Polvos que entristecen / Sexo con Esther

Polvos que entristecen / Sexo con Esther

Las verdaderas encamadas solo deben producir bienestar y ganas de repetirlas. Y punto.

Sexo con Esther

Un polvo, sin importar la naturaleza, no tiene el poder de menguar la fe o de lesionar creencias.

Foto:

123RF

06 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

A nadie, de manera voluntaria y en ejercicio de una sexualidad plena, se le ocurriría meterse bajo las sábanas con la intención de aburrirse o de pasarla mal. Otra cosa muy distinta es el aburrimiento consecuente si las cosas no salen como se esperan o si las expectativas fueron remplazadas por un misionero rápido y simplón. En otras palabras, al catre se va a gozar.

Por supuesto que aquí no tiene cabida el sexo por obligación, forzado o por conveniencia, que, al dejar siempre insatisfacción, distorsiona –de tajo– la esencia de la deliciosa función biológica que cumplen las partes bajas del cuerpo.

Sin embargo, existen casos en los que los polvos más apoteósicos echados en condiciones ideales y con la gente que toca, producen un sentimiento peculiar de angustia, una inexplicable tristeza y unas ganas de salir corriendo.

Disforia poscoital o depresión después del polvo. Así se llama a ese desasosiego que, a decir verdad, no se trata de una franca depresión sino de una baja de ánimo que se apodera de los amantes justo al terminar una buena faena y que puede durar –junto a un gran vacío, irritabilidad y mal humor– algunos minutos o instalarse hasta el otro día.

El asunto es que, según un estudio publicado en ‘Journal of Sex Health’, estos melancólicos del polvo, muchas veces, tienen sentimientos encontrados con su sexualidad dados por una educación rígida y mojigata, unos restrictivos preceptos religiosos o, incluso, antecedentes de abusos proyectados en sentimientos de culpa y reprensión.

Bueno. También se achacan factores hormonales en este cuento, al punto que se dice que las hormonas que entran en escena durante el sexo impactan en las zonas del cerebro responsables de volver todo frustración.

Así que no sobra tener en cuenta esta condición que afecta al 10 por ciento de las mujeres (y a lo mejor a otro tanto de hombres) para saber, por un lado, que esto tiene tratamiento, y por otro, para echar mano de la tal disforia y usarla como disculpa cuando quedemos aburridos y de verdad arrepentidos por un pésimo polvo, de esos que abundan. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO

Sigue bajando para encontrar más contenido

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA