Hacer la paz pensando también en los niños / Opinión

Hacer la paz pensando también en los niños / Opinión

Aprendar a aceptar las diferencias, entre otros ejemplos, puede estimular una convivencia en paz.

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Una de las mejores maneras de enseñar es a través del ejemplo.

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Jaime Moreno

20 de septiembre 2016 , 06:42 p.m.

Este miércoles se celebra el Día Internacional de la Paz, conmemoración más que oportuna para pensar maneras diferentes que aporten a avanzar en este proceso, que con seguridad va más allá de la votación por el plebiscito de octubre.

La paz es uno de los valores más importantes con los que contamos en cualquier sistema social organizado; es una de las condiciones básicas de convivencia.

Un país en paz permite a sus ciudadanos vivir de manera agradable, tranquila y desarrollar sus potencialidades. En general, las personas prefieren vivir en paz; esto incluye a los niños, que sienten satisfacción cuando arreglan un problema por las buenas, hacen las paces o se vuelven a contentar con los amigos después de una pelea. Llevarse bien con los demás es algo deseable para pequeños y jóvenes.

Construir como debe ser una cultura de la paz y sus principios asociados, como la tolerancia, el respeto, la solidaridad y la confianza, es el mayor desafío, al tiempo que la mejor oportunidad educativa que tenemos en este momento histórico padres, profesores y líderes políticos.

Los valores sociales se aprenden de manera temprana a través de una compleja dinámica de socialización que comienza con el nacimiento, cuando el niño entra en contacto con otros, y continúa a lo largo de la vida. Este proceso de enseñanza-aprendizaje, que además ocurre en doble vía, de los adultos hacia los pequeños, pero también de estos hacia los grandes, exige poner en práctica muchas maneras de intervenir en forma positiva y eficaz.

Una de ellas es través del ejemplo, cuando les mostramos con nuestras acciones que las relaciones con los demás no son siempre fáciles, que no se trata de no tener conflictos, discutir, pensar diferente, enojarse o ponerse bravo, sino de no usar la violencia para arreglar esas diferencias.

Si ven que cuidar al otro y reconocerle, aun en la diferencia, su dignidad y sus derechos es algo que hacemos cotidianamente, estaremos usando un poderoso recurso para estimular el desarrollo de comportamientos de paz.

Pero si además les enseñamos estrategias para manejar proactivamente las emociones, les generamos experiencias en las que puedan poner en práctica habilidades como la empatía, la solidaridad, la confianza o la comprensión.

Si les mostramos a través de diferentes recursos (conversaciones, cuentos, historias inspiracionales, películas) las ventajas de la reflexión, de las reacciones pacíficas, del buen trato o la resolución asertiva de los conflictos, les estaremos transmitiendo el mensaje de que la paz es un permanente ejercicio de acciones que hacen la diferencia y que, sumadas, contribuyen a un mundo más seguro y amable.

MARÍA ELENA LÓPEZ
Psicóloga de familia

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