La soledad, una peligrosa ‘enfermedad moderna’ que está en auge

La soledad, una peligrosa ‘enfermedad moderna’ que está en auge

Esto preocupa a psicólogos y médicos, porque es un factor de riesgo de muerte mayor que la obesidad.

Pensamientos e ideas

La gente no solo tiende a encerrarse aún más, sino que va achicando sus círculos sociales.

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123RF

02 de julio 2018 , 07:28 p.m.

‘Comer solo’, ‘Solos, juntos’ y hasta ‘Sexo con Shakespeare’ (título de un libro de Jillian Keenan, publicado en 2016) son los nombres de algunos capítulos del podcast ‘The Lonely Hour’ (‘La hora solitaria’), que hace algunos años creó la neoyorquina Julia Bainbridge, exeditora de ‘Bon Appétit’ y colaboradora de ‘Food & Wine’ y de ‘The Washington Post’, para hablar sobre lo que la aquejaba: sentirse sola en medio de una ciudad tan llena de vida como Nueva York.

En los audios se puede oír cómo se sufre al hacer la reserva en un restaurante para una persona y sentir, al otro lado del teléfono, una cierta incomodidad. Sentarse y tener que soportar que el mesero pregunte no una, sino dos y hasta tres veces: ‘¿espera a alguien?’. O ver cómo, cada tarde, la gente deja la oficina para reunirse con sus familias o amigos, mientras la persona sola se debate entre pasar a comprar un buen libro que lo acompañe o enchufarse a Netflix hasta atontarse. Y todo esto en un contexto en el que subyace un discurso que alaba la capacidad de estar solo, de ser independiente, de no necesitar a nadie, como una fortaleza deseable, moderna y ‘cool’.

“Hice este podcast para hablar abiertamente sobre la soledad y desestigmatizarla, pero también para bajarles el perfil a las supuestas bondades de estar solo”, explica Bainbridge.

El éxito de su podcast ha sido enorme. Miles y miles de personas, no solo en Estados Unidos, sino fuera de su país, la escuchan. Y las cifras explican el porqué: el informe General Social Survey, que en los años 80 mostró a un 20% de estadounidenses quejándose de soledad, hoy habla de un 40% de personas en esta situación.

Cifras y razones

En Colombia, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud, los hogares conformados por una sola persona pasaron del 9,5% en 2010 al 11,1% en 2015. Y un estudio de Consumertrack en las cuatro principales ciudades del país reveló que el 5,9% de los mayores de 12 años dicen vivir solos (especialmente entre los 26 y los 35 años) y que quienes más se inclinan a hacerlo son los hombres (7,9% frente al 4,8 de las mujeres). También, que el tema tiene mayor incidencia en las personas con un mayor nivel de estudios (el 15,9 % de quienes tienen un doctorado vive solo) y una mejor situación socioeconómica (9,3 % de los que pertenecen al estrato 6 dicen no vivir con nadie).

“Hoy, el proyecto de vida es algo personal, no colectivo. Se ha perdido el sentido comunitario. La gente se presenta como emprendedora de sí misma y lo que manda es el ‘sálvate solo’. En Europa hay oficinas de gobierno que se dedican a buscar a la gente que se muere sola en sus apartamentos, sin herederos, sin familiares”, cuenta Mariano Ruperthuz, psicólogo y director del magíster en Psicoanálisis de la Universidad Diego Portales, de Chile. Y agrega: “Vivimos en tiempos que Zygmunt Bauman describe como ‘modernidad líquida’, donde los vínculos son acuosos, poco sustanciosos”.

El tema es que la ciencia detectó hace rato que la soledad no es buena para el ser humano. John Cacioppo, (1951-2018), pionero de la neurociencia social, describía la soledad como “una condición psicológicamente debilitante, caracterizada por una profunda sensación de vacío, falta de valor y sensación de amenaza”.

Y todo esto en un contexto en el que subyace un discurso que alaba la capacidad de estar solo, de ser independiente, de no necesitar a nadie, como una fortaleza deseable, moderna y ‘cool’

Ruperthuz suma a esto la sensación de una vida sin legado ni significado. Mientras que la holandesa Jenny Gierveld, quien lleva años analizando el asunto, dice que la soledad tiene como base la frustración y se vincula con sentimientos de rechazo.

