Qué hacer para sobrevivir al regreso de las vacaciones

Qué hacer para sobrevivir al regreso de las vacaciones

Psicólogos señalan que los días posteriores al descanso pueden generar estrés, ansiedad y cansancio.

Regreso de las vacaciones

Para algunos, el cambio de hábitos suele exigir un esfuerzo al volver a horarios habituales y mantener la atención en las tareas.

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123RF

13 de enero 2018 , 10:30 p.m.

El tercer lunes de cada enero –es decir, mañana– es llamado por algunos el ‘blue monday’, al ser, supuestamente, el día más deprimente del año por alguna fórmula matemática inventada en medio de una campaña publicitaria que ha sido desvirtuada decenas de veces por científicos. Y con toda la razón, pues la depresión es un mal tan individual que no se puede relacionar con una fecha en específico.

Y si bien no hay evidencia de eso, en lo que sí coinciden los expertos es en que el regreso de vacaciones, en especial cuando se trata de periodos largos, es sinónimo de un estrés característico y de un cambio en el estado de ánimo, marcado por episodios de ansiedad, cansancio, preocupación y falta de motivación.

Así lo ha sostenido ampliamente Antonio Cano Vindel, reconocido doctor en psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (Seas), al definir el estrés posvacacional. Este, según sostiene, puede manifestarse incluso con otros síntomas como preocupación, inseguridad, malestar psicológico, temor a perder el control, palpitaciones, taquicardia, excesiva sudoración, temblor, molestias digestivas, dolor muscular, dolor de cabeza, proclividad a eludir situaciones e inquietud motora.

En un documento sobre el tema, Cano Vindel asegura que se trata de un proceso natural de estrés que se presenta en medio de un periodo de readaptación a las demandas del ambiente: “Cuando tenemos que adaptarnos a nuevas demandas experimentamos una serie de cambios o reacciones a nivel corporal o físico, a nivel mental o cognitivo, así como conductual. Estos cambios se caracterizan por la activación, aceleración de funciones o puesta en marcha de nuevos recursos con el fin de tratar de dar respuesta a dichas demandas”.

Danelia Cardona, psiquiatra colombiana y miembro del Colegio Real de Psiquiatras de Inglaterra, explica, por su parte, que es una situación que ocurre tras el periodo de vacaciones, en el que ha habido un exceso de actividad y diversión que choca con la rutina propia de la cotidianidad. “A nivel biológico, durante los altos estados emocionales que se viven lejos del trabajo, el cerebro produce altos niveles de dopamina, un neurotransmisor que genera sensación de bienestar. Tras regresar, el cerebro hace un cambio de un estado de emociones a uno cognitivo, más racional”, sostiene.

Aunque Cardona aclara que no se han hecho estudios que determinen su frecuencia y alcance, esta condición suele ser constante, aunque todo depende de los distintos tipos de personalidad de cada individuo y de la capacidad de adaptarse a cambios emocionales.

En general, este estrés (incorporarse de nuevo al trabajo tras las vacaciones) no es muy intenso para la mayoría de personas, que pueden ver con preocupación, o incluso con ilusión, la vuelta a su actividad, sostiene Cano. Y, para ellos, las manifestaciones pueden estar limitadas a bajo rendimiento, motivación o interés en los primeros días, así como cansancio y bajo estado de ánimo, explica el español. Pero, para otras personas, el cambio de hábitos suele exigir un esfuerzo para volver a horarios habituales o mantener la atención centrada en las tareas. “El volver a enfrentarse con responsabilidades u obligaciones puede suponer un aumento de ansiedad, ante la posibilidad de hacerlo mal, de fallar, de obtener un resultado negativo”, agrega Cano Vindel.

Volver a enfrentarse con responsabilidades puede suponer un aumento de ansiedad, ante la posibilidad de hacerlo mal, de fallar, de obtener un resultado negativo

En esos casos, el estrés posvacacional puede afectarles de manera más seria, sobre todo si en la parte personal sufren de otros problemas de tipo económico, sentimental, emocional o incluso en el mismo entorno laboral.

“Para estas personas, volver al trabajo puede tener consecuencias más importantes, pudiendo sufrir un incremento superior de sus síntomas de ansiedad, o de depresión, o ambos, que pueden desencadenar en trastornos de ansiedad o del estado de ánimo (depresivos); así mismo, pueden sufrir algún proceso de somatización (dolor, molestias físicas, etc.) que podría llegar a generar enfermedades físicas”, sostiene el doctor en psicología.

Aunque algunas encuestas que cita Cano apuntan a que los síntomas duran por lo menos una semana antes de retomar a la normalidad, Cardona advierte que en caso de que persistan por meses, se podría tratar de un trastorno mayor, de tipo depresivo o afectivo, que requiere acompañamiento profesional urgente.

En la práctica

Para Juan Vicente Conde, especialista en medicina del trabajo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Colombiana de esa especialidad, la intensidad de este tipo de situaciones y su duración dependen tanto del tipo de oficio desempeñado como del tiempo que se estuvo ausente de la actividad.

Conde afirma que, incluso, muchas empresas someten a sus empleados a un examen de reinducción tras las vacaciones, en el que se evalúan las capacidades y aptitudes de los individuos frente a la ejecución de las tareas diarias. “En este tipo de empleos, que implican operaciones de máquinas o de labores mecánicas, este estrés puede ser sinónimo de aumento de la accidentalidad si no hay una supervisión y una certeza de que el trabajador esté en condiciones de retomar su actividad”, afirma.

A su criterio, una ausencia superior a tres semanas ya es motivo para descartar problemas que alteren la capacidad para llevar a cabo ciertos trabajos. Sin embargo, indica que en la mayoría de los casos, la readaptación plena se logra en pocos días.

¿Y entonces qué hacer?

Comenzar el trabajo poco a poco y, de ser posible, arrancar por lo más grato.

Incluya una buena dieta en su día a día.

Use el tiempo de comer como momento de descanso y ruptura con las actividades profesionales.

Duerma lo suficiente, en torno a ocho horas, y deje el trabajo en la oficina.

La práctica moderada de algún deporte o ejercicio físico ayuda a la relajación.

Organice el tiempo y sus actividades. Sepa priorizar qué hacer.

No analice continuamente los problemas o las alternativas, ya que esto produce ansiedad.

RONNY SUÁREZ
EL TIEMPO
ronsua@eltiempo.com

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