Multiorgasmos que asustan / Sexo con Esther

Multiorgasmos que asustan / Sexo con Esther

Históricamente se han descalificado a las que se atreven a manifestar sus deseos bajo las sábanas.

Sexo con Esther

"Si hubiera más fanáticos de sexo y menos miedosos, el planeta sería mejor".

Foto:

123RF

14 de octubre 2017 , 11:00 p.m.

Si nadie ha dicho qué es demasiado sobre la cama, calificar de anormales o enfermas a las mujeres que tienen alta capacidad de respuesta para el aquello es una tontería histórica que debe derrumbarse de una vez por todas.

Basta ver la cantidad de términos rimbombantes inventados a través de las épocas para descalificar a todas aquellas que se atreven a manifestar sin tapujos sus deseos o sus gustos bajo las sábanas. Términos que dejan ver ignorancia y un irrespeto sexista por una función natural.

Andromanía, clitoromanía, coitolimia, hiperfilia y hasta ‘furor uterino’ son palabras y descripciones acuñadas para empujar las ganas femeninas normales al cajón de los trastornos que requieren intervención o freno en una tendencia tan ilógica como tildar de “enfermas” o de “adictas al sexo” a quienes son infieles o se han ido al catre, voluntariamente, con más de un hombre en su vida.

Aunque pueden existir casos en los que una hipersexualidad puede atentar contra una vida normal, tengo que ser enfática y aclarar que estos son la excepción, por lo que no existe ninguna justificación para descalificar a aquellas que se apartan de los patrones morales y de conducta sexual impuestos de manera arbitraria y que desconocen la premisa de que nadie ha dicho la última palabra en cuanto a frecuencias, intensidades y gustos sobre el aquello.

En ese contexto, no exagero si digo que la ninfomanía no es más que un precepto que al pertenecer a la mitología debería quedarse allá y reconocer que su proyección terrenal se ha soportado en la ignorancia y temor que a los señores les producen la capacidad multiorgásmica de las mujeres y su limitación para satisfacerlas a plenitud.

El mundo necesita más sexo y a cambio de inventar enfermedades donde no existen, la gente –empezando por los hombres– debería entender más el funcionamiento de la dotación que garantiza los polvos para usarla como debe ser y promover, de paso, su disfrute y el de los demás.

Si hubiera más fanáticos de sexo y menos miedosos, el planeta sería mejor. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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