¿Te inhabilito? / Opinión

¿Te inhabilito? / Opinión

Cuando inhabilitamos, les estamos asegurando a nuestras ‘víctimas’ que no confiamos en ellos.

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27 de junio 2017 , 05:15 p.m.

“Tengo que llegar a casa a hacer tareas con los niños”. “Tengo que organizarle la ropa de mi esposo para que se vea presentable”. “Tengo que llevar el carro al taller, pues mi señora no sabe de eso”. “Tengo que hacerles todo a mis hermanos porque ellos no son tan buenos hijos como yo”. “No puedo ni leer una revista en paz, porque tengo que estar encima de todo en la casa”.

¿Estas frases le suenan familiares? Todos tenemos responsabilidades, de eso no hay duda. Pero ¿cuántos de nosotros inhabilitamos a nuestros seres queridos? ¿Cuántos de nosotros vamos por la vida imponiéndonos una cantidad de obligaciones que, aunque parezcan de lo más altruistas del mundo, generan una cantidad de efectos nocivos para nosotros y para esas personas a quienes queremos ‘ayudar’?

Cuando les hacemos las tareas a nuestros hijos, cuando les entregamos todo en bandeja a nuestros adolescentes o cuando les quitamos todas las responsabilidades a nuestras parejas, no les estamos haciendo el bien que tanto quisiéramos o aparentamos.

Una cosa es ayudar y otra muy diferente es inhabilitar. Inhabilitar es cuando hacemos por los otros lo que ellos podrían hacer por sí mismos. Claro, tal vez no lo harán tan bien como nosotros (o eso es lo que creemos), pero sí lo harán a su propia manera.

Cuando inhabilitamos, en forma implícita les estamos asegurando a nuestras ‘víctimas’ que no confiamos en ellos, que no los creemos capaces de lograr las tareas por sí solos y que básicamente jamás nos darán la talla.

Mientras les decimos a nuestros hijos, a nuestras parejas, inclusive a nuestros papás mayores que confiamos en ellos y que deben fomentar su autoestima y estar listos para enfrentar los retos, con nuestros actos les enviamos un mensaje contrario.

Considero que muchos entramos en los terrenos de este error como una excusa para no afrontar situaciones que tal vez están sucediendo en nuestras propias vidas. Si yo no me meto en la vida de los demás, eso me daría tiempo para ocuparme de la mía.

¿Cuántos usamos a nuestros hijos, parejas o familia como pretexto para no cumplir nuestros sueños o realizar las cosas que son importantes para nosotros? ¿Cuántos no ocultamos nuestros verdaderos miedos, nuestra necesidad de controlar e incluso un sentimiento de culpa en nombre del amor y de los deseos de ayudar? Tal vez esta es la razón por la cual muchos padres se ‘mueren’ si los hijos se van de la casa después de 37 años y dos maestrías. O que un buen número de mujeres se sientan frustradas y estancadas en su vida laboral e incluso con su existencia en general. Es por eso que tantas parejas sienten que sus relaciones son un lastre que las hunde, en lugar de un trampolín que las impulsa.

No quitemos responsabilidades sin antes medir las consecuencias y no entremos a rescatar cuando el que tal vez necesita rescate es uno mismo.

Alexandra Pumarejo
@detuladoconalex

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