‘La tal adicción al sexo no existe’

‘La tal adicción al sexo no existe’

Científicos continúan discutiendo sobre de las causas psicológicas y físicas de este comportamiento.

Harvey Weinstein, productor de Hollywood

A Harvey Weinstein se lo acusa de haber acosado sexualmente, durante al menos 30 años, a mujeres de la industria del cine.

Foto:

Robyn Beck / AFP

27 de enero 2018 , 11:10 p.m.

Harvey Weinstein, el productor de Hollywood y, hasta hace poco, todopoderoso de la industria cinematográfica, llama a las acusaciones por sus delitos sexuales “un problema”.

De acuerdo con el psiquiatra Rodrigo Córdoba, miembro de la Asociación Latinoamericana de Psiquiatría, en términos científicos la adicción al sexo no se ha reconocido como trastorno y cualquier declaración médica al respecto debe tener en cuenta las consecuencias legales que implicaría. O en otras palabras, lo que podría pasar en un juicio contra Weinstein.

Quien fuera productor ejecutivo de películas como ‘Pulp Fiction’, ‘El paciente inglés’ y la trilogía de ‘El señor de los anillos’ está internado en una clínica de rehabilitación llamada The Meadows, en el desértico estado de Arizona (Estados Unidos), donde se somete a un tratamiento de 45 días que tiene un costo mensual de 36.000 dólares.

En la página de internet de ese centro, en el que se han tratado otras celebridades como Kevin Spacey, Kate Moss y Tiger Woods, aseguran que a través de una experiencia intensiva los hombres pueden rehabilitarse identificando las causas de la adicción y otros desórdenes relacionados, pero no dan más detalles del tratamiento.

Un tema de debate

En la comunidad de psiquiatras, la adicción al sexo es un asunto de gran controversia. Primero, porque no ha sido incluida entre las categorías diagnósticas más recientes. Y, segundo, por sus alcances e implicaciones legales. The Meadows, por ejemplo, afirma que se trata de una adicción cuando hay un deseo constante de sexo, que toma el control de la persona y hace difícil llevar a cabo tareas como trabajar y causa problemas en las relaciones interpersonales. Sin embargo, de acuerdo con Córdoba, esas son tan solo conductas y para que sea considerado un trastorno necesita estudios validadores.

“Una adicción –de cualquier tipo– está marcada por un cambio en el funcionamiento previo de la persona, acompañado de síntomas prolongados en el tiempo y un compromiso del desarrollo y la funcionalidad”, sostiene el psiquiatra.

Danelia Cardona, colombiana miembro del Colegio Real de Psiquiatras de Inglaterra, explica también que este diagnóstico es polémico porque la evidencia aún es “pobre” a la hora de establecer los criterios específicos de una adicción dentro de un entorno clínico.

Eso lo probó un estudio publicado en ‘The Journal Socioaffective Neuroscience and Psychology’ en julio del 2013, por investigadores de la Universidad de California-Los Ángeles (Ucla, por su sigla en inglés), que analizó las respuestas cerebrales de 52 voluntarios (39 hombres y 13 mujeres entre 18 y 39 años) que tenían problemas para controlarse al ver imágenes con contenido sexual.

La metodología sometió a las personas a cuatro cuestionarios sobre diversos temas, incluidos los comportamientos sexuales, el deseo sexual, las compulsiones sexuales y los posibles resultados cognitivos y conductuales negativos de sus actuaciones. Luego les mostraron imágenes que evocaban tanto placer como desagrado, entre ellas, fotos de contenido sexual, mientras eran monitoreados mediante electroencefalografías, una técnica no invasiva que mide las ondas cerebrales y la actividad eléctrica generada por las neuronas cuando se comunican entre sí.

Lo que se buscaba era identificar la respuesta P300, que produce el cerebro unos 300 milisegundos después de ver cada imagen y es mayor cuando una persona nota algo nuevo o especialmente interesante para ella. Cabe anotar que es una medida usada en estudios de adicción e impulsividad. Pero en este experimento no estuvo relacionada con la severidad de los supuestos síntomas que dijeron tener los participantes.

El estudio fue revelador, según sus autores, porque era la primera vez que los científicos estudiaban las respuestas cerebrales específicas de personas que se identificaban con problemas de gusto por el sexo. Y, lógicamente, por el hallazgo: dicho comportamiento se relacionó principalmente por una libido alta y no por conductas adictivas como las que se experimentan a sustancias como la droga o el alcohol.

O como sostuvo su autora principal, Nicole Prause, investigadora en el Departamento de Psiquiatría del Instituto Semel de Neurociencia y Conducta Humana de la Ucla, la tal adicción al sexo no existe y más bien una libido alta explica las diferencias cerebrales en la respuesta sexual.

Entonces, ¿de qué se trata?

La psiquiatra Cardona agrega que la adicción al sexo no fue incluida en el DSM-5, manual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría publicado en el 2013, y en su lugar se menciona el trastorno de hiperexcitación sexual, que podría cobijar las conductas compulsivas de Weinstein.

La hiperexcitación fue descrita, en cambio, como un trastorno de origen psicosexual, relacionado con conductas obsesivas compulsivas, marcado por el deseo sexual elevado, necesidad urgente de este, imposibilidad de inhibirse o de controlar los impulsos, ignorando las consecuencias de las actuaciones.

Cardona indica que en este diagnóstico los estudios han mostrado una mayor prevalencia de hasta un seis por ciento de la población y más frecuente en los hombres que en las mujeres, de cinco a diez veces, “debido a que ellos tienen un interés sexual más alto, intrínseco y espontáneo, son más sensibles y reactivos a los estímulos sexuales, tienen una tasa de masturbación más alta, son más permisivos en cuanto al sexo casual y tienen una capacidad de excitarse física y mentalmente más rápido”.

Señales de alerta

La sexualidad y posibles excesos negativos están inevitablemente ligados a factores como género, edad, cultura, religión, salud física y mental, apunta Danelia Cardona. Pero, dice, sí hay señales que advierten sobre una peligrosa irrupción del sexo sobre su cotidianidad. Estas, de acuerdo con Rodrigo Córdoba, pueden ser:

Cuando el sexo es una idea y conducta prevalente.

Cuando las actuaciones son irreflexivas e irresponsables.

Cuando se reciben comentarios de que el comportamiento está siendo inadecuado.

Cuando aparecen
dificultades en el funcionamiento laboral y social.

Implicaciones legales

Parte del debate se centra en que ciertas conductas sexuales lindan con lo penal y empezar a considerarlas como una enfermedad podría ser atenuante en casos judiciales, como ya ha ocurrido en el pasado.

RONNY SUÁREZ
EL TIEMPO
En Twitter: @RonnySuarez_

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