Mosquito, asesino letal

Mosquito, asesino letal

Entre 750.000 y más de un millón de personas mueren cada año a causa del insecto.

750.000 personas están falleciendo cada año a causa de los mosquitos

Los científicos de la compañía control de insectos Oxitec han conseguido una disminución en enfermedades al modificar a los mosquitos genéticamente.

Foto:

123rf

06 de julio 2017 , 07:42 a.m.

El mayor asesino del mundo es una diminuta criatura con habilidades inauditas para encontrar a sus presas, dedicado exclusivamente a maltratar la existencia de todas las personas sin ningún tipo de distinción: el mosquito.

“Aunque la OMS calcula que los muertos ocasionados por mosquitos son 750.000, otras fuentes como la Universidad de Queensland aseguran que la sola malaria podría dejar 1,2 millones (más del doble de las ocasionadas por ataques entre humanos) de fallecimientos de los cuales cerca de 500.000 no se registran por diferentes factores, incluido el hecho de que muchas ocurren en países sin sistemas de información y carentes de estructuras sanitarias sólidas”.

Estos animales pertenecen a tres familias, los quirónomidos, los tipúlidos y los culícidos, que la gente agrupa sin distinción bajo el apellido de mosquitos en razón a que vuelan y zumban, a pesar de que solo los culícidos son los que pican y molestan.

Emparentados de lejos con las moscas y los tábanos, estos bichos normalmente se domicilian en zonas húmedas porque para que sus huevos se reproduzcan tienen que estar sumergidos en aguas limpias y preferiblemente quietas, en donde empiezan un ciclo de vida que puede durar varias semanas.

Entre la familia de los culícidos (los que pican) hay especies entre las que se destacan el anófeles que trasmite la malaria, el aedes, que transporta los virus de la fiebre amarilla, el dengue, el chikunguña y el zika, y el culex, otro mosquito que acarrea amigablemente al virus del Nilo y el de la encefalitis japonesa.

Todos, a decir verdad, muy especializados para brindarles a estos microorganismos un ambiente favorable sin que ellos se enfermen.

Pero aquí hay que dejar en claro que las únicas que pican y que se alimenta de sangre son las hembras (los machos chupan néctar y jugos de las frutas) y lo hacen para mantenerse fértiles, por eso pican antes de poner los huevos. El problema es que al hacerlo dejan los virus que cargan y chupan los que corren por la sangre de la víctima, perpetuando el ciclo que propaga las enfermedades.

Ataque que no falla

Estas hembras están equipadas con herramientas tan sofisticadas para atacar que resulta casi imposible librarse de ellas. Para empezar tienen los sensores más evolucionados que detectan sustancias emitidas por la piel y la boca de sus víctimas, y que al ser captadas acondicionan todos los sentidos del minúsculo díptero de tal forma que el ataque sea cien por ciento efectivo.

La estrategia es de un grado mayúsculo de perversión, pues se basa en percibir el gas carbónico que todos los seres vivos emiten al respirar. Cuando la hembra lo advierte a distancia es como si un interruptor la estimulara a buscar a su presa, los demás sentidos la van orientando hasta que encuentra el vapor de agua que también sale por la respiración con lo que confirma que está ante un elemento vivo y de sangre caliente, lo que reafirma con sus ojos compuestos con los que ve los rayos infrarrojos, al punto que la certeza de la acción es absoluta.

Por si fuera poco y para que todas las picaduras no se concentren en la cara o alrededor de la boca o la nariz, estos insectos tienen también la capacidad para detectar sustancias que se liberan por la piel como el sudor, las hormonas, algunos perfumes que garantizan que el aterrizaje sea perfecto y en una zona descubierta. Total, frente a ellas no hay escapatoria.

Para completar, al picar inoculando una sustancia que además de impedir que la sangre se coagule, moviliza las defensas en el cuerpo de la persona afectada, entre ellas la histamina que hace que se formen ronchas y con ellas unas inevitables ganas de rascarse y seguirse rascando.

Mortal sí es

Pero no son las incomodidades, las molestias y las malas noches que estos insectos les producen a millones de personas cada día por lo que se estudian, sino por el número creciente de personas que mueren y que padecen enfermedades transmitidas por ellos. Una mirada superficial deja ver, por ejemplo, que solo el año pasado se presentaron 212 millones de casos de malaria –cuatro veces y media la población colombiana–, de los cuales 429.000 murieron y en todos el vector fue el mosquito anófeles, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Por su parte, su primo el Aedes deja, mal contados anualmente, 190.000 casos graves y 60.000 muertes por fiebre amarilla; 3,2 millones de enfermos y cerca de 1.500 fallecidos por dengue; 215.000 afectados por zika, solo en América; 146.000 casos confirmados de chikunguña, también en la región. Y qué no decir de culex, que ha llegado a comprometer hasta 1.200 personas con virus del Nilo y dejado a su paso 114 muertes por alteraciones neurológicas (Consulte nuestra infografía aquí).

Pero el riesgo no para ahí. De acuerdo con un reciente reporte de la revista Nature existen al menos un centenar de virus haciendo fila para tomar asiento en estos vectores y empezar a infectar gente con males nuevos, en un escenario en el que lo único que falta es que las condiciones climáticas y ambientales sean las adecuadas para entrar en acción.

