Bebidas con azúcar, en el ojo de la tormenta

Bebidas con azúcar, en el ojo de la tormenta

La OMS recomendó aumentar impuestos a estas y reavivó el debate sobre sus efectos en la salud.

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En algunas regiones del mundo las bebidas azucaradas suplen más del 20 por ciento del total del requerimiento calórico diario.

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123RF

16 de octubre 2016 , 02:30 p.m.

Un estudio publicado en la revista de medicina preventiva más rigurosa en el ámbito científico y un llamado global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se sumaron esta semana al debate que, en los últimos meses, ha amenazado con sacar a las gaseosas y otras bebidas azucaradas del cómodo lugar que ocupan desde 1832, cuando John Matthews las inventó en Nueva York.

‘Patrocinio a organizaciones nacionales de salud por dos grandes empresas de refrescos’ es el título de un artículo de ‘American Journal of Preventive Medicine’, dado a conocer el lunes, en el que un grupo de investigadores concluyó que 96 organizaciones de salud de Estados Unidos, “cuyas misiones específicas incluyen la lucha contra la epidemia de la obesidad”, recibieron patrocinios de las empresas Coca-Cola y PepsiCo con el objetivo de mejorar su imagen y presionar “contra 29 proyectos de ley de salud pública destinados a reducir el consumo de refrescos o mejorar la nutrición”.

El nivel de la publicación de corte científico y el peso de las empresas referenciadas atizaron la polémica que tiene como protagonistas a las bebidas azucaradas, a causa de sus efectos sobre la salud y el potencial papel que desempeñan en la creciente epidemia de sobrepeso y obesidad.

Como en todo debate, en una orilla se ubican salubristas, médicos, investigadores y sociedades científicas que argumentan, respaldados en estudios, que estas bebidas proporcionan calorías vacías, sin valor nutricional y que se acumulan en forma de grasa.

En la otra están los fabricantes de estos productos y otras organizaciones que controvierten estas posturas, también con argumentos que insisten en que el aporte de las bebidas azucaradas a esta epidemia es, en realidad, marginal.

En un informe publicado el martes, la OMS, que se alinea con el primer grupo, lanzó un llamado a todos los países que forman su asamblea para que aumenten, en un 20 por ciento, los impuestos a las gaseosas y otras bebidas azucaradas. El objetivo: “Ponerle fin a la epidemia de obesidad y diabetes”.

(Más: OMS pide más impuestos a bebidas azucaradas para combatir obesidad)

El argumento del organismo dependiente de las Naciones Unidas es simple: “En el ambiente de las comidas de hoy en día es muy fácil consumir mucho azúcar, especialmente de las bebidas que son una gran fuente en la dieta, y su consumo está aumentando en la mayoría de los países, especialmente entre niños y adolescentes”, señala en su documento.

La organización reporta que, en promedio, una lata de gaseosa contiene cerca de 40 gramos de azúcar, que equivalen a 10 cucharaditas, y que en algunas regiones del mundo las bebidas azucaradas suplen más del 20 por ciento del total del requerimiento calórico diario.

Sube riesgo de diabetes

En esa misma esquina se encuadran muchos estudios científicos calificados como rigurosos, que soportan las recomendaciones de la OMS, como un metanálisis (valoración de varias investigaciones) publicado en julio del año pasado por ‘British Medical Journal’ y que demostró que la ingesta diaria de bebidas azucaradas eleva en 13 por ciento el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en un plazo de 10 años, con lo que se concluye que este tipo de bebidas pueden desencadenar este mal crónico por sí solas.

Este resultado ha sido ratificado por otras investigaciones, entre las que se encuentra una de diciembre del 2015, publicada en ‘The Journal of Nutrition’, que elevó este riesgo a más del 15 por ciento.

De igual forma, la literatura médica ha sido prolífica con artículos que intentan demostrar que las bebidas azucaradas aumentan las grasas perjudiciales en el cuerpo. Entre ellos llaman la atención, por su nivel de evidencia, uno que relacionó el consumo habitual de refrescos de este tipo con la elevación significativa de triglicéridos en niños (que apareció en la edición de septiembre de ‘The Journal of Nutrition’) y otro divulgado por la misma revista a finales del 2014, que las vincula con el aumento de la grasa visceral y abdominal.

(También: Claves para comer bien sin sentir culpas)

La contraparte en esta discusión, formada por la industria e investigadores que le restan peso al impacto que estas bebidas tienen sobre estas morbilidades, presenta análisis que divergen mucho de los anteriores. “No existe evidencia empírica ni estimada que concluya que el consumo de bebidas azucaradas tiene un impacto negativo sobre indicadores de salud como obesidad y diabetes”.

Esta es la primera conclusión del estudio ‘El impuesto a las bebidas azucaradas: beneficios dudosos, costos ciertos’, de agosto pasado, elaborado por la empresa consultora EConcept.

En el documento –que ha servido de piso teórico en el país para que el gremio de estas bebidas defienda sus productos– se infiere que en Colombia, “para el bajo consumo de bebidas carbonatadas, el nivel de diabetes se encuentra por encima del promedio y de varios países de la muestra”, y en el mismo contexto les confiere una relación positiva con la obesidad, pero no como un determinante principal sino de segundo orden.

En ese sentido, la Cámara de la Industria de Bebidas de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi) es más directa y manifiesta que “las variables que tienen efecto sobre la diabetes son la edad, el consumo de calorías y la prevalencia de la actividad física, sumadas a desórdenes metabólicos y condiciones genéticas”, y considera que el factor de mayor peso en la incidencia y prevalencia de la obesidad es el consumo total de calorías diarias.

