Las hormonas, ¿un arma contra el envejecimiento?

Las hormonas, ¿un arma contra el envejecimiento?

Dos posiciones médicas sobre la terapia hormonal sustitutiva, conocida como (THS), en la vejez.

Tratamientos con hormonas

Como la vejez depende en gran medida del declive hormonal, un tratamiento enfocado en esta área podría mitigarla.

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123RF

01 de julio 2018 , 09:19 p.m.

El ser humano, como la mayoría de los seres vivos, está sometido a la senescencia programada, a envejecer una vez cumplida su función de reproducirse y criar a su descendencia. Haciendo unos simples cálculos podríamos concluir que esta función ‘impuesta’ por la naturaleza quedaría resuelta en torno a los 40 años.

Esa edad marca el umbral de la ‘vida libre de enfermedad’, a partir de la cual se produce un declive de la funcionalidad y comienzan los males relacionados con el envejecimiento: la enfermedad cardiovascular, el cáncer, la diabetes, la enfermedad neurodegenerativa y las del aparato locomotor; artrosis, osteoporosis y sarcopenia.

Son múltiples las teorías que intentan explicar este fenómeno. Teorías estocásticas (por causas aleatorias) y teorías deterministas (causas programadas). Pero ya sean aleatorias –como el cúmulo de desechos celulares o de radicales libres, las mutaciones genéticas y el deterioro inmunológico– o programadas –como la capacidad limitada de la multiplicación celular o la existencia de genes vinculados al envejecimiento y la longevidad–, el resultado final será el deterioro funcional, la enfermedad y la muerte. Sin embargo, el incremento de la media de esperanza de vida en los países desarrollados ha sido de unos 30 años en el último siglo.

Muchas mujeres nacidas a mediados del siglo XIX no llegaban a vivir en menopausia. Hoy, teniendo en cuenta la edad media de la menarquia (primera menstruación), en torno a los 12 años, y la edad media de la menopausia (retirada de la regla), en torno a los 48 años, la mayoría de las colombianas pasan más tiempo de su vida sin regla que con ella, y el tiempo de vida en menopausia se acerca a la vida fértil.

Si bien el hombre no sufre un cambio fisiológico tan acentuado como la menopausia y el término de andropausia es controvertido, no es menos cierto que acusa los efectos vinculados a la disminución de sus niveles hormonales, en lo que se denomina el síndrome de déficit androgénico del hombre adulto.

En el 2013, el profesor Carlos López Otín publicó en la revista 'Cell' el artículo que enumera las causas moleculares del envejecimiento que afectan a todas nuestras células somáticas. Por supuesto, las células de nuestro sistema endocrino también se ven afectadas y, por tanto, la producción de hormonas. En términos generales, los niveles de la mayoría de nuestras hormonas disminuyen con el envejecimiento, excepto el cortisol y la insulina. Algunas comienzan su declive en los 20, otras más tarde. Algunas sufren un declive sostenido de 1 o 2% anual, como la testosterona, y otras tienen una disminución brusca, como los estrógenos y la progesterona en la menopausia.

El resultado final será el deterioro funcional y la muerte. Sin embargo, el incremento de la media de esperanza de vida en los países desarrollados ha sido de unos 30 años en el último siglo

De cualquier manera, este declive hormonal se asocia a una serie de síntomas que son el espejo del envejecimiento: falta de vitalidad y energía, aumento del tejido graso subcutáneo y visceral, disminución de la masa muscular y de las capacidades físicas, disminución de la función sexual y la libido, sequedad vaginal, disfunción eréctil, piel y cabello finos y frágiles, labilidad afectiva, cambios de humor, dificultad para conciliar el sueño, sueño no reparador... Muchos de estos síntomas se revierten llevando (apropiadamente) los niveles hormonales a los rangos de normalidad de un joven.

En esta tesitura podría plantearse la terapia de optimización hormonal como un tratamiento antienvejecimiento, pero no es así. El proceso de envejecimiento seguirá adelante con o sin optimización hormonal. Lo que sí es cierto es que muchos signos que caracterizan el envejecimiento se pueden frenar con una adecuada optimización hormonal, lo que mejora la funcionalidad y la calidad de vida. Existen miles de estudios científicos que así lo avalan.

Otro tema es el efecto que este tipo de tratamiento podría tener sobre la evolución de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. ¿Las acelera, las frena o tiene un impacto neutro? A medida que se van acumulando evidencias científicas, la balanza se va inclinando a favor del efecto beneficioso.

Tras el gran impacto que produjo la publicación del estudio WHI (Women’s Health Initiative) en el 2002, que vinculó la THS (terapia hormonal sustitutiva) con un ligero incremento del cáncer de mama y de eventos cardiovasculares en menopáusicas, el tratamiento hormonal cayó en descrédito y se instauró entre médicos y pacientes una hormonofobia que todavía hoy persiste.

Lo que sí es cierto es que muchos signos que caracterizan el envejecimiento se pueden frenar con una adecuada optimización hormonal, lo que mejora la funcionalidad y la calidad de vida

Las hormonas utilizadas en aquel estudio no eran humanas, fueron estrógenos de yegua embarazada y el acetato de medroxiprogesterona. Ni los primeros ni el segundo tienen la misma composición molecular que el estradiol y la progesterona de los humanos.

Finalmente se comprobó que el incremento del cáncer de mama se produjo por el acetato y que el incremento de los eventos cardiovasculares en gran parte fue atribuido a una selección errónea de las participantes del estudio, mujeres de una edad media de 63 años (llevaban unos diez en menopausia) que no habían sido tratadas con THS y a las que no se les evaluó su estado de salud cardiovascular previo. Este incremento de patología no se ha comprobado cuando las hormonas utilizadas son las naturales de la mujer.

En el caso de la testosterona, el cáncer de próstata y la enfermedad cardiovascular en los hombres ha ocurrido algo similar. Desde el 2004, cuando el doctor Abraham Morgentaler publicó en el ‘New England Journal of Medicine’ el artículo ‘Risks of Testosterone-Replacement Therapy and Recommendations for Monitoring’, la asociación de la terapia con testosterona, el cáncer de próstata y la enfermedad cardiovascular ha dado un giro de 180 grados: de ser inductora a ser protectora.

Así las cosas, hoy son muchos los médicos y los pacientes, mujeres y hombres, que optan por una terapia de optimización hormonal para mantener o mejorar su funcionalidad y calidad de vida y prevenir las enfermedades relacionadas con el proceso de envejecimiento.

ÁNGEL DURÁNTEZ PRADOS*
EFE Firmas
* Doctor en medicina y cirugía. Titulado en Age Management Medicine en EE. UU. y pionero de su aplicación en España.
En Twitter: @DrAngelDurantez

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