La cama es la sal de la vida / Sexo con Esther

La cama es la sal de la vida / Sexo con Esther

Esa magia de la atracción debe mantenerse a pesar de que el tiempo pase al lado de la misma persona.

Prohibiciones absurdas en EE. UU. ¡Las armas sí están permitidas!

No se necesita un viaje romántico o llenar la cabeza de fantasías para levantar el ánimo en el catre.

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123RF

09 de junio 2018 , 10:00 p.m.

Sin polvos la vida es triste. Esa magia de la atracción y las ganas de ir a la cama deben mantenerse a pesar de que el tiempo pase al lado de la misma persona.

Cuando los polvos escasean –hay que decirlo– las parejas se distancian y las relaciones pueden deslizarse por un tobogán tedioso, a pesar de que esta situación puede atenuarse o prevenirse de manera fácil.

Para empezar, aquí no se necesita un viaje romántico, una escapada a lugares insólitos o llenar la cabeza de fantasías para levantar el ánimo en el catre. Nada de eso. De lo que se trata es de redescubrir al otro, a punta de caricias, de recuperar olores, de encontrar los relieves de los cuerpos y detenerse en ellos, de mirarse a los ojos, de dejar salir las palabras y, en últimas, de sentirse y aceptarse con buena disposición.

Para eso hay que sacar un rato, dejar los trastos afuera y tomar en serio la tarea de buscar las ganas que, si bien están refundidas, se dejan encontrar si hay voluntad para ello.

Una siesta sin ropa, un buen masaje, poner en contacto la piel y dejar que las manos actúen. Tal como lo recomienda sin rodeos Mila Cahhúe, de la Universidad Autónoma de Madrid y autora del libro 'Amor del bueno'. Todo para invitar al cuerpo para que produzca oxitocina, esa hormona amigable que se asoma a punta de caricias genuinas.

De igual forma, muchos estudios han demostrado que las mujeres que hablan de sexo con sus parejas lo practican más, son más orgásmicas y sienten más placer que las que se quedan calladas, lo que convierte a las palabras en buenas aliadas de la cama si se usan como debe ser.

No sobra una visita en pareja a un sex shop, escoger un juguete y usarlo en compañía y empezar, de una vez por todas, a oler sobre la mesa los gustos, las preferencias, los miedos y hasta las prevenciones y preocupaciones sobre el aquello, con el fin de darle al sexo el papel vital que cumple en la existencia de todos.

Mejor dicho, los buenos polvos pueden retornar si ustedes se lo proponen, no dejen que se escapen por el desagüe. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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