Gran Hotel de la Ópera. Es un clásico ubicado en un antiguo convento al lado de la ópera de Toulouse. El hotel del Gran Balcón, también en Toulouse, alojó al escritor y aviador francés Antoine de Saint Exupery, y conserva con especial aprecio la habitación en la que se alojaba, con el mobiliario de esa época.

También puede escoger entre decenas de hoteles con encanto en la parte antigua de Toulouse. O nuevos y más modernos como el Crowne Plaza y el Pullman, en el centro.

ADRIANA GARZÓN CÁRDENAS
Enviada especial de VIAJAR
@adricarrusel

*Invitación de Atout France y Air France.

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