‘Wellness’, la obsesión con el bienestar integral

‘Wellness’, la obsesión con el bienestar integral

La actriz Gwyneth Paltrow es una de las cabezas de esta tendencia. Expertos dicen que es una farsa.

Gwyneth Paltrow

La actriz Gwyneth Paltrow es una de las máximas representantes de la moda del ‘wellness’.

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La Nación - GDA

06 de mayo 2018 , 10:44 p.m.

Invitada por una amiga bohemia y su grupo de íntimas con largas túnicas de vírgenes vestales y pelo al viento, llegamos al restaurante de moda en Montauk, en el condado de Suffolk, Nueva York. Allí nos sentaron a comer langosta en una mesita de madera. Todo tremendamente ‘shabby-chic’, con meseros en camiseta agujereada y gorra de béisbol, pero ultraprofesionales. A un lado teníamos hípsters ‘foodies’ que posteaban en Instagram cada bocado. Al otro se encontraba Gwyneth Paltrow.

Rompiendo con la regla cardinal de todo ‘new yorker’ de ignorar a las celebridades, una de las vírgenes vestales se dio vuelta, abordó a ‘Gwynny’, como la conocen, y le charló con entusiasmo. El resto no pudo ocultar su espanto. Pero nuestra compañera de mesa lo justificó diciendo que no le había preguntado a Paltrow sobre su carrera como actriz o sobre su vida personal, sino sobre cómo el método de una profesora de gimnasia y gurú del bienestar había cambiado su vida.

Resulta que, gracias al método de dicha profesora, Gwyneth perdió el peso que ganó en su último embarazo y recuperó su figura. Lo curioso es que, al conversar con la actriz, mi compañera no oyó ni una palabra sobre dietas ni ejercicio. La charla fue, en cambio, sobre espiritualidad y sobre la importancia de encontrarse a uno mismo, sanarse y relacionarse con la naturaleza.

En muchos lugares de EE. UU., decir que se está a dieta, que se quiere ser flaco y que se está haciendo ejercicio para lograrlo se volvió políticamente incorrecto y antifeminista. Puede ser que para muchas mujeres entrar en el bikini siga siendo el objetivo ulterior, pero reconocerlo no solo es demodé, sino que refleja superficialidad. En las revistas ya casi nunca se menciona la dieta X para bajar X kilos; ahora se habla de un bienestar superior. Lo mismo ocurre con los productos para bajar de peso, que se promocionan para algo mucho más espiritual que amigarse con la balanza.

La charla fue, en cambio, sobre espiritualidad y sobre la importancia de encontrarse a uno mismo, sanarse y relacionarse con la naturaleza

La gran gurú de esta movida es Gwyneth Paltrow. Goop, su sitio web dedicado al bienestar, es leído mensualmente por casi dos millones de personas. Y ahora se redobla la apuesta. Goop anunció que está uniendo fuerzas con la editorial Condé Nast, que publica ‘Vogue’, ‘Vanity Fair’, ‘The New Yorker’, entre otras revistas poderosas, para sacar una publicación impresa.

La controversia está desatada. Muchos creen que la revista dirá lo mismo de siempre, solo que escondido detrás de una genérica búsqueda de bienestar. “Pérdida de peso es un concepto que terminó siendo inaceptable. La gente no quiere tener nada que ver con él, pero sí lo desea. Algunos quieren que se hable del estar a dieta de forma diferente”, escribió Julianne Escobedo, especialista en mujeres y cultura popular de la Universidad de Nueva York.

“Estamos viviendo una ‘diet fatigue’ y entonces se busca que las americanas pierdan peso a través de la neurosis”, explica Alex Kuczynski, autora de ‘Beauty Junkies’, libro que explora los extremos a los que se llega en la búsqueda de la belleza.

Por supuesto que hay un gran debate de fondo y muchas veces científico sobre las dietas y la salud. Muchos medios, sin embargo, han señalado que la gran tendencia del ‘wellness’ o del bienestar disfrazó la búsqueda del ideal convencional de belleza femenina tras el discurso del empoderamiento de la mujer.

“Los americanos han convertido la comida y el ejercicio en un fetiche. Si eres alérgica al gluten e intolerante a la lactosa y decides volverte vegana, como está de moda, lo que haces es simplemente eliminar varios grupos de alimentos, y ¡bingo! perdiste peso igual que cuando haces una dieta y simplemente ingieres poca comida”, ejemplifica Kuczynski. La autora cuenta que, como parte de una investigación, fue a ver al doctor de moda que Paltrow recomienda como complemento a su ejercicio diario.

“Te pincha más de 80 veces, toma muestras de orina, sangre, ADN, excrementos, etc., y te dice qué deberías o no comer. En mi caso, me sacó una lista de alimentos que equivalían básicamente a mi ingesta diaria (granos, queso, almendras, tomates, huevos, pollo, gluten, ensaladas verdes, arándanos). Como tenía algún tipo de sensibilidad a esos alimentos, me dio unos polvos medicinales para reemplazarlos. Perdí más de cinco kilos en un mes. Fue terrible. Pero su ejército de mujeres neoyorquinas ultradelgadas lo adoran. Viven de sus polvos medicinales y de las inyecciones semanales de vitaminas”, comenta Kuczynski.