La Asociación Colombiana de Sociedades Científicas también tomó partido en esta discusión y por medio de su presidente, César Burgos, indicó que las crecientes cifras de diabetes y obesidad tienen un origen multicausal, lo que exige una intervención urgente sobre los factores de riesgo modificables que las determinan. “Es evidente –señala Burgos– que las gaseosas y similares son uno de ellos, por lo que se debe insistir en desestimular su consumo en toda la población, lo que no quiere decir que no se actúe sobre otros aspectos como el sedentarismo y la alta ingesta de comida chatarra”.

(Además: Nuevo pulso por impuesto a las bebidas azucaradas)

Aunque algunas voces expertas, incluidas las de algunos académicos del ejercicio, insisten en que el mayor problema está en la quietud de las personas, al punto que culpan al sedentarismo de engrosar las cifras de mortalidad en el mundo, Gabriel Robledo, vicepresidente de la Fundación Colombiana de Obesidad (Funcobes), responde de manera tajante que “promover el consumo de gaseosas y compensar con actividad física es equivocado, porque las calorías que aportan estas bebidas se acumulan y no son saludables”. Y agrega que son dos cosas absolutamente distintas”.

Los impuestos

Si los efectos sobre la salud producen controversia, el tema de los impuestos a estas bebidas polariza aún más. El mismo estudio de EConcept sustenta la inconveniencia del gravamen asegurando que “la evidencia internacional indica que, ante un incremento porcentual de los precios, las cantidades consumidas caen en una proporción menor”. Por la misma vía se desliza la Cámara de la Industria de Bebidas de la Andi, con la premisa de que un impuesto generaría una caída en el IVA por una reducción de la demanda de estos productos, lo que terminaría afectando el recaudo nacional.

Barry Popkin, reconocido experto en materia de alimentación en el mundo (ha asesorado a distintos gobiernos, incluido el de Barack Obama, en temas de nutrición), sostiene, por el contrario, que sí existe evidencia suficiente que demuestra que un aumento del 20 por ciento de los impuestos a las bebidas azucaradas podría reducir el consumo general de estos productos en un 23 por ciento.

Finalmente, el endocrinólogo Iván Darío Escobar, expresidente de la Fundación Colombiana de Obesidad, advierte que la evidencia en torno a la inutilidad y efectos negativos de las calorías de estas bebidas es tan contundente, que “más temprano que tarde el mundo tendrá que entender que debe ser obligación de todo Estado generar políticas integrales para reducir su consumo. Y los impuestos harán parte de ellas”.

‘Los impuestos no son efectivos para combatir la obesidad’

Santiago López Jaramillo, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Andi, sostiene que las gaseosas no son la principal fuente de consumo de azúcar en el país.

¿Qué peso les dan ustedes a las bebidas azucaradas como generadoras de obesidad?

El consumo en exceso de calorías sin distingo de su procedencia (alimentos, bebidas y preparaciones caseras, entre otros) y la ausencia de gasto o quema de las mismas son la principal causa del sobrepeso. Para el caso colombiano, las bebidas no alcohólicas son una fuente marginal de calorías, ellas aportan el 2,7 por ciento del gran total y, por lo tanto, no son un factor determinante en nuestra dieta. Esto se correlaciona con la baja compra de bebidas en el país, frente al resto del mundo. Ahora, la tendencia evidencia que el consumidor cada día prefiere opciones sin calorías o reducidas en calorías, como las bebidas ‘light’, endulzadas con stevia o cero, por lo cual la participación de las bebidas como fuente de calorías disminuye aún más.

¿Qué tanto impacta el consumo de bebidas con azúcar en la salud de los colombianos?

El consumo excesivo de azúcar es una preocupación legítima que no solo tiene la OMS, también el Ministerio de Salud y la sociedad. De allí la importancia de actuar contra esta práctica que genera afectaciones a la salud. Sin embargo, debemos entender que los colombianos consumen azúcar de diversas fuentes; según el gremio azucarero, el azúcar añadido en casa a las preparaciones es la principal forma de consumo por parte de los colombianos, y las bebidas la tercera, condición que se concibe mejor si se pone de presente que el sector de las bebidas compra cerca del 10 por ciento del azúcar del país, mientras que el 90 por ciento restante se consume de varias formas.

(También: Lo que han hecho otros países con el impuesto a bebidas azucaradas)

¿Qué opina de la propuesta de gravar el consumo a las bebidas con azúcar?

En los países donde se ha establecido este tipo de impuesto –incluso en aquellos donde también se gravó a los alimentos- no existe un solo indicador que evidencie su efectividad contra la obesidad. No hay cifras que demuestren que por virtud de estas medidas ha disminuido el sobrepeso y, por el contrario, sí se han registrado afectaciones sociales y económicas. Un aumento en precio de un bien traerá como efecto una dificultad en la compra del mismo y una disminución en su compra, pero esto no necesariamente conseguirá el fin perseguido de disminuir sobrepeso.

¿Qué recomendación hace?

Sin lugar a dudas debemos luchar contra el sobrepeso, pero abordando los determinantes que la generan; en el mismo informe de la OMS se pide revisar país por país su realidad y acá es donde en la Andi creemos que debemos trabajar en una política pública integral y sobre experiencias exitosas. Un gran ejemplo se registró en Colombia, cuando el Ministerio de Salud lideró un acuerdo para la reducción de sal/sodio que incluyó industria, restaurantes, panadería, academia y Gobierno; no vemos por qué no intentarlo con el azúcar.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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