Los secretos para una relación duradera

Los secretos para una relación duradera

Investigaciones destacan que quienes logran uniones largas fortalecen su relación y su salud.

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Según el psiquiatra Ricardo Capponi, apenas 15 a 20 por ciento de las parejas consigue una relación duradera.

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123RF

03 de septiembre 2016 , 11:04 p.m.

Después de 30 años juntos, el crítico de cine Juan Andrés Salfate le pidió matrimonio a la profesora Cecilia Velásquez. Se conocieron en primaria, a los 17 fueron novios, tuvieron su primer hijo cuando aún vivían con sus padres y en noviembre pasarán por el registro civil.

“Nunca me han gustado mucho las instituciones –dice sobre por qué no había querido casarse–. Pero después de pedírselo me di cuenta de que para ella sí era importante”.

“Tuve más de siete años para conocerla antes de ser pareja”, comenta Salfate. Y agrega: “No creo en eso de admirar a la pareja, porque genera una relación vertical. Prefiero verla abajo a veces, otras arriba, a veces igual. Estoy agradecido de habernos acompañado en todas estas posiciones”.

Según el psiquiatra Ricardo Capponi, apenas 15 a 20 por ciento de las parejas consigue una relación duradera. Y quienes lo logran tienen mucho a su favor. Según estudios recopilados por la doctora Laura J. Martin para el portal WebMD, los que gozan de una unión satisfactoria y larga tienen menos riesgo de sufrir enfermedades coronarias o depresión. También responden mejor al estrés y a las enfermedades comunes.

Todo esto podría deberse a que contar con una pareja estable promueve el autocuidado. Por el contrario, cuando el vínculo es fuente de conflictos y estrés, aumentan los índices de depresión y obesidad.

El de Salfate no es un caso aislado. El psiquiatra Marco Antonio de la Parra observa que, aunque el compromiso formal sigue teniendo valor, se celebra cada vez más tarde: “Se hace frecuente vivir juntos antes de firmar el contrato, el cual se ve como el sello de un amor que pasó la prueba de la convivencia”.

El nuevo escenario

Eli Finkel, profesor de psicología social en Northwestern University (EE. UU.), le puso nombre a este nuevo tipo de relación de pareja, caracterizado por el cruce entre expectativas altas y decepciones profundas: la unión ‘todo o nada’. A su juicio, la pareja es a la vez mejor y peor que antes, porque si se trabaja por ella la satisfacción es enorme, pero de lo contrario la caída es estrepitosa.

En este contexto, el matrimonio se mantiene como una opción. Según una encuesta del Pew Research Center (2011), el 61 por ciento de los estadounidenses que no están casados planea hacerlo. “Pese al desaliento que pueda sentir frente al compromiso, la gente quiere creer en el romance”, explica Lisa Grunwald, quien junto con su marido, Stephen Adler, escribió ‘The Marriage Book’, volumen de 500 páginas que revisa la vida en pareja a la luz de la historia y la sociología. Y el psicólogo Gonzalo Cancino agrega: “El matrimonio sigue siendo la institución que representa el mayor logro en términos de amor de pareja”.

Expectativas en juego

‘La Patrona’. Así llama el chef ‘Coco’ Pacheco a María Cristina Baquedano, su mujer y socia en su restaurante desde hace 43 años. “Ven, vamos a ser los niños-símbolo de los casados”, la llama para posar.

El humor y la complicidad les sobra. Pero esa no es la fórmula para seguir juntos. Para él, lo más importante ha sido complementarse. “Si los dos fuéramos como yo, nos habríamos matado”, dice.

Por supuesto, han tenido crisis. “La primera fue cuando llevábamos algunos años trabajando juntos –cuenta Pacheco–. La ‘Pity’ es regia, pero te acuestas con ella, te levantas con ella, trabajas con ella, almuerzas con ella, la ‘Pity’ 24-7... Me sentí saturado. Pero ella sabe cuándo soltar, cuándo apretar. Nos dimos espacio y ya”.

“Mantener una relación a largo plazo, en fidelidad, con buena vida sexual, comunicación, contención y proyectos compartidos es un desafío. Nuestros padres no aspiraban a esto: la pareja era una sociedad para criar hijos”, sostiene Capponi.

Según estudiosos del tema, como el sociólogo Andrew J. Cherlin y la historiadora Stephanie Coontz, hasta fines del siglo XIX el modelo de pareja se fundaba en el matrimonio institucional. Si además había afinidad emocional, se agradecía. Luego, y hasta fines de los años 60, evolucionó hacia un vínculo donde el amor, el sexo y la visión del otro como compañero de vida pasó a ser lo central, en un contexto con marcada división de roles. En la segunda mitad del siglo XX, en paralelo con la ascendente inclusión laboral de la mujer, comenzó a instalarse el ‘matrimonio de la autoexpresión’: un camino para el crecimiento personal.

