Sexo entre machos machotes / Sexo con Esther

Sexo entre machos machotes / Sexo con Esther

Se puede acostar con otro y seguir siendo 'hetero', porque práctica y orientación son distintas.

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El 3,5 por ciento de los caballeros pueden ser proclives a ir a la cama con otro hombre.

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Archivo / EL TIEMPO

04 de febrero 2017 , 11:25 p.m.

Pues los machos redomados y con todo el equipaje hormonal en su sitio pueden acostarse con hombres, igual de conservadores y testosteronados, sin que sean homosexuales y sin que su condición masculina quede en entredicho. Simplemente, tienen sexo, se visten y se van. Punto.

La verdad, eso no es nuevo; y aunque siempre he dicho que en la cama todo es válido, siempre y cuando los que entran en acción estén de acuerdo, esta tendencia parece abrirse espacio para dejar de ser un aledaño anecdótico y ocupar un espacio definido en el estante de gustos sexuales, a juzgar por el aumento en la frecuencia con que el tema aparece en los medios de comunicación.

Para la muestra está una investigación del Departamento de Sociología de la Universidad de Oregón hecha en un grupo de varones de los estados de Misuri, Illinois, Oregón y Washington que defienden su heterosexualidad, pero que manifiestan disfrutar de manera genuina del aquello con sus compañeros, pero prefieren mantener su diversión en secreto para no despertar confusiones en su entorno.

Y el hecho de que sea una práctica confidencial –como debe ser todo en el catre– es, en palabras del terapeuta Michael Shelton, el principal obstáculo para profundizar en este fenómeno.

Bajo las sábanas

Hace unos años, la Universidad de Nueva York se atrevió a inferir, a partir de escudriñar bajo las sábanas a cerca de 3.000 señores de pelo en pecho, que el 3,5 por ciento de los caballeros pueden ser proclives a deslizarse en la cama con otro macho, sin que esto afecte su orientación sexual.

Heteroflexibles o heterocuriosos, lo cierto es que ellos han dado pie a que se ventilen las diferencias entre orientación sexual y práctica sexual.

Para muchos, la primera, construida socialmente, exige la inclusión en una categoría fija; y la segunda, más flexible y más libre, en la que, según los sicólogos de la misma Universidad de Nueva York, “la exploración del deseo se libera de las identidades impuestas por la orientación sexual”.

Una ruptura liberadora y sin culpas de un deber ser construido por siglos de convenciones sociales y culturales que han marcado muchas cosas como políticamente incorrectas e inaceptables.

En otras palabras, si le gusta, pues no hay problema.

Ahora, si el mundo acepta que dos mujeres se abracen y hasta se besen, al punto de que sus parejas las llegan a considerar más femeninas por esto, la inquietud que surge es si este tipo de prácticas tienen la misma valoración en ellos.

‘Bud sex’, ‘brojob’, como quieran llamarlo. Ahí está, provocando todo tipo de interpretaciones que, para mí, no es más que otra manifestación del ‘jugando, jugando’ de los señores que les facilita el eterno baipás de la cabeza a sus astas que deja por fuera el sentimiento y les permite genitalizar todo sin problemas.

Fue un polvo más y hasta luego. Nada nuevo, insisto. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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