Comida para adobar el buen sexo / Sexo con Esther

Comida para adobar el buen sexo / Sexo con Esther

Con recetas como "pezones a la menta", Carmen Freixa da algunas pistas para 'saborizar' los polvos.

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Lo que entra realmente en juego es la imaginación a la hora de adobar los polvos.

Foto:

123RF

15 de octubre 2016 , 11:51 p.m.

“Diluya un poco de concentrado de menta con un poco de crema de leche de soya y póngala a hervir. Remuévala lentamente y cuando esté un poco espesa, según el gusto, retírela del fuego y déjela enfriar”.

Así describe Carmen Freixa la receta de “pezones a la menta” en su libro ‘Abre la boca’, en el que –con el prólogo del laureado chef Ferran Adrià– presenta recetas sexuales para ‘gourmets’.

Y sigue: “Tan pronto esté a temperatura ambiente, póngala en la nevera, en un recipiente pequeño. Pasadas tres horas la tendrá a punto. En cualquier caso, se trata de untar los pezones de su pareja y sorberlos con fruición. Para una buena degustación se recomienda repetir varias veces”.

Confieso que el libro, escrito con ironía, sagacidad y muy buen sentido del humor, resulta una curiosidad en términos de juegos sexuales, porque pone la comida en contra de la monotonía en el catre y la convierte en cómplice del aquello, al punto de que invita a su disfrute directamente sobre los cuerpos desnudos.

Chocolates, salsas, cremas, frutas y dulces delicadamente mezclados y preparados se presentan para ser esparcidos donde toca y consumidos con besos, succiones, lengüetazos, mucho deseo y, de paso, para abrirles la puerta a sensaciones desconocidas que aparecen y sacar en estampida a la mojigatería y las inhibiciones.

Aquí, valga decirlo, lo que entra en juego es la imaginación a la hora de adobar los polvos, porque si bien el libro ofrece las recetas hechas, cualquiera, de acuerdo con su gusto, puede echar mano de un pedazo de hielo, de un trozo de fruta o de la cubierta de un pastel y, con la complicidad de la contraparte, protagonizar sus propias escenas de deliciosos untos.

Tengo que admitir que la idea no es nada mala. Total, pocos son los que se libran de decir que no han compartido boca a boca la crema de un postre o un sorbo de vino, o de haber lamido de otros labios el dulce que en ellos queda. Y no pongan esa cara, que ustedes saben que es cierto.

Así que lo que resta es ampliar la jurisdicción, salirse de la cabeza y el cuello y probar en otras regiones del cuerpo que pueden fungir de recipientes. Prueben, que nada pierden.

Y para que se estimulen les dejo esto: “Extienda con un pincel de cocina chocolate espeso, alrededor del monte de Venus, prestando especial atención a los senderos que, al bajar, conducen a las carnosidades suaves y rojizas como las fresas. Ponga encima crema de leche y suérbalo con fruición. Dadas las particularidades de este recipiente, admite mucha manipulación –siempre que esta sea esmerada–”. Ah, esto funciona si los ingredientes se aplican en torno al asta masculina. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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