Los polvos frecuentes no son adicción / Sexo con Esther

Los polvos frecuentes no son adicción / Sexo con Esther

Mientras no interfieran con la vida normal de la gente, son el mejor aliado para el bienestar.

Articulo flavia

A la cama se va sin culpas. Lo que sí obliga a buscar ayuda es la escasez de catre, no lo contrario.

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123RF

06 de mayo 2018 , 12:25 a.m.

Tener ganas de ir a la cama con frecuencia es una condición normal y más cuando se va sin restricciones y sin ningún tipo de culpa. Digo esto porque en medio de la mojigatería y la mala información, las funciones sexuales, tan naturales como las demás, tienden a ser reguladas y hasta censuradas y sometidas a control cuando se apartan de unos parámetros definidos con una arbitrariedad suprema.

Nadie ha fijado el número de polvos que se deben tener por semana, como tampoco se han listado los daños que se desprenden de una vida generosa sobre el catre. Nada de Aquí lo he dicho sin tapujos: a más sexo, mayor bienestar. Una sentencia que, además, tiene suficientes soportes académicos. Pensar lo contrario es una soberana insensatez.

Sin embargo, parece que esta buena práctica es recibida en algunos círculos que insisten en lanzar al talego de los enfermos a todos los que les dan uso frecuente a la dotación genital, al punto etiquetarlos como enfermos mentales.

Adictos al sexo, ni más ni menos. Así son clasificados los fogosos bajo las sábanas, sin que tengan el socorrido derecho a la réplica y sin determinar el estatus que cada persona le ha dado a su sexualidad dentro de un contexto vital. En otras palabras, solo por hacerlo más veces que el promedio son vistos como anormales.

Esto es absurdo, porque solo hasta el año entrante la Organización Mundial de la Salud determinará si en verdad existe la adicción al sexo. Y vale destacar que mientras los polvos no interfieran con la vida normal de la gente, son el mejor aliado para el bienestar.

Claro, habrá casos que caen en el plano de las compulsiones, pero eso es otra cosa; además, esos casos están muy bien definidos por los que sí saben de trastornos mentales y no por advenedizos y moralistas. Lo que hay que rechazar es la estigmatización del sexo pleno y la oferta creciente de programas y terapias orientadas a mermar las ganas, bajo la tonta idea de que hay que curar una adicción. Ya es hora de atajar a quienes se escudan en una supuesta enfermedad para justificar sus desafueros infraumbilicales, como Harvey Weinstein, Kevin Spacey o Tiger Woods, que encuentran refugio en clínicas de desintoxicación sexual para evadir sus malos comportamientos.

Que el sexo sea utilizado por antisociales es muy distinto a creer que la sexualidad sea antisocial. Meras tonterías. Deberían saber que lo que el mundo requiere son más y buenos polvos, por lo que hay que fomentarlos en condiciones sanas y gratas y no cercenarlos a punta de flojas teorías.

A la cama se va sin culpas. Lo que sí obliga a buscar ayuda es la escasez de catre, no lo contrario. Hay que dejar la mojigatería.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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