Las gripas y las lluvias vienen muy de la mano

Las gripas y las lluvias vienen muy de la mano

Defensas bajas, virus y mayor circulación de estos en espacios cerrados, consecuencias del invierno.

Las gripas y las lluvias vienen muy de la mano

4 millones de casos, según la OMS, las epidemias de gripas graves causan al año en todo el mundo ese número de pacientes,

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Archivo particular

28 de marzo 2017 , 05:48 p.m.

“No se moje porque se resfría”, me decía mi tía Efigenia con la certeza de que la lluvia y el frío son los causantes de la gripa, a tal punto que se aperaba de una dotación de pastillas, aguas, bufandas y pañuelos en las épocas de invierno, porque aseguraba que “con los truenos llega el catarro”.

Mi tía, valga decirlo, no tenía ningún argumento distinto al de ver que mucha gente cercana –incluida ella misma– se ‘apestaba’ en los meses con más lluvias. Claro, sin desconocer que a esta ‘teoría’ observacional no le han faltado hipótesis, entre las que sobresale esa que dice que la gripa pulula en invierno porque la gente se encierra y los niños se apiñan en jardines y escuelas, lo que facilita el paso de los virus de unos a otros. Otros consideran que con el frío y el cielo nublado, la ausencia de sol provoca que el organismo produzca menos vitamina D y melatonina (hormona que regula los ciclos de día y de noche), con lo que se empujan las defensas hacia abajo, dejando al cuerpo a expensas de cualquier germen.

Sin embargo, pese a resultar lógicas, estas explicaciones no son del todo convincentes. Así que la ciencia se ha preocupado por averiguar qué hay detrás de la premisa fáctica de mi tía Efigenia, quien al ver que en abril llovía tanto por estos lares, ajustó el viejo adagio y decía: “En abril, gripas mil”.

Virus se reproducen en el frío

Un artículo publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que durante el invierno hay más infecciones respiratorias porque a diferencia de otros virus, los de la gripa –como el rinovirus– no pueden reproducirse por encima de los 37 grados centígrados –la misma que tiene el interior del cuerpo–, pero sí lo logran de maravilla entre los 33 y 35 grados, que es justo el rango al que puede llegar una nariz que se expone por unos minutos al aire frío y a la humedad. A lo anterior se suma, de acuerdo con la coautora del estudio, Ellen Foxman, una disminución en la velocidad de respuesta y en la eficiencia de las defensas del cuerpo cuando este se enfrenta al frío. “Se comprobó que el frío provoca un bajón en la actividad de las células que fabrican sustancias para defenderse de los virus respiratorios, por lo que pueden progresar”, dijo Foxman al anunciar sus hallazgos.

Cambios bruscos de temperatura

La investigación también comprobó que el sistema de defensas del cuerpo tiende a adaptarse en el frío y a mejorar sus condiciones de respuesta, pero este mecanismo se pierde con los cambios bruscos de temperatura. Esto se presenta en épocas invernales en las que las personas pasan de sitios tibios a fríos en poco tiempo, sin esperar que el organismo complete esta adaptación.

Menos sangre

Por su parte, la Universidad de Cardiff (el Reino Unido) coincidió con lo de las defensas bajas por el frío, y agregó que cuando la temperatura baja se contraen los vasos sanguíneos de la nariz y la garganta, que llevan las células y anticuerpos que repelen infecciones.

“Cuando estás llegan, puede ser demasiado tarde, porque los virus que habitan la nariz pueden tener el tiempo necesario para replicarse y producir los síntomas”, concluye el estudio.

Virus más estables

Peter Palese, investigador y director del Departamento de Microbiología de la Escuela de Medicina de Monte Sinaí (EE. UU.), descubrió que los virus responsables de las gripas son más estables entre los 5 y 10 grados centígrados y cuando el aire tiene un 20 por ciento de humedad; “es decir, cuando llueve, por lo que es más probable que los virus se transmitan con facilidad, incluso en la calle”, dice el profesor.

Células más quietas

También se ha comprobado que cuando hace frío, las cilias, esas pequeñas vellosidades que tapizan las fosas nasales y las vías respiratorias y que barren hacia afuera elementos extraños, pierden movilidad y eso favorece que los microorganismos puedan llegar más lejos dentro del cuerpo, con lo que se debilita el primer mecanismo de defensa a ese nivel y los síntomas empiezan en poco tiempo.

Las anteriores, si duda, son respuestas que validan el conocimiento empírico de mi tía y que refuerzan, con mucho, su imperativo: “No se moje porque se resfría”.

Cómo mantener a raya la gripa

Abríguese. Demostrado está que el frío baja las defensas y lo deja expuesto a la acción de los virus que viven en su nariz.

Evite. Los cambios bruscos de temperatura son malos. Procure que los ambientes de trabajo y el hogar no sean exageradamente calientes en comparación con los exteriores. Cuando se vaya a exponer al frío, el uso de una bufanda o de un pañuelo en los primeros momentos es una buena recomendación.

Lavado. La limpieza permanente y exhaustiva de las manos es un buen aliado para evitar y controlar la transmisión de los virus.

Limpie. Lavar bien la nariz con suero fisiológico tibio ayuda a que los virus no se multipliquen y las defensas actúen mejor.

Tapabocas. Si está en presencia de personas con síntomas o usted tiene un cuadro gripal, use un tapabocas mientras esas condiciones desaparecen.

Ventile. Permitir la circulación del aire en espacios cerrados atenúa la concentración y la transmisión de virus.

Hidrátese. Mantener una buena hidratación evita que las secreciones se concentren y tiendan a permanecer por más tiempo en el cuerpo, y con ellas, los microorganismos.

No fume. Evítelo por siempre. La falta de oxigenación y la aspirada del humo promueven la acción de los virus.
Duerma. Siete horas de sueño pueden reparar su cuerpo y fortalecer las defensas.

Por último. Mantenga una dieta equilibrada, no tome medicamentos por su cuenta pero sí acuda a los remedios caseros y al caldito de pollo, mientras los molestos síntomas se van solos.

Carlos Francisco Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO

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