Por todo eso, Discovery Channel estrena este jueves para 220 países la serie Mosquito con el objetivo de dar a conocer de cerca a esta pequeña máquina de matar y alertar a la humanidad sobre esta amenaza.

El trabajo, que cuenta con participación de los expertos más reconocidos en el mundo sobre este tema, así como el fundador de Microsoft y copresidente de la Fundación Bill & Melinda Gates, Bill Gates, se presenta como el documental más completo y didáctico hecho sobre los mosquitos hasta hoy.

Fuentes:
https://hipertextual.com/2015/08/mosquitos. Organización Mundial de la Salud (OMS). Campillo, S. ‘Todo lo que no sabías sobre los mosquitos’.

Cifras anuales

Anófeles: 212 millones de casos de malaria y
429.000 muertes.
Aedes: 190.000 casos graves y 60.000 muertes por de fiebre amarilla.
3,2 millones de enfermos y cerca de 1.500 fallecidos por dengue;
215.000 afectados por zika, solo en América;
146.000 casos confirmados de chikunguña, solo en América.
Culex: 1.200 casos por virus del Nilo.
114 muertes por alteraciones neurológicas.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS) y Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Serie didáctica para conocer más

El médico Julio Frenk, voz oficial del documental Mosquito, habla de los peligros de estos insectos.

¿Cómo empezó el ser humano a relacionarse con los mosquitos?


Los mosquitos estaban en la Tierra mucho antes que los humanos y son estos últimos al agruparse en aldeas y conglomerados que invaden los espacios que antes solo eran ocupados por estos insectos, que a partir de ese contacto permanente empiezan a evolucionar y a adaptar su necesidad natural de preservarse a las favorables condiciones de alimentación que les brinda la sangre humana.

¿Cómo se convierten en vectores de virus y parásitos?


Como los moscos se alimentan de sangre, llega el momento en que los virus que necesitan de las células humanas o de otro animal para reproducirse y multiplicarse encuentran en estos insectos hematófagos la forma más fácil de llegar a ellas y multiplicar su acción pasando de un cuerpo a otro. Para eso convierten a los moscos en huéspedes que no se enferman con esta relación y hasta les inducen cambios funcionales y anatómicos para potenciar su acción.

¿O sea que los virus logran cambiar a los mosquitos?

Así es, y lo logran a través de procesos muy largos en los cuales mosquitos y virus consolidan una relación simbiótica. Se ha demostrado que algunos mosquitos han sufrido modificaciones en su aparato de succión para limitar la sangre que chupa en cada picadura, por lo que se ve obligado a picar varias veces para quedar bien alimentado y de paso, transmitir más virus. Además los moscos son utilizados como verdaderos reservorios de virus en épocas en la que la transmisión no es favorable, como en ciertas épocas del año.

¿Por qué es tan difícil controlarlos?


Porque estos vectores están muy bien integrados en los ecosistemas de las regiones en las que habitan. De ahí que la invasión de dichas áreas por los humanos sea uno de los factores más importantes para la dispersión de enfermedades. En otras palabras, la colonización de bosques, la urbanización de zonas tropicales y las talas sin control hacen parte de estos factores.

¿Incide el cambio climático?

Estos insectos son muy sensibles a las temperaturas de sus hábitats naturales que por lo general son cálidos y húmedos. En ese sentido, si las temperaturas se elevan, y a eso se suman otras condiciones, las posibilidades de que los mosquitos empiecen a vivir en zonas donde antes no existían es muy alta. Ya se observan brotes de dengue trasmitido por el Aedes en altitudes de 1.600 metros, algo imposible hace unas décadas.

También influyen la globalización de los desplazamientos y el comercio que permiten el transporte no intencionado de vectores a sitios donde pueden encontrar las condiciones propicias para desarrollarse. De igual forma influyen técnicas agrícolas con riegos y las costumbres humanas en el manejo de escombros y utensilios en los que se pueden depositar aguas lluvias o la falta de limpieza de estanques, tanques, piscinas y reservorios de agua, donde las hembras ponen los huevos y las larvas de estos moscos crecen sin control. No hay que dejar de lado la pobreza, el hacinamiento y la presencia no planificada de asentamientos en zonas de riesgo.

¿Se pierde la batalla?

Hay avances. Al conocerse más hay mayores posibilidades de control, hay insecticidas específicos, se han desarrollado medidas biológicas, hay vacunas y tratamientos contra algunos males de los que transmiten y hay mayor conciencia y compromiso por parte de las autoridades sanitarias. Pero hay mucho por hacer.

¿Qué le aporta a la gente el documental ‘Mosquito’?

Conocimiento y la posibilidad de familiarizarse con los mosquitos de una forma didáctica, con la idea de que a partir de esta ilustración se entienda que cualquier persona puede aportar con medidas elementales a controlar la expansión de estos insectos. También permite conocer los retos, avances y compromisos de expertos y de organizaciones que se dedican a buscar maneras de enfrentar esta amenaza.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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