Las bromas y las risas también son buenos remedios

Las bromas y las risas también son buenos remedios

La evidencia científica ha comprobado que reírse impacta positivamente en la salud de las personas.

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Varios estudios han demostrado que reírse de sí mismo favorece la salud mental de las personas.

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Archivo EL TIEMPO

27 de diciembre 2016 , 04:43 p.m.

Hoy es 28 de diciembre –día de los inocentes– y por eso es una buena oportunidad para hablar del humor, esa capacidad, exclusivamente humana, de reír ante ciertas situaciones y que hace la vida más ligera y llevadera por tener implícita una actitud juguetona que aleja las preocupaciones y las emociones tóxicas, según se ha demostrado.

De hecho, se ha probado que el sentido humorístico responde a un valioso mecanismo que se asienta en una región cerebral que se comporta como una “central de detección de errores” y que entra en acción cuando las historias y el lenguaje que procesan las neuronas toman un giro absurdo o inesperado.

Al parecer, cuando esta zona –ubicada entre los dos hemisferios– detecta lo extraño o lo equivocado, sincroniza lo lógico con lo ilógico en las narraciones y señala el error, por lo cual obtiene un especie de recompensa a través de la liberación de dopamina que se traduce en una sensación emocional de regocijo y se somatiza en forma de risa o carcajadas.

Lo grato es que este mecanismo es innato en los seres humanos y se expresa de igual forma en todas las culturas y en todas las edades. “La risa significa alegría y felicidad universalmente y en todas las épocas”, dice la investigadora de la Universidad de Navarra, Natalia López Moratalla, experta en el tema.

Reír es un remedio genuino

Pero el humor y el regocijo no solo benefician al cerebro, sino que impactan positivamente en todo el organismo. El mismo Sigmund Freud aseguraba que la risa libera las represiones inconscientes relacionadas con la sexualidad, la baja autoestima y el egoísmo. Del mismo modo, el padre del psicoanálisis consideraba el humor una defensa contra el sufrimiento, porque permite aligerar los “percances propios o del prójimo que no resultan trágicos tornándolos graciosos”, insistía.

Por otro lado, en opinión del neurólogo Gustavo Castro, el humor permite a las personas conectarse con el niño interno que todos conservan y que básicamente necesita jugar y divertirse.

Es llamativo, además de útil, saber que una broma, una carcajada y las risas genuinas promueven la actividad simultánea de 80 músculos (un verdadero ejercicio), además de estimular la producción de endorfinas, generadoras de placer y bienestar. Por si fuera poco, bajan la tensión arterial, alivian el dolor, disminuyen el estrés y favorecen el buen sueño.

Esto, sin contar que también mejoran las defensas, relajan los músculos, favorecen la memoria y el pensamiento creativo; aumentan la capacidad respiratoria; actúan en favor de la digestión, y fomentan las buenas relaciones interpersonales.

De ahí que la recomendación es reírse y ejercer el humor de manera amplia y genuina, sin olvidar que, si bien una forma de hacerlo es reírnos de los demás, la más beneficiosa es cuando nos reímos de nosotros mismos, porque se ha demostrado que eso impacta más en términos de salud mental.

Las mujeres necesitan un poco más para reír

Los componentes cognitivos del humor son similares en hombres y mujeres, pero los aspectos emocionales en ellas son un poco más exigentes, dice la investigadora Natalia López. Por ejemplo, “a los varones, los absurdos les hace soltar carcajadas, mientras que a las mujeres no les suele hacer gracia y necesitan que, además, la situación sea divertida”, dice la científica.

También se ha demostrado que los adolescentes, con respecto a los adultos, tienen menos sentido del humor, porque para captar lo ilógico y lo absurdo es necesaria la intervención del lóbulo frontal, que madura un poco más tarde y hace que los jóvenes procesen las situaciones de manera desproporcionada y “esperan grandes recompensas de cosas que no son para tanto”, afirma López.

Muchas bromas, cerebro enfermo

Hace algunos meses, neurólogos estadounidenses describieron dos casos de ‘Witzelsucht’, un exótico trastorno psiquiátrico que impulsa a las personas a hacer bromas de manera incontrolada, al parecer como consecuencia de daños estructurales en algunas zonas del cerebro, entre las que se encuentran el núcleo caudado y las conexiones entre el lóbulo frontal y las áreas por debajo de la corteza cerebral.

Este trastorno estimula las bromas ridículas, pero falla al apreciar el buen humor de los demás.

Fuentes: ‘El humor cambia el cerebro’, Efesalud; ‘La risa, beneficios físicos y psicológicos’; ‘La mente es maravillosa’; ‘El chiste y su relación con el inconsciente’, Sigmund Freud (1905).

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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