La muerte súbita, a propósito del capitán Davide Astori

La muerte súbita, a propósito del capitán Davide Astori

El corazón, principal protagonista. Atención en los primeros instantes puede marcar la diferencia.

Davide Astori

Davide Astori, capitán del equipo de futbol italiano Fiorentina, falleció el pasado domingo a los 31 años de edad.

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EFE

06 de marzo 2018 , 10:24 p.m.

La muerte de Davide Astori, capitán del equipo de futbol italiano Fiorentina –que al parecer ocurrió en la habitación del hotel donde se concentraba sin que tuviera antecedentes o síntomas que hicieran presumir este desenlace–, pone de nuevo sobre el tapete el tema de la muerte súbita, especialmente en deportistas jóvenes.

Porque el caso de Astori, de 31 años, se suma –entre otros– al de los futbolistas Antonio Puerta, jugador del Sevilla; Christian Benítez, jugador ecuatoriano al servicio del Eljaish de Catar, y al muy recordado por los colombianos Marc-Vivien Foé, volante de la selección de Camerún, quien murió en el campo en medio de un partido contra Colombia en el 2003. Todos ellos jóvenes y en plena condición física.

De acuerdo con el cardiólogo Rodolfo Vega Llamas, estos desenlaces pueden cualificarse bajo el concepto de muerte súbita, que por lo general tiene como causa primaria una alteración maligna en el ritmo de contracción cardiaca o, en otras palabras, una arritmia.

“Se trata de una fibrilación ventricular en la que se produce una actividad eléctrica cardiaca caótica, en la que cada fibra muscular parece ir por su lado y al contraerse no es capaz de generar un latido con la fuerza y la eficiencia suficientes para mandar la sangre a los órganos del cuerpo”, dice Vega Llamas.

Esto quiere decir que el corazón no puede bombear sangre y consecuentemente la presión arterial baja a cero y se anula el riego y el aporte de oxígeno a órganos vitales como el cerebro, el hígado y el riñón, que no pueden esperar mucho tiempo sin dichos aportes.

“Cuando se detiene la circulación –explica Gabriel Robledo, director del Centro Cardiológico de Bogotá– todos los órganos rápidamente empiezan a sufrir, siendo el cerebro el más vulnerable porque unos pocos minutos con un corazón quieto causan lesiones cerebrales graves que, de prolongarse, acaban con la vida de las personas y en los mejores casos, puede dejar secuelas severas”.

Aunque estas fallas en el ritmo cardiaco suelen ser muy raras en corazones sanos, por lo general pueden manifestarse de manera repentina sobre todo en personas jóvenes.

De hecho –aclara Vega Llamas–, en personas mayores de 35 años la causa más frecuente de dichas arritmias es el infarto agudo del miocardio.

En las personas jóvenes, añade, puede estar relacionada con enfermedades cardiacas previas, silentes, que estarían afectando el músculo del corazón como las miocardiopatías y algunas canalopatías (alteraciones en los canales que permiten la entrada y salida de sustancias para la contracción de las células cardiacas) como el síndrome de Brugada, en el que existe una alteración genética que no permite la entrada y salida de calcio y potasio que impiden que el músculo se contraiga, produciendo arritmias severas.

También existen otras causas como el estrechamiento en la válvula aórtica (por donde sale la sangre), alteraciones en la conducción eléctrica del corazón y deformidades en las arterias coronarias, entre otras.

“Hay que decir que el 60 por ciento de este tipo de muertes se producen por alteraciones coronarias, y el 40 por ciento restante, por las demás causas”, sigue Vega Llamas.

Sin síntomas evidentes

Lo característico de este tipo de fallas a nivel cardiaco es que en la mayoría de los casos ocurren en personas aparentemente sanas y sin ninguna sintomatología evidente. Es más frecuente en hombres que en mujeres en una proporción de dos a uno. Y aunque llama la atención que ocurra en personas jóvenes, lo cierto es que puede afectar a personas de cualquier edad, incluidos los niños.

El cardiólogo Gabriel Robledo advierte que las víctimas de muerte súbita presentan de manera brusca una pérdida completa del conocimiento y no responden a ningún tipo de estímulo; pueden tener los ojos abiertos o cerrados y, en seguida, dejan de respirar sin atención, la piel pierde su tono habitual y se torna azul violáceo.

Juan Rafael Correa, cirujano cardiovascular y profesor del Hospital San Ignacio, en Bogotá, asegura que en estos casos, cuando se pueden atender de manera inmediata, el tratamiento eficaz es contrarrestar la fibrilación anómala del corazón. “Se llama desfibrilación y consiste en administrar una descarga eléctrica al corazón, controlada a través de un equipo (desfibrilador)”, dice Correa. Según el especialista, lo que hace este dispositivo es promover que todas las células del corazón se contraigan a la vez a través de una descarga eléctrica. Lo habitual en estos casos es que el corazón parece reiniciarse desde cero y puede recuperar su ritmo habitual.

El tiempo apremia

El especialista Joan Rafael Correa dice que el pronóstico de estas personas depende del tiempo que transcurre entre el momento en que se detiene el corazón y cuando se aplica la descarga para desfibrilar. “Se calcula que por cada minuto de demora hay diez por ciento de posibilidades menos de que el paciente se recupere”, dice.

Y aunque la desfibrilación es el proceso indicado, en caso de no tener a la mano el equipo para hacerlo, el cardiólogo Vega Llamas recomienda iniciar rápidamente las maniobras de reanimación cardiopulmonar básicas (presión o masaje cardiaco y ventilación), con lo que se consigue prolongar el tiempo, mientras se realiza una desfibrilación.

“Ninguna de las atenciones que se intenten puede ser perjudicial, porque aquí cualquier ayuda, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte”, puntualiza Vega Llamas.

¿Qué hacer?

Según el cardiólogo Gabriel Robledo, es urgente activar la línea de emergencias (123) y seguir los siguientes pasos:

Solicitar atención médica y explicar que la persona presenta un paro cardiaco.

Compruebe si el paciente responde de alguna forma. Mueva suavemente a la persona por el hombro y espere si hay alguna reacción. De igual manera, compruebe si respira o no.

Si no respira, inicie maniobras de reanimación cardiopulmonar. Acueste al paciente sobre una superficie dura, preferiblemente el piso. Ponga ambas manos en el centro del pecho del paciente y haga compresiones hacia abajo con los brazos extendidos y en ángulo recto con el cuerpo de la persona.

Comprima el hueso del esternón hacia abajo, cuatro o cinco centímetros, con una frecuencia cercana a las cien veces por minuto. Procure que las compresiones sean rítmicas y regulares. No deje interrupciones.

Mantenga este masaje cardiaco hasta que la víctima recupere el conocimiento o hasta que llegue la asistencia médica.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO
@SaludET

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