El necesario ‘detox’ para dejar atrás el síndrome urbano

El necesario ‘detox’ para dejar atrás el síndrome urbano

Investigadores proponen programa para ‘resetear’ el cuerpo y limpiarlo de los malos hábitos de vida.

Síndrome urbano

Este mal es el resultado de las intoxicaciones silenciosas a nivel físico, mental y emocional que enfrentan los habitantes de las grandes urbes.

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123RF

13 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Cuando se llega a los 30 años, el cuerpo comienza a pasar factura, dice la sabiduría popular. Las gripas duran más y son más difíciles de espantar, los guayabos se hacen eternos, los kilos que se ganan parecen aferrarse a la panza y cualquier mal es un suplicio. Pero no solo el organismo lo siente. La cabeza pierde atención, concentración y memoria y en la parte emocional todo vira a modo trascendental y es probable sufrir de depresión o ansiedad.

Pero sentirse así no es una cuestión únicamente relacionada con la edad, plantea el libro ‘Detox urbano’, de Patricio Uribe, psicólogo especializado en salud integral, y María Paula Villa, odontóloga especializada en terapias no farmacológicas y experta en procesos de desintoxicación. Más bien es el resultado de las intoxicaciones silenciosas a nivel físico, mental y emocional a las que están expuestos los habitantes de las grandes urbes.

Uribe y Villa, esposos e investigadores de esta materia hace más de una década, llamaron síndrome urbano al conjunto de síntomas de desequilibrio y malestar general como gastritis, sobrepeso, depresión, insomnio, cansancio o ansiedad, entre muchos otros, que no son otra cosa que “el intento del organismo de adaptarse a los malos hábitos de vida”, según explican.

“La definición del síndrome urbano nació luego de atender por unos 18 años a pacientes cuyas quejas apuntaban a un limbo. Es decir, no se sentían ni saludables ni enfermos. Y cuando tenían dolencias todas apuntaban a estilos de vida de las grandes ciudades”, afirmó Uribe en diálogo con EL TIEMPO.

La respuesta a ese síndrome es un programa de desintoxicación de la ciudad –“sin salir de ella”, como dicen los autores– que consiste en ‘resetear’ el cuerpo en dos pasos: limpiar y nutrir. Y así suene fácil, requiere de un nivel de compromiso complejo, de unas tres semanas para un programa promedio. Ese tiempo es el más corto y a la vez el más completo para generar un proceso profundo en el cuerpo, sostienen.

“El organismo funciona como una chimenea que, cuando se usa y se usa y no se limpia, puede dejar de ser efectiva porque hay mucho hollín. El cuerpo con exceso de toxinas no metaboliza bien”, resume Patricio Uribe.

Para alimentarse –aclara– las dietas recomendadas son altas en nutrientes y enzimas y bajas en calorías y en ambos procesos, los de expulsar e ingestar, la idea es llegar a la profundidad de los tejidos del cuerpo humano: del plasma de la sangre a los glóbulos rojos, los músculos, el tejido graso, el hueso, la médula ósea y el semen o los óvulos.

Clasificación de síntomas

En realidad, son cinco niveles de síntomas los que describen Uribe y Villa, a partir de los casos atendidos. El primero de ellos es el aspecto físico, expresado en cansancio crónico, bajas inmunológicas, poca energía, dolores en el cuerpo, sueño acumulado y problemas digestivos. A eso se suma el estrés y la irritabilidad que este puede generar.

Luego viene el nivel metabólico, el cual se ve afectado por condiciones como el sobrepeso, el colesterol alto, el hígado graso, desbalances de glicemia, riesgo cardiaco, hipertensión y acumulación de grasa en el estómago.

A nivel emocional, por su parte, la persona con síndrome urbano puede sufrir depresión, ansiedad, ataques de pánico y problemas de sueño. Y mentalmente padecer por falta de concentración y atención y dificultad para rendir en el trabajo.

El último nivel de síntomas está vinculado a una condición que llaman ‘ciudadicciones’, un término acuñado para referirse a las adicciones de la vida cotidiana que un adulto promedio de una urbe puede desarrollar. Y en este capítulo no se refieren solo a consumo de sustancias como alcohol, cigarrillo, marihuana, cocaína, éxtasis y anfetaminas; también incluyen la ingesta de productos estimulantes como el dulce, el café y las bebidas energéticas, y hábitos como ver pornografía, depender del celular, el chisme y hablar mal de otras personas.

“Todas estas conductas pasan desapercibidas porque se han vuelto tan frecuentes que se consideran la nueva normalidad, y nosotros creemos que eso no puede ser así”, expone Uribe.

“El principio es entender que detrás de las ‘ciudadicciones’ hay un cerebro malnutrido y por eso las personas no encuentran maneras de vivir contentas”, agrega Villa.

Los niveles de alerta

El reconocimiento de esos síntomas del síndrome urbano y el nivel de alerta en el que su salud está podrá hacerse a través de varios test de autoevaluación. Respondiendo a preguntas sobre su día a día y sus hábitos de vida el lector se ubicará frente a un grado de complejidad, entre verde, amarillo y rojo.

Según explica Uribe, “en alerta verde están aquellas personas que se sienten vitales y tienen estilos de vida sanos, que se interesan por aprender y colaborar con su cuerpo y que son conscientes de que los hábitos influyen en la salud; en otras palabras, gente que se siente bien y está interesada en mantener el equilibrio”.

La alerta amarilla, en cambio, es una zona gris entre la salud plena y la enfermedad crónica. “Se caracteriza porque las personas tienen síntomas de desequilibro, no están vitales ni enfermas crónicamente, pero sienten cansancio crónico, bajas de concentración, problemas digestivos, desmotivación, depresión y sobrepeso”, puntualiza Villa. En este estatus se ubica el 90 por ciento de los pobladores de grandes ciudades, aseguran los especialistas.

Mientras tanto, en la alerta roja están quienes ya padecen enfermedades crónicas como cáncer, diabetes, fibromialgia, síndromes metabólicos, problemas coronarios y obesidad.

Limpiar y nutrir: una guía rápida para un ‘detox’ intermedio

– La duración debe ser de 21 días.

– Asumir un nivel de compromiso de mínimo 85 %, es decir de lunes a viernes.

– En sus rutinas alimenticias la premisa es evitar proteínas de origen animal, endulzantes, bebidas estimulantes (café, té negro, gaseosas y energizantes).

– Aléjese de sustancias intoxicantes como alcohol, cigarrillo o marihuana.

– El número de tazas de líquido que beberá al día dependerá de una fórmula matemática: su peso dividido por 5.

– Actividad física moderada (2 horas de caminata, yoga, baile, natación, tai chi a la semana) o 20 minutos de caminata diaria.

– Masajes linfáticos (en las zonas de los ganglios) diarios en la ducha.

REDACCIÓN SALUD

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