La dura labor de los 5 médicos que quedaron en el hospital de Mocoa

La dura labor de los 5 médicos que quedaron en el hospital de Mocoa

Sin comida para ellos y sin insumos para sus pacientes, han tenido que salir adelante estos 3 días.

Herida en la avalancha de Mocoa

La avalancha dejó más de 260 heridos.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO.

03 de abril 2017 , 08:42 p.m.

El sábado 1° de abril, en el hospital José María Hernández, de Mocoa, no quedaba ni una sutura. Aunque hasta la noche del viernes el inventario de suministros estaba en sus niveles normales, tras la avalancha ocurrida esa noche comenzaron a llegar heridos por decenas. Tal fue la magnitud de las primeras horas después de la tragedia que ha cobrado más de 250 vidas, que el material para trabajar se acabó.

Así lo cuenta María Eugenia Peláez Aguirre, médica que vive y trabaja en la capital de Putumayo hace siete meses. Como su familia vive en Maicao (La Guajira), de donde es ella, ninguno de sus seres queridos se vio afectado. Además, en su casa no hubo daños irreparables. Por fortuna lo más grave que le ocurrió, detalla, es que toda su ropa quedó mojada, por lo que ha tenido que trabajar tres días con el mismo uniforme.

Pero la doctora Peláez vive el otro lado de la tragedia. De aproximadamente 25 médicos de planta que trabajan en el Hospital, no quedan más que cinco este lunes. Los demás se fueron de la ciudad por temor a una nueva avalancha.  

“Han tenido miedo, han querido desalojar el pueblo. Hasta anoche nos decían que abandonáramos”, cuenta, pues ha mantenido el contacto con sus colegas. Pero, dice que los que quedan "no vamos a abandonar”.

No nos importa tanto que nos paguen, sino que nos den un plan de contingencia

A los cinco médicos que se quedaron, se suman al menos otros 10 de cuerpos externos al Hospital que han ayudado en la atención de los heridos que, según cifras oficiales, ya son más de 260.

La mayoría han llegado con politraumatismos, traumas craneoencefálicos, infecciones de tejidos e infecciones respiratorias. Además, según la doctora Peláez, en estado “muy grave”. Por eso, algunos han sido remitidos a Neiva y Popayán.

“No tenemos la capacidad, no contamos con un tomógrafo”, cuenta. Aunque otra entidad tiene uno, muy cerca del Hospital, no pudieron utilizarlo debido a la falta de energía eléctrica. En ese centro médico han seguido trabajando gracias a la energía de una planta.

A esto se suma que no todo el personal de apoyo, como las enfermeras, está yendo a trabajar. En muchos casos, perdieron sus casas y a sus seres queridos, por lo que la atención de otros dejó de ser una prioridad para ellas.

Pero el personal del Hospital pasa por una situación más difícil por razones que son anteriores a la tragedia: el impago de sus salarios. Peláez explica que a médicos como ella les deben 2 meses de salario, mientras que a médicos especialistas y a enfermeras les deben hasta 4 meses.

La noche de este domingo lograron reunirse con el gerente del Hospital, quien les dijo que sí tienen voluntad de pagarles. Esto, sin embargo, podría tardar más en medio de la emergencia económica y social que atraviesa Mocoa. Mientras tanto, los médicos necesitan de las mismas ayudas que el resto de habitantes del municipio para sobrevivir.

“No nos importa tanto que nos paguen, sino que nos den un plan de contingencia”, dice la médica, pues desde que sucedió la tragedia, cuenta, han actuado “por instinto” y sin instrucciones precisas de qué deben hacer en caso de que se presente una nueva avalancha.

Además de eso, lo que más necesitan es comida, insumos y medicamentos. Según el Gobierno Nacional, unos 500 kilos de insumos habían sido llevados este fin de semana, y se planeaba llevar más. Lo que explica la médica es que estos no solamente llegan al Hospital, sino también a otros sitios de atención que han tenido que ser adecuados.

Por lo pronto, son las ganas de servir las que mantienen en pie a los pocos médicos que se quedaron tras la tragedia, y la certeza de que su trabajo es el único que puede mitigar que la cifra de víctimas mortales siga creciendo.

También perdieron compañeros

Sebastián Vallejo, médico oriundo del municipio de San Francisco, en Putumayo, ya no trabaja en el Hospital José María Hernández. Fue allí donde hizo su rural, que terminó hace dos años, y desde entonces es médico general de la Brigada 27 del Ejército en Mocoa.

La noche del viernes, Vallejo acudió al hospital para apoyar con un paciente que se había complicado. Vive cerca, y por eso suele hacerlo. Cuenta que en ese momento llovía, pero fue mientras esperaba recibir al paciente que el aguacero arreció con más fuerza y ocurrió la tragedia. Entonces, comenzaron a llegar los heridos.

Como los fines de semana no trabaja en el Ejército, pudo dedicarlo a apoyar las labores de los médicos en el Hospital. “Llegaban pacientes de todo tipo: estables, con heridas leves, otros muy graves. Algunos fallecieron en el hospital, incluidos bebés y adultos mayores. La mayoría de los jóvenes si sobrevivieron”, cuenta.

Durante la noche de la tragedia, era poco el personal de guardia. Con el paso de las horas, fueron llegando más. Sin embargo, la “falta de información verídica” sobre la tragedia, así como los rumores que circularon por redes sociales, llevó a que algunos médicos que no son de la región, sino de ciudades como Cali, Armenia y Pereira, decidieran dejar Mocoa.

“Nosotros entendemos el temor de ellos, uno respeta las decisiones, pero el Hospital se quedó corto de personal anoche (domingo)”. Sin embargo, Vallejo cuenta que durante el fin de semana recibieron apoyo de personal médico de otros municipios del departamento como La Hormiga y Villagarzón.

Del lado del personal médico, pocos sufrieron pérdidas humanas, pues no muchos médicos que trabajan allí son mocoanos. La pérdida humana la sufrieron por el lado de sus compañeros. Dos jefes de enfermería del Hospital desaparecieron durante la avalancha, el viernes. En la tarde del domingo, fueron encontrados los cuerpos de ambas.

Después de las primeras horas, la intensidad del trabajo de atención a los heridos ha bajado, aunque los insumos hospitalarios siguen siendo insuficientes. Ha cambiado, además, el tipo de consultas. Quienes llegaron con heridas en las primeras horas, ahora están consultado por infecciones en estas, por lo que aumentó la necesidad de antibióticos.

Vallejo volvió este lunes a sus labores en el Ejército, pero, por supuesto, no es un día más. Se ha dedicado a apoyar la atención humanitaria en los albergues que la institución castrense ha dispuesto, y allí ha continuado con los cuidados de los sobrevivientes.

El Hospital José María Hernández es, “lastimosamente –como dice Sebastián–, el único que atiende urgencias en el municipio. Pero la atención en los albergues satélite que se han dispuesto ha permitido repartir mejor la carga de trabajo para que otros profesionales de la salud, como él, puedan ayudar a quienes todavía presentan situaciones delicadas de salud.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de ELTIEMPO.COM

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