Los secretos para tener una siesta agradable y reparadora

Los secretos para tener una siesta agradable y reparadora

Tener un sueño corto en el día no solo puede mejorar la salud, también la productividad.

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La mejor hora para darse una siesta está entre las 2 p. m. y las 3 p. m.

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Archivo particular

06 de noviembre 2016 , 01:54 a.m.

Si usted es de los que nunca han contemplado la idea de tomar una siesta en medio de su rutina, tal vez después de conocer los beneficios que ella esconde decida reservarle un espacio sagrado: mejora la vida sexual, puede ayudarlo a bajar de peso, reduce sus niveles de estrés y ansiedad y le da una mano a su capacidad de tomar decisiones.

Todas estas bondades, y otras más, fueron publicadas por Sara C. Mednick, psicóloga y Ph. D. de la Universidad de Harvard en su libro ‘Make a nap, change your life’ (‘Haga siesta, cambie su vida’) y en un artículo lanzado por la revista ‘Nature Neuroscience’, en el que la doctora aseguraba que tomar este descanso podía reducir la probabilidad de cometer errores en el trabajo y aumentar en un 30 por ciento el rendimiento laboral.

Sin embargo, la ciencia también es precisa en aclarar que de no saber controlar la siesta, esta podría convertirse en un arma de doble filo. El principal de los ‘peligros’ es excederse en el tiempo.

El doctor Eric Olson, quien tiene a cargo el Centro de Medicina del Sueño de la Mayo Clinic, en Rochester (EE. UU.), le enunció a este diario las consecuencias que podría tener hacer siesta por más de media hora: “Después de 30 minutos, las siestas comienzan a interferir en el sueño en la noche, además de provocar mareo y desorientación en la persona al levantarse. Todo esto se produce porque después de estar dormido por más de media hora, el cuerpo y la mente entran en una fase más profunda del sueño”.

En términos prácticos, extenderse en el tiempo de la siesta significa que el cerebro comienza a prepararse para un descanso prolongado y una interrupción de este proceso genera efectos opuestos a los propósitos iniciales. El deseo de descanso, entonces, puede convertirse en irritabilidad, adormecimiento a la hora de ejecutar una tarea y hasta insomnio cuando llegue la noche.

El descanso ideal

Pero ¿cómo es la siesta ideal? El doctor Olson afirma que, en promedio, un adulto necesita dormir al menos siete horas para tener una sensación de descanso completo. Así que alguien que haya dormido menos de ese tiempo la noche anterior o que sienta que el descanso no fue suficiente por cuenta de un sueño intermitente, debería hacer el intento de tomar una siesta reparadora.

“Es importante tener en cuenta –asegura Olson– que se le debe brindar un tiempo a la siesta, especialmente si la persona se siente fatigada o tiene somnolencia inesperada, si sabe que se vienen duras horas de trabajo y que posiblemente tendrá que trasnochar. Si no se enfrenta a ninguno de estos casos, incluso, yo diría que nada de malo tiene introducir siestas planificadas en la rutina diaria para experimentar sus bondades”.

Los expertos del Centro de Medicina del Sueño de la Mayo Clinic han determinado que la mejor hora para darse una siesta está entre las 2 p. m. y las 3 p. m., un momento del día en el que el cuerpo hace la digestión del almuerzo y que marca la mitad de la jornada de trabajo.

(Además: Si usted es mujer, seguramente está durmiendo menos)

No todas las siestas deben durar media hora como tiempo máximo. Puede ser más corta y de acuerdo con los especialistas, al menos 10 minutos de sueño son necesarios para inyectarle energía al cuerpo y clarividencia a la mente.

Según el doctor Olson, “la siesta se debe hacer en un ambiente donde no haya ruido, preferiblemente en un lugar oscuro con una temperatura cómoda donde la persona no tenga distracciones. Después del sueño corto se debe dar un tiempo para despertarse del todo antes de continuar con las actividades del día, especialmente para retomar trabajos que requieran mayor atención o una respuesta rápida”.

La doctora Mednick es consciente de que en ciertas empresas la siesta no es una opción e incluso puede ser mal vista por asociarse a la pereza y la baja productividad. De hecho, son pocos los espacios propicios con los que cuentan para tomar un descanso breve, sobre todo las compañías con tradiciones muy arraigadas al método y disciplina.

Sin embargo, la cultura está cambiando, con modelos de empresas basadas en la innovación como Google, que destinan grandes instalaciones para el descanso y el esparcimiento de sus empleados. Quizá la filosofía, sugiere la doctora, cambie cuando los empresarios entiendan que ofrecer este tipo de alternativas puede tener efectos positivos en su productividad.

Estudios tenidos en cuenta por Mednick indican que cerca del 4 por ciento de la pérdida de productividad de las compañías está relacionada con la somnolencia diurna de los trabajadores; y que por cuenta de este mismo factor hay un aumento del 7 por ciento en la probabilidad de generar errores mayores en los espacios de trabajo y en la cotidianidad, en actos como manejar u operar equipos.

No obstante, Eric Olson reconoce que no toda la necesidad de descansar mente y cuerpo debe caer en la siesta. Existen actividades que pueden ayudar a controlar el estrés y relajar. “Pausas activas, estiramientos, salir a caminar un rato, o escuchar música relajante a un volumen moderado pueden dar una mano también”.

Las ventajas de un sueño corto al día

Ayuda a bajar de peso: al tomar una siesta, el cuerpo promueve la producción de la hormona del crecimiento, que evita la acumulación de grasa en el cuerpo.

Reduce el riesgo de diabetes: la falta de sueño incrementa los niveles de insulina, la siesta ayuda a mejorar el manejo de los azúcares en el organismo.

Mejora el humor: la ausencia de suficiente sueño causa irritabilidad, depresión y angustia.

Al dormir, el cerebro incrementa sus niveles de serotonina, que justamente evita estos estados.

Mejora la memoria: esta se relaciona con la calidad de sueño.

Hay evidencia científica de que la fijación de conocimientos aumenta si se toma una corta siesta, principalmente entre periodos de estudio.

Protege el corazón: un estudio hecho con hombres en Grecia, y publicado en ‘Archives of Internal Medicine’, concluyó que quienes dormían la siesta por lo menos tres veces a la semana tenían un 37 por ciento menos de posibilidades de padecer problemas cardiacos.

Mejora la vida sexual: la privación del sueño condiciona alteraciones en la vida sexual.

La siesta ayuda a nivelarlas y retrasa el envejecimiento, pues un sueño ayuda a mejorar las características de la piel y de otros tejidos.

REDACCIÓN DOMINGO

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