Solo para los de pene corto / Sexo con Esther

Solo para los de pene corto / Sexo con Esther

En la cama, el tamaño del pene no importa. Lo que vale es sacarle el jugo a cada milímetro.

Sexo con Esther

Algunas posturas permiten una mejor penetración a todos aquellos que resultaron desfavorecidos con su 'dotación'.

Foto:

123RF

27 de enero 2018 , 10:50 p.m.

Lo he dicho hasta el cansancio y lo sostengo, sin ningún miramiento: en la cama, el tamaño del pene no importa. Lo que vale es sacarle el jugo a cada milímetro a partir de unas ganas dispuestas a poner en práctica la mejor técnica.

Digo esto porque algunos señores –y también no pocas mujeres– se intimidan ante los parámetros que se imponen, de manera absurda, desde el falso conocimiento y desde la estética de las películas porno, a tal punto que muchos prefieren jubilar prematuramente su planta baja antes de exponerse a algún comentario salido de tono.

En este espacio nunca he ocultado los estudios que demuestran que el tamaño promedio de las astas masculinas se acerca más al del tímido pene cortico que a los exóticos instrumentos que adoban el material comercial que tiene al catre como protagonista.

Y digo esto con la intención de eliminar, de una vez por todas, el manido mito de que los orgasmos dependen de los centímetros y no del potencial de disfrute que tienen todos los varones independientemente de las longitudes que tanto les preocupan.

Ahora, sin ánimo de contradecirme, echo mano de algunas posturas que permiten una mejor penetración a todos aquellos que, de veras, resultaron desfavorecidos con la dotación. Sin desconocer que en caso de que alguno se aferre a la idea –y no a la realidad– de que también lo tiene cortico, puede ponerlas en práctica sin ninguna dificultad.

Empiezo por la ‘vaquerita al revés’: aquella en que el hombre se acuesta bocarriba, mientras ella, de espaldas, se sienta sobre él, para llevar el control, regular los movimientos y promover mayor contacto. Sigo con la ‘pierna arriba’, que como su nombre lo dice, consiste en que la mujer acostada bocarriba levanta una zona de sus piernas para apoyarla sobre el hombro masculino. Un poco más compleja es una posición conocida como ‘el loto’, en la que la mujer bocarriba dobla sus piernas –para favorecer una penetración– y él se apoya en los antebrazos de tal forma que ella regula el movimiento y la calidad de la penetración.

Y termino con ‘el bandolero’,
una postura en la que la mujer acostada bocarriba encoge las rodillas y el hombre sujeta las piernas con las dos manos mientras las pone sobre su pecho, con lo que se logra un acercamiento que, según dicen, estimula gratamente, sin pensar en los tamaños, donde se debe.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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