Esta visión aumenta lo que se espera de la relación y, con ello, la decepción. “El nivel de expectativas impuesto por la cultura está por encima de nuestra capacidad”, continúa Capponi. Cancino anota que las personas esperan que su pareja sea amante, cómplice, compañero de aventuras, fuente de entretención y alguien a quien admirar. “Esto hace más probable que, tras un tiempo de relación, uno o ambos cónyuges puedan frustrarse –observa–. En la generación de nuestros padres o abuelos, si la familia caminaba todo lo demás podía ser tolerable”.

Con todo, la dedicación al otro parece valer la pena. El gerontólogo Karl Pillemer, de la Universidad de Cornell, entrevistó a cerca de 700 personas de más de 70 años, con una larga vida de pareja. Todos dijeron que un matrimonio estable había sido lo mejor de sus vidas. Pero también comentaron que había sido duro.

Teresita Sahli, gestora cultural, y Eduardo Aninat, exministro de Hacienda, tienen seis hijos y cumplieron 45 años de casados. El trabajo de él, ligado a viajes, fue un desafío.

“Nos costó encontrar tiempo para nosotros, pero cuando nos dábamos cuenta de que estábamos en una especie de máquina, nos íbamos a una casita que teníamos o viajábamos a Miami –cuenta ella–. Hoy, Eduardo me propone sorpresas a veces, cuando tiene una tarde libre”.

Para cuidar su relación, se preocupan por los intereses del otro. “En 1976 me inscribí en su curso de economía en Harvard. Pensé: ‘voy a escuchar economía toda mi vida, más vale entender algo’ –recuerda–. Con los años, ves la persona que eras y la que eres hoy. Aprendí a no competirle y a que cada uno tenga su espacio… Es importante tener un cuarto propio. Apenas pude, tuve el mío”.

Pero no todas las parejas cuidan el vínculo. “Estamos en una cultura del desecho –dice Salfate–. Tiras los zapatos en vez de mandarlos a arreglar y muchos hacen lo mismo con las relaciones. Nosotros tuvimos un quiebre, después del nacimiento de nuestro primer hijo, porque me convertí en un arrogante insoportable. Estuvimos separados dos años y lo agradezco: ella conoció otras personas y yo me lancé a la vida, como un kamikaze, solo para descubrir que nadie me llenaba como ella. Después de eso nos fuimos a vivir juntos”.

‘Un contrato puede servir’

Lisa Grunwald, la autora de ‘The Marriage Book’, sugiere que algún tipo de contrato puede servir: “Nunca diría que el papel define a un matrimonio. Muchas parejas no casadas muestran más compromiso que otras casadas. Pero hacerse la promesa de estar juntos puede ayudar. No puedes prometer cómo vas a sentir en determinado momento, pero sí cómo vas a actuar. Hacer un acuerdo formal te recuerda esa promesa”.

Pero tampoco se trata, coinciden los especialistas, de mantenerse a toda costa en una relación. “El matrimonio estable se volvió escaso. Esto tiene un lado saludable: las parejas son más intolerantes a vivir sin amor o en una relación tóxica. El sometimiento es menos aceptado. Esforzarse es conveniente, pero el dolor psíquico de una mala relación puede ser inaguantable”, concluye De la Parra.

Monógamos sí, pero reincidentes

En una sociedad con expectativas tan altas respecto de las parejas es común ver matrimonios o largas convivencias que terminan para dar paso a nuevas uniones.

“En vez de ser infieles, muchos son ‘monógamos sucesivos’, pasando de una relación a otra en busca de esa sensación de entrega que da la fidelidad”, opina De la Parra. Y Capponi agrega: “Ha disminuido la actitud machista de los hombres, que es la fuente principal de relaciones paralelas. Por otro lado, las mujeres educadas con menos represión quieren una buena vida sexual y exigen fidelidad”.

Pero la tecnología pone la infidelidad al alcance de la mano. O, como mínimo, altera la vida en pareja. En Estados Unidos, según un estudio del 2014, el 25 por ciento de los casados y el 42 por ciento de los no casadas pero en una relación seria sienten que su pareja se distrae por culpa del teléfono.

Ese dato es parte del marco teórico de una investigación del ‘think tank’ Tren Digital, de la Universidad Católica de Chile, que se publicará en la revista Computers in Human Behavior. Ahí se concluyó que el texteo con otros, frente a la pareja, genera conflictos y reduce el nivel de intimidad.

“Estas tecnologías son de alto riesgo para los momentos vulnerables de la pareja”, sentencia Cancino.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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