La tendencia de llevarse el entrenador personal a todas partes

La tendencia de llevarse el entrenador personal a todas partes

Parece una excentricidad, pero cada vez hay más gente que se los lleva a sus vacaciones y viajes.

Entrenadores personales

Silvina Garibotto y su pareja, Sebastián Cirrincione, siguen las pautas de Leo Malgor.

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Mauro V. Rizzi / La Nación - GDA

04 de junio 2017 , 12:00 a.m.

“¿Vamos a Nueva York? Yo te invito”, soltó, casi sin preaviso, mientras se secaba el sudor de su frente. La propuesta, que agarró a Víctor Rodríguez de sorpresa, no salió de su pareja ni de uno de sus amigos más cercanos, sino de uno de los tantos alumnos que este profesor de educación física y experimentado andinista entrena en la zona Palermo, en Buenos Aires.

La invitación, claro, no era de carácter turístico. La idea era que Rodríguez acompañara a Myller Maccari, su alumno, a correr la famosa maratón de esa ciudad, una de las preferidas de los ‘runners’ dentro del exigente calendario anual de carreras de 42 K.

Rodríguez no solo fue a Nueva York; también estuvo en Chicago y este año tiene confirmado el próximo destino: la capital de Alemania. “Ya estamos inscritos. Para Myller, Berlín es especial. Ya estuvo allá y tuvo que abandonar la carrera porque se lastimó. Le quedó un sabor amargo y ahora va por la revancha”, cuenta Rodríguez, director de VTR Entrenamiento. Él es uno de los tantos entrenadores personales que viajan por distintas ciudades del mundo con sus alumnos para entrenarlos y prepararlos física y psicológicamente para un evento tan exigente como una maratón a miles de kilómetros de casa.

La tendencia no solo está presente en el ‘running’ –sector que ha explotado en los últimos años–, sino que también se extiende a todo el mundo del ‘fitness’. Pero además, en vacaciones alcanza uno de sus momentos de mayor demanda, pues cada vez es más frecuente llevarse al entrenador personal a la playa o al lugar de descanso elegido para no interrumpir la puesta a punto física ni siquiera en tiempo de descanso.

Ya no llama la atención en los gimnasios de las torres más exclusivas de la costa argentina y uruguaya ver a la gente ejercitándose junto con su entrenador personal. “Muchos los traen desde Buenos Aires porque quieren entrenar con su profesor de siempre y otros los contratan acá”, afirma uno de los encargados de un gimnasio en un exclusivo edificio de Punta del Este.

Me llaman para que los entrene porque saben que en enero se destruye lo que construiste durante todo el año

Uno de ellos es Daniel Tangona, un entrenador personal muy apetecido por empresarios y gente de la farándula, y quien desde hace 25 años se instala en el balneario uruguayo desde fines de diciembre y se reparte entre sus alumnos personales de Buenos Aires y los huéspedes que llegan al Conrad Resort, donde da clases durante todo enero.

“Todos mis clientes –dice– vienen acá y tengo que estar disponible para ellos. Me llaman para que los entrene porque saben que en enero se destruye lo que construiste durante todo el año. Por supuesto que ellos pueden hacer la rutina solos porque la saben de memoria, pero se motivan más cuando están con su entrenador. La mayoría te necesita a su lado”.

“Para estos ejecutivos, que son presidentes de empresas y viven subidos a un avión, entrenar es su momento de tranquilidad e introspección –sostiene Tangona, autor de ‘Las excusas engordan’–. Yo los escucho, los aconsejo. Con muchos se genera una relación de confianza. Y ellos saben que para mí el entrenamiento va mucho más allá de sacar musculito. Lo mío es una propuesta holística, integral y con el foco puesto en la salud”.

El verano es una época propicia para cometer todo tipo de excesos: “Vas a comer mucho afuera, tienes eventos, te acuestas a cualquier hora, duermes mal... Se hacen un montón de desarreglos y yo estoy ahí para ordenarlos y motivarlos. El 70 por ciento de la población es sedentaria, no tiene el hábito de entrenar y menos aún en vacaciones. Pero si un mes no hiciste nada, empiezas el año con la energía baja. Y gente como Gonzalo Vila, el CEO de Dunlop, no puede darse ese lujo”, dice sin concesiones el entrenador personal.

