Lagom, el estilo de vida en el que reina el equilibrio

Lagom, el estilo de vida en el que reina el equilibrio

En un mundo cada vez más competitivo y exigente, surge una propuesta que invita a la ponderación.

Estilo de vida Lagom

La idea del 'lagom' es buscar una vida centrada.

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123RF

18 de junio 2017 , 01:08 a.m.

Este concepto nórdico podría traducirse como “ni mucho, ni tan poco”. Proveniente de Suecia, se cree que se ha impuesto porque promueve la ponderación y el equilibrio en un mundo cada vez más acelerado, consumista y polarizado. Un libro apareció en febrero. Otro en marzo. Dos se anuncian para agosto y tres para octubre. Todas estas publicaciones tienen un anhelo en común: mostrarle al mundo qué es ese concepto sueco que se conoce como ‘lagom’ (se pronuncia lar-gohm) y por qué sus autores creen que necesitamos no solo saber de qué se trata, sino también intentar aplicarlo en nuestras vidas.

“Todo lo nórdico está en alza en los últimos años, desde el ‘nordic noir’ (género literario policial, también conocido como ‘scandi noir’) hasta la moda, los sistemas de educación, las propuestas ecológicas y la cocina, con la tendencia New Nordic Cuisine. Por eso no sorprende que la gente esté tan interesada en conceptos como el ‘hygge’ y ahora el ‘lagom’ ”, dice Linnea Dunne, escritora y autora de uno de los libros que saldrá en octubre: ‘Lagom: the sweedish art of balanced living’.

Según explica la autora, la palabra sueca ‘lagom’ no tiene una traducción exacta a otro idioma, pero suele explicarse con la expresión “ni mucho, ni tan poco”, por lo que se vincula con conceptos como equilibrio, balance, ponderación, justicia, equidad. Y también con la idea de lo suficiente, lo justo, lo adecuado, lo frugal, por lo que se opone al consumo excesivo, al promover el ahorro y la austeridad, y a cualquier acercamiento con lo extremo, en todos los ámbitos de la vida.

“ ‘Lagom’ es balance, pero es importante aclarar que no se trata de mediocridad. Puede referirse a algo tan simple como poner la cantidad justa de leche en tu café, y tan complejo como tener un enfoque sensato y sustentable de lo que es la felicidad. Va desde aprender a manejar sentimientos difíciles hasta lograr un adecuado equilibrio entre vida personal y el trabajo. En su mejor expresión, puede contribuir a crear un mundo más verde, una mejor vida en comunidad y gente más centrada y feliz”, agrega Linnea.

Se cree que la palabra viene del término vikingo ‘laget om’, que significa “alrededor del equipo” y se refería a la costumbre que los antiguos nórdicos tenían de pasar un cuerno con carne entre todos los comensales, para asegurarse de que la comida alcanzara para todos. Difícil encontrar un mejor ejemplo de la idea de mesura aplicada a una comunidad.

“Es un término difícil, porque denota distintas cosas en distintas situaciones. Puede significar ‘apropiado’ en contextos sociales, moderación en relación con la comida, ‘menos es más’ en decoración, ‘mindfullness’ si hablamos de bienestar, sustentabilidad en las opciones relacionadas con el estilo de vida, etcétera”, agrega la escritora y fotógrafa nigeriana Lola Akinmade Åkerström, radicada en Suecia y representada por National Geographic Creative, cuyo libro ‘Lagom: The Sweedish Secret of living well’ está anunciado para agosto.

La internacionalización del concepto comenzó a fraguarse de a poco. Ya en el 2014, por ejemplo, la pareja formada por Elliot y Samantha Stocks fundó en Bristol, Inglaterra, la revista ‘Lagom’, publicación dedicada a temas como la creatividad, el trabajo independiente y “un estilo de vida balanceado”.

Pero fue en enero de este año cuando un artículo de la edición estadounidense de la revista ‘Vogue’ instaló el concepto sueco en la discusión mediática, motivando notas posteriores en medios como ‘The Huffington Post’, ‘The New York Magazine’, ‘The Guardian’, ‘The Independent’, ‘CBC News’ y un sinfín de blogs dedicados a temas de tendencias, estilo de vida y bienestar. “Olvídense del ‘hygge’: en el 2017 todo se trata de ‘lagom’ ”, se titulaba la nota de Vogue, en la que describía este concepto como “el ‘ethos’ de la moderación” y recurría a un ejemplo simple pero muy revelador: la leche. En Suecia, la más consumida no es la entera ni la descremada, sino la semidescremada. El perfecto término medio.

