Conozca los síntomas del síndrome del edificio enfermo

Conozca los síntomas del síndrome del edificio enfermo

Muchas enfermedades se originan en espacios laborales herméticos y poco saludables.

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Conde es enfático en señalar que garantizar buenas condiciones de trabajo para los empleados no solo repercute en su estado directo de salud, sino en una mayor productividad.

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14 de febrero 2017 , 06:18 p.m.

Si alguna vez tuvo irritación en los ojos, nariz y garganta, dolor de cabeza o problemas respiratorios por los que visitó a un médico y le dijeron que no eran provocados por una virosis común, de esas que se sufren cada tanto, es posible que haya sido víctima del síndrome del edificio enfermo (SEE).

Plantear esa duda le servirá, por lo menos, para reflexionar sobre si el sitio donde trabaja o vive tiene las condiciones adecuadas de ventilación, iluminación y sonoridad, entre otras características. Y también para conocer este síndrome, que describe el efecto que las estructuras herméticas y de alto impacto ambiental tienen sobre la salud de las personas.

De las afectaciones que puede sufrir un trabajador por cuenta del espacio laboral en el que se desenvuelve se empezó a hablar en la década de los 80, en Estados Unidos, por cuenta de las infecciones respiratorias que se multiplicaban en temporada de invierno, cuando las oficinas necesitaban calefacción y el frío obligaba a mantener las ventanas cerradas. Por supuesto, la falta de circulación de aire terminaba en un escenario ideal para la transmisión de virus.

Pero no se trata solo de ventilación. En la década de los 90, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió a este síndrome como el conjunto de molestias y enfermedades originadas también en la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen químico y los bioaerosoles, entre otros. Y estableció que un edificio está enfermo cuando más del 20 por ciento de sus ocupantes se quejan de malestares. En cambio, se dice que una construcción, recinto o conjunto de oficinas están sanos cuando se pueden determinar y controlar lo mejor posible variables como la ventilación, la calidad del aire, el confort térmico, la humedad, el polvo y las plagas, la seguridad, la calidad del agua, el ruido y la iluminación.

Poco control en Colombia

En Colombia no hay cifras sobre el número de víctimas del síndrome del edificio enfermo. Para Juan Vicente Conde, especialista en medicina del trabajo y miembro de la junta directiva de la sociedad colombiana de esa especialidad, esa es una de las debilidades del sistema de salud del país: al momento de una consulta por una infección respiratoria, no se indaga a los pacientes sobre una posible relación de la enfermedad con su espacio laboral.

“Nadie pregunta como una posible causa por el espacio de trabajo ni por las características físicas del lugar o por cuántas horas labora o si tiene ventilación suficiente”, afirma. El especialista pone el ejemplo de muebles, pinturas o tipos de piso que por sus características de fabricación pueden ser auténticas amenazas para los trabajadores cuando algunos de sus componentes químicos llegan al ambiente en pequeñas cantidades, generando irritaciones en los senos paranasales y problemas más serios a nivel de laringe y faringe.

Conde es enfático en señalar que garantizar buenas condiciones de trabajo para los empleados no solo repercute en su estado directo de salud, sino en una mayor productividad. “Cuando un empleado no tiene que preocuparse del calor, de los malos olores, de la humedad o las vibraciones, se impacta positivamente la productividad y se estimula la reducción de enfermedades profesionales asociadas o agravadas por el trabajo”, concluye.

La Oficina para la Salud y la Seguridad del Reino Unido señala que las consecuencias de este síndrome pueden afectar las actitudes hacia el trabajo y representar un costo significativo para las empresas en reducción de la eficiencia, mayor ausentismo y rotación de personal, interrupciones prolongadas y reducción de horas laboradas y pérdida de tiempo productivo en atender quejas.

Óscar Salamanca, director de la Escuela de Arquitectura y Hábitat de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Bogotá, reconoce que en Colombia el tema de los edificios saludables no tiene una normatividad establecida y la discusión apenas se abre, aunque asegura que por una lógica natural las edificaciones levantadas en este siglo contemplan cada vez más elementos de sostenibilidad, de energías y la reducción del impacto hacia los habitantes y el entorno, a través del confort de los espacios.

Estudio revelador

Aunque el síndrome del edificio enfermo suma varias décadas de estudios, a finales del año pasado una investigación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) logró demostrar los beneficios para las personas que logran desenvolverse en espacios laborales de bajo impacto ambiental.

Entre otros hallazgos, el equipo liderado por el investigador Joseph Allen, director del programa de Edificios Saludables en el Centro de Harvard para la Salud y el Medio Ambiente, encontró que las personas que trabajan en espacios adecuados piensan con más claridad y se sienten mejor cuando están en la oficina. Además, logran dormir mejor en casa.

“Este descubrimiento del sueño es provocativo porque sugiere que el impacto de los edificios sobre nosotros se extiende más allá de las ocho horas del día de trabajo (…) y se origina un círculo virtuoso: los participantes de nuestro estudio que durmieron mejor también rindieron mejor al día siguiente en una prueba sobre la función cognitiva”, dijo Allen en entrevista con la BBC.

Claves para lograr espacios saludables

La investigación de Harvard da algunas claves: Para mejorar la ventilación, que es una de las características de los edificios enfermos, sugieren, aumentar la cantidad de aire limpio y fresco que circula por los espacios cerrados, de manera que se puedan controlar las fuentes interiores de olores y el dióxido de carbono.

Para reducir la circulación de sustancias en el ambiente, por compuestos que pueden desprenderse de muebles, pinturas, pisos o alfombras, aconsejan elegir, a la hora de dotar el mobiliario, suministros de oficina y materiales bajos en productos químicos.

Tratar de mantener una temperatura consistente, habilitar la entrada de luz natural, procurar aislar los ruidos de la calle o los de maquinarias y combatir el polvo con limpieza constante.

RONNY SUÁREZ
Redactor de Salud

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