Masturbarse en la oficina / Sexo con Esther

Masturbarse en la oficina / Sexo con Esther

Según una encuesta de 'Time Out New York', cuatro de cada diez trabajadores admiten haberlo hecho.

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Encontró que cuatro de cada diez trabajadores de oficinas admiten haberse entretenido consigo mismos en horas laborales.

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EFE

21 de enero 2017 , 11:54 p.m.

“No empecé a disfrutar del sexo hasta que empecé a masturbarme”, le dijo la actriz Eva Longoria a la revista ‘Self’, al punto de que reconoció que antes de comprar su primer vibrador, hace tres años, los asuntos del departamento inferior del cuerpo eran algo secundario.

“Es una pena no haberlo descubierto antes", insistió; además de reconocer que lo mejor que les puede regalar a sus amigas son los orgasmos prodigados por los consoladores que –generosamente– les entrega en forma de tiernos conejitos.

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El asunto es que aunque la autosatisfacción ha perdido un poco de vergüenza y, en ocasiones, se asoma en público, lo cierto es que sigue percibiéndose como una práctica aceptable en los señores, pero en nosotras continúa como algo exótico, curioso y tabú; tanto que aún nos damos nuestros toques con el recelo de quien comete un pecado mortal.

Tal vez por eso, siempre, el ‘yo con yo’ estuvo conminado a la intimidad de las personas y, consecuentemente, a sus espacios más reservados; sin embargo, una reciente encuesta hecha por el portal ‘Time Out New York’ comprobó que, poco a poco, se ha aclimatado en los sitios de trabajo.

De hecho, encontró que cuatro de cada diez trabajadores de oficinas admiten haberse entretenido consigo mismos en horas laborales. Distracción que, valga decir, no está reservada para señores audaces y transgresores, sino que por igual mujeres y homosexuales se rinden a la tentación de sus propias manos en baños y hasta en su propio escritorio.

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Las razones para justificar este onanismo ocupacional son variadas y van desde la simple necesidad de darse placer y calmar el estrés hasta la búsqueda de relajación y mayor concentración para cumplir mejor con las tareas, sin dejar de lado otras excusas como enfrentar la resaca, espantar el tedio y retar la disciplina y el orden en empresas con autoridad vertical.

Ahora, si todo esto se relaciona con los beneficios que para el cuerpo significan el aumento de las endorfinas y la sacada en estampida de las hormonas del estrés que deja una buena masturbada, se entiende por qué algunos expertos de la sicología empresarial, como Mark Sergeant, de la Universidad de Nottingham, recomiendan que los trabajadores hagan pausas para masturbarse como una forma de premiar su trabajo.

La verdad, no me suena descabellado, siempre y cuando no incomode a nadie, se mantenga como una práctica íntima y no interfiera para nada con la actividad laboral. En otras palabras, que la masturbación en el trabajo siga como hasta ahora ha sido: una pausa activa, pero en privado. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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