¿Qué ha hecho que el ‘lagom’ despierte tanta fascinación justamente ahora, más allá del interés general que causa lo nórdico?

“Muchas veces buscamos en otras culturas enseñanzas sobre lo que funciona o no funciona en nuestras vidas. La presión constante que ejerce la sociedad actual sobre nosotros mismos nos hace vivir vidas que lógicamente no podremos mantener en el largo plazo. El ‘lagom’ apela a esto”, comenta Lola Akinmade.

“Cualquier noción de balance suena como el mismísimo cielo”, agrega Duanne, en esta era digitalizada en la que muchas sociedades modernas celebran la autorrealización entendida como la presión por tener todo, desde una carrera profesional ascendente hasta un cuerpo ‘fit’, una vida familiar perfecta-para-la-foto y una casa digna de aparecer en una revista de interiorismo.

Una opinión similar tiene Niki Brantmark, londinense radicada en Suecia desde hace 13 años y autora del ‘blog’ My Scandinavian Home. Niki llegará a librerías en octubre con un libro de tapa dura en el que describe cómo el ‘lagom’ puede ser una guía para una vida con mejor balance. Para ella, lo más atractivo de esta tendencia es que no invita a seguir reglas fijas o específicas: el balance es siempre algo personal. Y cada uno sabe dónde le aprieta el zapato.

“Vivimos una vida en la que estamos conectados 24/7 y las demandas no paran de crecer. Cada vez nos cuesta más desenchufarnos del estrés y la carga de la vida diaria. En este mundo acelerado, nos haría bien lograr un mejor equilibrio vital. Al ejercitar el arte de la moderación, podemos aprender cómo mejorar nuestra salud, generar lazos más significativos con la familia y los amigos, encontrar una mayor felicidad en términos generales y hasta ayudar al planeta”, dice.

En esta línea, el ‘lagom’ hace eco con la corriente ecológica que promueve y valora la sustentabilidad desde hace al menos una década. Una corriente que es muy fuerte en Europa, pero particularmente entre los escandinavos.

“Puesto de manera simple, si todo el mundo se uniera a los postulados del ‘lagom’, es decir, si el exceso de consumo no fuera tema, no nos encontraríamos donde estamos hoy en términos de calentamiento global y dilapidación de recursos”, opina Linnea Dunne.

Por eso, no son pocos los blogs que ironizan sobre cómo el auge del lagom se ha usado para productos de consumo, desde cosméticos y muebles hasta ropa para niños, lo cual resulta contradictorio con la naturaleza más profunda del concepto. Hasta la tienda Ikea lanzó hace poco su proyecto Live Lagom, que busca enseñar a las personas a tener una vida más sustentable y económica.

Pero para la antropóloga Kathleen Bryson, quien ha sido entrevistada por medios internacionales en relación con este tema, la razón de fondo tras el actual auge del ‘lagom’ tiene raíces más bien políticas: “Para mi tesis doctoral estudié el esencialismo, entendido como la primacía de los conceptos blanco-o-negro. Pienso que la mirada del ‘lagom’ nos hace sentir bien ahora porque nos permite algo de ambigüedad, zonas grises, en un mundo que se percibe como polarizado. La idea de ‘lagom’ es un ejemplo de pensamiento grupal y global, que se hace necesario en culturas diferentes para explicar la complejidad del mundo que observamos y experimentamos, mientras al mismo tiempo se nos está diciendo que las cosas son solo de un modo o son de otro”.

‘Ni mucho, ni tan poco’

Para quienes han estudiado el ‘lagom’, su gran belleza tal como hoy se entiende es que se adapta fácilmente a la vida de todos; permite escoger los elementos que tengan sentido en función de nuestra propia existencia.

“Quiere que cuidemos lo importante y dejemos de lado lo accesorio, lo que no suma, para quedarnos solo con lo que realmente significa mucho para nosotros, desde los bienes y propiedades hasta los recursos y las relaciones humanas”, asegura la escritora sueca Linnea Dunne.

La defensa de esta tendencia se da en un mundo en el que las personas viven conectadas 24 horas al día, siete días a la semana. Y en el que tan pronto se termina una tarea, no hay tiempo de disfrutarla unos segundos porque ya hay otra meta por cumplir.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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