Sacúdase los polvos tristes / Sexo con Esther

Sacúdase los polvos tristes / Sexo con Esther

En la cama, todos tenemos lo nuestro, y sobre ella, nadie es referente de nadie.

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En la cama, todos tenemos lo nuestro, y sobre ella, nadie es referente de nadie.

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Archivo / EL TIEMPO

12 de febrero 2017 , 01:22 a.m.

Sin exageraciones, me atrevo a decir que, con las excepciones de rigor, nadie se ha librado de experimentar, al menos una vez en su vida de catre, tristeza, una sensación de melancolía o cierto vacío después de un polvo, hasta el punto de concluir que habría sido mejor no echarlo.

“Depresión poscoital, por insatisfacción sexual” llaman los que saben a este trastorno que, valga decir, es ocasional y pasajero, pero que puede convertirse en una verdadera tragedia y un atentado al aquello cuando se prolonga en el tiempo, porque termina por erosionar todas las esferas de la vida y no solo, como tiende a pensarse, las relacionadas con el departamento inferior. El asunto es que esta insatisfacción (cuando se acomoda) no se queda bajo las sabanas, sino que al bajar de la cama se transforma lentamente en aburrimiento, enojo, frustración, tristeza y, lo que es peor, una inseguridad que crece con solo intentar una encamada y que hace creer al que la padece que no es querido y menos deseado. De ahí a la depresión (¡qué susto!) hay menos de un salto.

Ahora, repito que todos tenemos derecho a salir del catre con las astas y la mirada hacia el piso cuando los astros que rigen los buenos polvos no se encuentran alineados, y eso es normal.

Un disgusto, una preocupación, una deuda, un malestar y hasta el mal aliento de la pareja desnuda pueden sacar las ganas en estampida y apresurar la vestida, pero al cambiar el escenario o la pareja, las hormonas vuelven por sus fueros.

Sin embargo, si esto se repite, tanto que ayudar en un trasteo ajeno es suficiente excusa para evitar un polvo, es urgente consultar para buscar las causas y ponerle solución. Aquí pueden caber desde las disfunciones hormonales, la eyaculación precoz, la impotencia y las alteraciones emocionales mayores, hasta la presencia de males como la diabetes o la tensión elevada. Todas tratables, siempre y cuando la apatía por el sexo no se esconda.

Por supuesto que entre las causas de la insatisfacción por la actividad infraumbilical también están las ideas preconcebidas y las expectativas desbordadas que se tienen sobre los polvos, promovidas muchas veces por los estereotipos de la pornografía. Instrumentos masculinos gigantescos e incansables, orgasmos estridentes y enloquecedores, tríos, grupos, poses, escenarios y toda una utilería que terminan por acomplejar la anatomía natural y frustrando de paso a sus propietarios.

Bobadas, digo yo. En la cama, todos tenemos lo nuestro, y sobre ella, nadie es referente de nadie. Una buena pareja, las ganas en su punto y a sacarle jugo y justo con la dotación que tenemos. Con esa es más que suficiente. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO

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