Para Silvina Garibotto (41 años), una profesora de Educación Física que entrena junto con su pareja, Sebastián Cirrincione, un empresario de 40, se trata de eso, de no perder en solo 30 días todo lo logrado en un año. “No es lo mismo correr solo que con alguien que te está exigiendo. Que te alterna velocidad, fuerza o fondo según se requiera”. Y para una pareja como esta, que participa en carreras todo el año, este no es un tema menor.

Richard Biurrum, director de Smart Moves Entrenamiento Funcional, anota que existen dos grupos para los cuales es imprescindible este acompañamiento. El primero, el de “los que no tienen una gran fuerza de voluntad y terminan dependiendo del profesor para entrenar”. Y el segundo, el de los que no tienen problema de entrenar solos, pero se dan cuenta de la diferencia entre entrenar por su cuenta y hacerlo con alguien que sabe y te conoce. Y sobre esto último anota: “Siempre pongo el mismo ejemplo: es como aprender a tocar la guitarra solo o con un profesor al lado”. “Y lo cierto –añade– es que un 70 por ciento necesita del estímulo del profesor para lograr la regularidad”.

Por supuesto, anota Pablo Hernán Ainetta, director de Neotraining, también están los que “se quieren mostrar”. Los que solo llevan a un entrenador personal por una cuestión de estatus social; aunque “también están los que te llevan por compañía: muchos no tienen con quién irse de vacaciones, y si hay buena, onda te proponen que los entrenes”, asegura Ainetta, que ya ha viajado a Punta del Este y a Brasil.

Pero más allá de las vacaciones, muchos empresarios y ejecutivos suben a sus entrenadores personales al avión que los llevará a alguna reunión de trabajo fuera del país. Para el arquitecto Horacio Ludigliani, dueño de una constructora con desarrollos inmobiliarios en Argentina, Uruguay y Miami, llevar a Tangona en sus viajes de trabajo se ha vuelto una necesidad: “Cuando viajo lo llevo conmigo. Tengo 52 años, hace 6 que me entrena y soy un convencido de que para triunfar en los negocios tienes que estar sano –plantea–. Es fundamental que los ejecutivos hagan actividad física, porque te despeja el cerebro. Además, con él hablo de todo, es un compañero”, dice Ludigliani, que hace ‘kitesurf’, juega al golf y también pilotea aviones.

“Si te llevan y te suben a su avión, es porque tienes un valor agregado”, comenta por su parte Tangona, que asegura que realizar ejercicio físico antes de una conferencia o una reunión laboral baja el estrés y suma claridad mental. “Los circuitos se activan. Se oxigenan y uno tiene una mejor respuesta. Si a eso le sumas que además les ordeno las comidas y procuro que descansen bien, la ecuación se cierra”, dice el entrenador personal.

Víctor Rodríguez se ve a sí mismo como un facilitador de los anhelos de sus alumnos-clientes. “En cada maratón nos ponemos una meta: en Nueva York era bajar la marca de las cinco horas, algo que mi alumno no había logrado nunca. Y la hizo en 4:32. Y ahora, en Berlín, la idea es que pueda seguir bajando los tiempos. Para él, yo soy un facilitador, lo voy llevando porque corro la carrera a la par de él. Le voy marcando el ritmo, se distiende y le saco la presión para que pueda disfrutar la carrera”.

“Muchas veces la ansiedad te lleva a cometer errores y te hace ir a un ritmo más fuerte. Cuando pasa eso le agarro el hombro y le digo: ‘Tranquilo, que te vas a quedar sin piernas’. Puedo hacer eso porque lo conozco, sé qué puede y qué no puede dar”, sostiene Rodríguez, quien añade que a partir de la moda del ‘running’, cada vez son más los alumnos que deciden viajar con su profesor y que ya se ha consolidado la modalidad de que se junten 3 o 4 alumnos y paguen entre todos el viaje de su entrenador.

Para Myller Maccari, empresario de la industria láctea que llevó a Víctor Rodríguez a correr con él las maratones más famosas del mundo, la cosa es clara: “Durante la carrera soportas dolores, cansancio, desánimo… por eso cuando cruzas la meta no hay nada mejor que compartirlo con quien te preparó. Es como decirle: ‘Gracias por entrenarme’. Sin duda lo más lindo es ese abrazo del final”.

LAURA REINA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
* Con la colaboración de Darío Palavecino

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