A más nalgas, mayor inteligencia / Sexo con Esther

A más nalgas, mayor inteligencia / Sexo con Esther

Las colas grandes no solo pueden hacernos más inteligentes, sino también más saludables.

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Los culos grandes tienen un lugar bien ganado en la historia y deben ocuparlo con decoro.

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Luis Eduardo Noriega / EFE

29 de enero 2017 , 01:57 a.m.

Nada que me guste más que ver rodar por el suelo estereotipos y conceptos cuadriculados relacionados de manera directa o indirecta con el aquello y sus aledaños.

Pues esta vez, una investigación de la encopetada Universidad de Oxford derriba el cliché del 90-60-90 como parámetro ideal de medidas femeninas, al darle a las nalgas generosas un lugar de merecido privilegio, a juzgar por sus hallazgos.

Resulta que después de analizar la salud de más de 16.000 mujeres, estos académicos encontraron que las que tenían posaderas más abultadas registraban niveles más bajos de colesterol en su sangre y mayor facilidad para regular el azúcar y mejor dotación de sustancias para reducir el peso y para enfrentar procesos inflamatorios.

Aunque los beneficios de la grasa glútea se conocen desde hace tiempo, a diferencia de la que se acumula en la barriga, el asunto es que ahora se han encontrado las razones de la rentabilidad de los traseros XL.

(También: El semen, un elíxir desperdiciado)

Entre otras cosas, se comprobó que las células que forman las redondas asentaderas pueden capturar las grasas dañinas que tapan las arterias y producen infartos y otros males cerebrales.

Pero si la cola grande nos hace más saludables, el asunto no se queda ahí, porque otro estudio, este un poco más antiguo, hecho por el Departamento de Epidemiología de la Universidad de Pittsburgh, confirmó que el nivel de inteligencia de los niños era proporcional al tamaño de los glúteos de sus mamás, condición que se le atribuye a los ácidos grasos omega 3 –abundantes en la retaguardia femenina–, que actúan como catalizadores del desarrollo cerebral infantil y que pueden ser administrados por el amamantamiento.

Cabe decir que este empujón que a la inteligencia le dan las grasas traseras no solo favorece a los niños, sino que, al parecer, la dueña de un tafanario dadivoso también es más avispada. En otras palabras, las ‘culiplanas’ serían un poco menos perspicaces.

(Además: Los cuatro orgasmos femeninos)

Ahora, si nos atenemos a la evolución y a la biología, no hay que ser muy audaz para inferir que las nalgas son un punto clave en la atracción sexual, para que los machos se enloquezcan y quieran irse a la cama con las que las tengan más redondas, sobresalientes y gustosas.

Todo porque de forma instintiva hay una inclinación por las parejas más sanas y, consecuentemente, capaces de tener hijos mejor dotados para mantener la especie. Simple.

Pues ya está, al cuerno con las famélicas y lánguidas medidas perfectas.

Los culos grandes tienen un lugar bien ganado en la historia y deben ocuparlo con decoro. Claro, hablo de pompis, panderos, nalgas, posaderas, potos, traseros o como prefieran llamarlos, pero naturales y no de los fingidos y diseñados a punta de plásticos y cirugías.

Esos, tal vez, triunfen en las pasarelas, pero no en la cama. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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