La lucha contra la gravedad

La lucha contra la gravedad

Equilibrio dinámico: es el que garantiza mantener la postura y la orientación del cuerpo.

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30 minutos de ejercicio cada día es la cantidad recomendada por los expertos para adecuar y tonificar los músculos, y así garantizar los equilibrios estático y dinámico del cuerpo.

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Archivo / EL TIEMPO

25 de enero 2017 , 08:59 a.m.

Caminar sin caerse, cambiar rápidamente de dirección sin que las piernas vayan para un lado y la cabeza para otro, pararse en un solo pie y hasta saber dónde está cada parte del cuerpo son cosas que los seres humanos pueden hacer gracias a una función que parece mágica: el equilibrio.

En realidad el equilibrio, como la palabra lo indica, es la posición que resulta cuando todas las fuerzas que actúan sobre el organismo y fuera de él (traccionando y oponiéndose como las cuerdas de una carpa), se compensan al punto de que se anulan y dejan los segmentos del cuerpo en una postura fija y confiable.

Estas fuerzas, valga decir, se modulan automáticamente a través de un complejo mecanismo en el que actúan el sistema nervioso, el oído interno, los tendones, las articulaciones y unos sensores que la evolución ha especializado, todo para contrarrestar la fuerza de la gravedad y evitar que el cuerpo se caiga.

Aunque el asunto es más complejo de lo que parece. Olga Lucía Estrada, médica fisiatra, explica que para lograr este trabajo en conjunto, el grupo de músculos encargados de sostener la postura erecta, se contraen y se relajan de manera simultánea; la mayoría de veces de manera refleja, o de manera voluntaria cuando las personas quieren poner su cuerpo (o una parte de él) en una posición determinada.

Estrada insiste en que el fenómeno del equilibrio tiene muchos componentes, pero aclara que son las fuerzas ejercidas por los músculos (junto con la alineación del esqueleto y las orientaciones de las articulaciones) las responsables finales de garantizarlo y mantenerlo.

Los sistemas nervioso y vestibular pueden estar intactos, pero si las estructuras osteomusculares son deficientes, el equilibrio del cuerpo se altera y puede generar complicaciones que repercuten en todo el organismo”, dice la especialista.

María Fernanda Pérez, jefe del servicio de fisioterapia del Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá (Husi), explica que el verdadero equilibrio se logra si el cuerpo tiene alineadas sus líneas de fuerza y se elimina la acción de la gravedad.

Esto ocurre cuando la dirección de la persona coincide con la línea vertical a la superficie de apoyo que pasa por el centro de gravedad del cuerpo”, explica la especialista. En otras palabras, la fuerza del peso debe pasar por el ombligo y apuntar justo en medio de los pies –separados veinte centímetros y bien apoyados en el piso–. Según Fausto Rojas, jefe de la Unidad de Rehabilitación del Husi, el cuerpo humano adopta posturas diferentes a la del equilibrio mecánico (progresivamente), y sin embargo no se cae.

Además, “cada persona cambia su equilibrio para compensar fuerzas anormales por sobrepeso, debilidad muscular, daños en los huesos o en las articulaciones o por simple desacondicionamiento físico”, asegura Rojas, para quien estos equilibrios no son saludables.

Buena postura, la clave

Nuestro sistema muscular está diseñado para obedecer las órdenes que voluntariamente les hacen las personas. Por eso es necesario conocer lo que es una buena postura para habituarse a ella, corregirla cuando se altere y, sobre todo, mantenerla”, dice Estrada.

Una buena postura se fundamenta en que las vértebras de la columna reciban el peso de la cabeza sin afectarse. Para eso, asegura Estrada, la cabeza debe mantenerse levantada y un poco hacia atrás, enderezando levemente la curva del cuello.

Los hombros deben mantenerse naturalmente hacia abajo (descendidos) y centrados sin que se vayan hacia adelante, y menos forzadamente hacia atrás; mejor dicho, sin sacar el pecho”, insiste, y agrega que las caderas deben estar en una posición neutra y las rodillas, alineadas con los empeines de los pies.

Con lo anterior, la línea de fuerza que garantiza el equilibrio sano en el cuerpo pasaría por delante de las columnas cervical y dorsal, justo por la mitad de la primera vértebra lumbar, y se pone detrás de las caderas y por delante de las rodillas.

Mantener este eje previene daños en el organismo y favorece la movilidad. Y esto se logra con un ejercicio adecuado”, asegura Rojas.

¿Cómo funciona el sistema?

Para empezar, la vista le informa al cerebro dónde y en qué posición se encuentran la cabeza y las demás partes del cuerpo con relación al entorno.

Por su parte, en los músculos, los tendones y las articulaciones existen una especie de sensores (propioceptores) que también le indican al cerebro cómo están todas las partes del cuerpo, en qué posición con respecto a las demás y en relación con la superficie sobre la que se encuentran.

De igual forma, en el oído interno hay un aparato llamado vestíbulo, el cual le señala al cerebro en qué dirección y a qué velocidad se mueve el cuerpo con base en los giros y desplazamientos de la cabeza.

Toda esa información, más la que le llega del cerebelo y de los lóbulos temporales, es procesada de manera automática por el tronco cerebral y devuelve órdenes a los ojos, los músculos, los tendones y las articulaciones para que se ajusten y se muevan en la dirección adecuada para evitar que el cuerpo se caiga y se lesione.

Es decir, corrige de manera instantánea cualquier modificación del estado de equilibrio para garantizar la estabilidad del cuerpo.

Músculos y equilibrio

La fisioterapeuta Pérez insiste en la necesidad de mantener los músculos tonificados, fortalecidos y, sobre todo, actuando adecuadamente como cuerdas de tensión sobre articulaciones y otras estructuras para manténtelas alineadas. La anterior es una de las principales herramientas para garantizar el equilibrio.

“Un sistema músculo-esquelético desacondicionado es uno de los principales factores en la pérdida de la estabilidad del cuerpo, de ahí que es mandatorio el ejercicio permanente orientado a mantener las posturas correctas a partir de su buen funcionamiento”, concluyó el especialista Pérez.

Dos tipos de equilibrio

Equilibrio estático: es el que le permite al cuerpo mantenerse inmóvil resistiéndose a la gravedad. Esto incluye el mantenimiento de posturas y posiciones de los segmentos corporales de manera voluntaria sin caer al suelo. Aquí se requiere una adecuada coordinación e integración neuromotora, visual y vestibular.

Equilibrio dinámico: es el que garantiza mantener la postura y la orientación del cuerpo cuando estas son afectadas por el movimiento. En otras palabras, permite cambiar de posición a diferentes velocidades o con apoyos diferentes sin que el cuerpo sea vencido por la fuerza de gravedad.

Carlos Francisco Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO
Con información de El equilibrio corporal, Ardilla digital

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