La huella de los zapatos en su salud

La huella de los zapatos en su salud

Sufrir por el calzado puede causar problemas. Escoja siempre bien para no tener molestias.

Zapatos

Las superficies de apoyo tienen que ser blandas y no deben quedar espacios entre ellas y la planta del pie.

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EL TIEMPO

03 de octubre 2017 , 06:30 p.m.

Un adulto camina, en promedio, entre 5.000 y 8.000 pasos al día, que, mal contados, serían 1,5 millones de pasos cada año. Todo lo hacen los pies, que, con sus 26 huesos, 33 articulaciones y 107 ligamentos cada uno, permiten, además del movimiento, garantizar la estabilidad al cuerpo y soportarle el peso, un trabajo que se realiza, valga decir, sin poner ningún problema.

Olga Lucía Estrada, médica fisiatra experta en ejercicio, dice, sin embargo, que la salud de los pies no es una prioridad para la mayoría de las personas, tanto que se maltratan de manera inconsciente y solo se toman en cuenta cuando aparecen síntomas como dolor e inflamación o, incluso, deformidades.

Según la especialista, el principal maltrato empieza cuando se meten entre calzado inadecuado por motivos de desconocimiento o moda. “Se intenta adaptar la delicada estructura del pie a la forma de un zapato y no al revés, como debería ser”, afirma. Y esto es tan común y tan desconocido que, según María Fernanda Pérez, jefa de Fisioterapia del Hospital Universitario San Ignacio, cuando la gente presenta callosidades, dolores severos, cambios en la estructura o, incluso, incapacidades para andar por problemas en sus pies, en lo último que piensa es en que las características de sus zapatos pueden haber sido el origen de esas molestias.

“A esto se suma –dice Estrada– que pocos conocen qué tipo de pie y pisada tienen, por lo que, sin ninguna precaución, terminan utilizando calzado inapropiado que puede aumentar el riesgo de deformidades adquiridas, malos apoyos y otras lesiones en estructuras como la rodilla, la cadera y la columna.

Moda, sí, pero...

Y aunque los zapatos fueron inventados para proteger y facilitar el funcionamiento del pie, no hay que desconocer que tienen una relación directa con la moda, que, en palabras de Fausto Rojas, jefe de Rehabilitación del Hospital San Ignacio, termina desplazando el papel funcional de estas prendas de vestir y se convierte en un generador de problemas pocas veces identificados. Estrada expone, en ese sentido, que las mujeres tienen cuatro veces más problemas que los hombres por culpa de los zapatos de tacón alto y mal adaptados.

¿Qué es un zapato adecuado?

Pérez asegura que aunque lo ideal sería que los zapatos estuvieran diseñados y elaborados sobre medidas y en armonía con las características de cada pie y pisada, esto se reserva solamente para pacientes que tengan algún tipo de patologías, por lo cual existen ciertas normas generales que se deben tener en cuenta a la hora de adquirir un zapato. Entre ellas, que deben ser amplios, con la punta redondeada y que no aprieten los dedos unos contra otros. Los materiales deben ser blandos, que no generen áreas de presión y estén exentos de costuras internas.

Las superficies de apoyo tienen que ser blandas y no deben quedar espacios entre ellas y la planta del pie. El contrafuerte debe ser sólido, adaptado al talón y no permitir desplazamientos. El tacón, tanto para hombres como mujeres, no debe exceder preferiblemente los 4 centímetros. Esto causa una distribución simétrica del peso del cuerpo entre las partes posteriores y anteriores del pie.

El zapato no debe doblarse de la punta al talón y un enfranque que le dé consistencia de adelante hacia atrás. Debe evitar que queden sueltos y que los dedos tengan que realizar la tarea de mantenerlos en su sitio.
Al comprarlos, mídaselos, pruébelos en ambos pies y camínelos en la tienda por lo menos un minuto, antes de llevarlos. Adquiéralos preferiblemente por la tarde, pues con el transcurso del día el pie aumenta de tamaño.

Chanclas o sandalias

Al estar sueltas, si se usan de manera frecuente pueden inflamar la fascia plantar (ligamento plano), producir dolor en los talones o en el empeine y, por la ausencia de tacón, tensionar los tendones de la parte posterior de la pierna (talón de Aquiles), además de producir lesiones entre los dedos, donde se apoya el único elemento de soporte. No son recomendables para tiempos prolongados porque no garantizan la estabilidad y la amortiguación necesarias para caminar correctamente.

Tacones

Al elevar el tacón de manera exagerada, el cuerpo desplaza su centro de gravedad hacia adelante, lo que lo que hace que el peso se distribuya de manera desproporcionada hacia la punta del pie. Se sabe, por ejemplo, que por encima de los 4 centímetros los dedos tienen que resistir casi el 60 por ciento del peso del cuerpo, sobrepasando de manera significativa el 50 por ciento que debería resistir. Esto conlleva dolor, cansancio, retracción en los músculos de la pierna y la rodilla y en casos extremos, dolores en toda la espalda.
De acuerdo con los expertos, los zapatos con tacones por encima de ocho centímetros no son recomendables.

Zapatos planos

Carecer de tacón, aunque el calzado esté bien sujeto y sea amplio, como es el caso de las abuelitas, alpargatas, cotizas o babuchas, no es lo más recomendable porque se impide que la presión se reparta entre el talón, el antepié y los dedos, y puede hiperextender las rodillas y presionar en la parte de atrás del pie, con el consecuente dolor y otras alteraciones musculares en las piernas.

Botas

En sí no son un tipo de calzado específico, porque pueden ser planas, de tacón alto, casuales o, incluso, deportivas. Y con eso tienen los mismos efectos, excepto que tienen un medio de sujeción por encima del tobillo.

Zapatillas de deporte

Estas se acercan a las necesidades anatómicas. Materiales, zonas de apoyo, elevación del talón y amortiguación brindan estabilidad que contrarresta la propiedad de los pies para adaptarse al terreno, equilibrar las articulaciones y evitar lesiones.

Zapatos casuales

En los últimos tiempos se ha encontrado un punto medio entre el zapato habitual y el deportivo, que, por un lado, permite diseños con materiales convencionales y, por otro, las adaptaciones del calzado deportivo. Son opciones adecuadas para el uso diario y posibilitan desplazamientos prolongados cómodos.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO
Fuentes: Unidad de Rehabilitación del Hospital Universitario San Ignacio, Asociación Colombiana de Medicina Física y Rehabilitación.

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