Su ejército de mujeres neoyorquinas ultradelgadas lo adoran. Viven de sus polvos medicinales y de las inyecciones semanales de vitaminas

Manicuras y meditación

Los grandes santuarios de los gurús y los fanáticos del ‘wellness’ no podían, entonces, quedarse atrás. La prueba más evidente es Saks Fith Avenue, la tienda que es sinónimo de lujo en la Gran Manzana. El piso donde antes estaba Burberry y una línea de Armani ahora está ocupado por ‘The Wellery’, una especie de bazar dedicado a lo último en la búsqueda de bienestar.

The Wellery ofrece quioscos que venden jugo de aguacate y tratamientos futuristas para esculpir el cuerpo. Hay cabinas de vidrio donde la gente se interna a inhalar sales terapéuticas. Se ofrecen clases de gimnasia alternativa y tratamientos veganos de manicura que prometen “ayudar con la memoria y aumentar la autoestima”. Y hay una meditación guiada mientras te cambian el esmalte.

Según el presidente de Saks, Mark Metrick, “al ‘wellness’ lo estamos llamando ‘el nuevo lujo’. Solía ser sinónimo de pieles y cueros. Ahora la gente solo quiere sentirse mejor”. Y todo es maravilloso, pero, insisto, lo que allí se ofrece no es para combatir arrugas, sino para estar más delgada.

El turismo es otra de las industrias que se sumó a la tendencia del ‘wellness’. La gran moda del momento es lo que Kuczynski llama “vacaciones del hambre”. Se trata de dejar la Gran Manzana por lugares bucólicos, cuyos nombres suelen referirse a algún tipo de retiro espiritual oriental. “Trepas montañas todo el día y después te dan una almendra”, me explica una rubia del ‘Upper East Side’. “Allá te encuentras con todo el mundo, sobre todo después de las fiestas, cuando se come de más. Todo tiene el nivel de lujo de unas vacaciones en un destino norteamericano privilegiado”, señala la aficionada.

No hay nada de nuevo en la idea de base. Pero decir “me voy al áshram a desintoxicarme física y espiritualmente” suena menos grave que decir “me voy a una clínica cara a bajar de peso”. Y los ‘fat farms’ estadounidenses (o ‘granjas de gordos’, como se denominaban estos lugares para hacer dieta con alojamiento en medio del campo) fueron en muchos casos rebautizados como ‘fit farms’: granjas para ponerse en forma y buscar una versión más poderosa de uno mismo.

La tendencia llegó a tal extremo que ‘The New York Times’ la llevó en la portada de su revista dominical y fue una de las notas que marcaron el fin de este verano boreal. Relataba ejemplos como el de Weight Watchers, el decano de los métodos para bajar de peso, que se dio cuenta, en el 2015, de que tenía un problema de imagen y fue cambiando su mensaje. Eventualmente logró una marca basada en el poder femenino.

Muchos, claro, empiezan a no estar convencidos. “Es la misma basura en un envase más bonito”, sentenció Escobedo Shepherd en su análisis para ‘Jezebel’, la revista ‘online’ de temas femeninos. Peor aún, señaló que ahora volvió a ser aceptable criticar el cuerpo de otras mujeres, con la excusa de que no se están “queriendo a sí mismas”. Es toda una cuestión de léxico que ambos sexos ya se volvieron hábiles para manipular. Es bien sabido que cuando un hombre pone ‘busco una chica que sepa cuidarse a sí misma’ en un sitio web para citas, detrás de ese lenguaje de empoderamiento femenino hay que leer: ‘gorditas, abstenerse de contactar’.

La realidad es que los cambios en el vocabulario no resuelvan los problemas de quienes de verdad deberían hacer dietas o de cuán efectivas son, sobre todo en el largo plazo. Además, las tendencias suelen ser pendulares y los neoyorquinos se cansan de todo muy rápido. De hecho, ya se percibe una fatiga del movimiento antidieta, lo que, según ‘The New York Times’, se ve reflejado en el agotamiento de las palabras. El matutino sostiene que la gente gorda pasó de ser llamada gorda a ‘personas con sobrepeso’, “un eufemismo bien educado que implica que hay un peso estándar”. Luego –señala el diario– se los pasó a llamar ‘pleasently plump’ (regordetes agradables), “lo cual incorpora sexualidad y optimismo al tamaño del cuerpo, cuando debería ser sexual y emocionalmente neutral”. Finalmente, se vuelve al término gordo, “porque solo es el juicio negativo de terceros el que carga con negatividad la palabra, y quizá ser gordo no es tan malo”.

Este otoño, con la polémica llegada de la nueva revista de Paltrow, todos apuestan a que el debate se recaliente. Pero, en Nueva York, las mujeres obsesionadas con el cuerpo ya señalan que el medio será leído, lo cual podría darle una nueva perspectiva al asunto (o, al menos, hasta el próximo verano).

JUANA LIBEDISKY
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @lanación

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