Pero ¿es tan malo tener pocos amigos, poca familia o entretenerse con uno mismo? ¿Quién no ha celebrado alguna vez la oportunidad de, al fin, tener un poco de tiempo para sí mismo?

“Hay momentos en los que uno quiere estar solo para poder reflexionar, descansar, planificar o analizar el momento de la vida en el que se encuentra”, anota Claudia Maggi, psicóloga y docente de la Universidad de los Andes (Chile). Y en este sentido la soledad es restauradora. El problema es que los especialistas en salud mental y física están convencidos de que la soledad, cuando se vuelve crónica, es peligrosa, e incluso, letal.

Nos enferma

El asunto es que la soledad viene en aumento y se estima que será una pandemia global para 2030. Entre otras razones, porque es contagiosa. Una investigación de Cacioppo, que siguió a más de cinco mil personas solas durante 10 años, confirmó que la gente no solo tiende a encerrarse aún más, sino que va achicando sus círculos sociales.

Desde su consulta en el centro de atención primaria de la Escuela de Medicina de Harvard, el doctor Jeremy Nobel advierte que los efectos negativos de la soledad tienen un alcance mayor que el sospechado. Nobel, quien es conocido en todo EE. UU. por ‘The UnLonely Project’ (iniciativa que busca atenuar el sufrimiento provocado por la soledad a través de la arteterapia), está convencido de que es urgente hacer algo para frenar su avance, pues esto “aumenta el riesgo de una muerte temprana”.

“Los más afectados –dice Nobel– son los adolescentes, en gran medida por la falsa comunicación que entregan las redes sociales; y los adultos mayores, quienes empiezan a ver morir a sus parejas y amigos”.

Según las investigaciones de la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, una de las figuras más destacadas a nivel internacional en el estudio de este tema según la revista ‘Psychology Today’, el no contar con vínculos significativos es un factor de riesgo mayor que la obesidad como predictor de muerte prematura y equivalente a fumar hasta 15 cigarrillos diarios. Otros estudios que ha recopilado con su equipo muestran que gente sola tiene más riesgo de morir de enfermedad cardiovascular, cáncer, enfermedades respiratorias y problemas gastrointestinales. La soledad también se relaciona con demencia senil y deterioro cognitivo: la gente sola tiene dos veces más posibilidades de desarrollar alzhéimer.

No contar con vínculos significativos es un factor de riesgo mayor que la obesidad como predictor de muerte prematura y equivalente a fumar hasta 15 cigarrillos diarios

Cacioppo tiene una teoría evolutiva para explicar por qué el dolor psicológico se expresa físicamente y termina por causar enfermedades. Según él, la colaboración entre seres humanos era vital para sobrevivir en tiempos en los que el que se quedaba solo era comido por un depredador. Hoy, cuando el hombre sobrevive por su cuenta, técnicamente no necesita a nadie y la amenaza de la soledad es más abstracta, pero el cuerpo reacciona a ella activando la respuesta del estrés que se relaciona inconscientemente con el riesgo de muerte. El fantasma del depredador aumenta el cortisol y reduce las endorfinas. La calidad del sueño empeora y se vuelve menos reparador, la presión arterial aumenta y las defensas del sistema inmune se debilitan, para orientar toda la energía del cuerpo para ponerlo ‘en guardia’.

“Nuestros estudios llegaron a la conclusión de que tanto la soledad (subjetiva) como el aislamiento social (objetivo) son predictores de una muerte temprana. Incluso si la gente no se siente sola, pero lo está”, subraya Timothy Smith desde Brigham Young University.

El asunto es que combatir la soledad es cada vez menos fácil en una sociedad en la que la comunicación está muy mediada por internet y las redes sociales, donde la conexión profunda con otros es más difícil.

Se trata sin duda de un problema complejo, pues la gente sola siente muchas veces que no tiene valor en la sociedad y eso hace más difícil que se atreva a salir de su ostracismo.

Parte de la solución pasa por la propia persona, por su decisión de trabajarse a sí misma para romper el círculo de la soledad. “Uno debe invertir tiempo en cuidar sus redes de amigos y también la familia”, dice Claudia Maggi, quien propone ir poniéndose metas simples, como llamar a los amigos cada cierto tiempo u obligarse a buscar encuentros.

Pero también está la parte del entorno familiar y social, que debe y puede ayudar mucho. Y estas son las conversaciones que, como sociedad, necesitamos comenzar a tener.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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