Que quede claro: buscar ayuda del psiquiatra no es pecado

Que quede claro: buscar ayuda del psiquiatra no es pecado

Campaña busca que los colombianos acudan a este especialista como lo que es: algo normal.

Psiquiatría

El ministro Alejandro Gaviria con Juan Ángel Isaac Llanos, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

Foto:

Archivo particular

18 de abril 2018 , 11:34 p.m.

“No puedo dejarle este caso a una persona débil de carácter”. Con esta frase, Ana Elisa Castaño, una abogada de 39 años, empieza el relato que terminó en la salida de su trabajo como profesional en una reconocida firma de juristas después de que su jefe –el que pronuncia la frase– se enteró de que tomaba medicamentos para la depresión.

“Aunque traté de no contarlo, al llevar el certificado de incapacidad, la jefa de personal vio el diagnóstico, y ahí empezó una tragedia que terminó empeorando el padecimiento, porque ella se encargó de difundirlo en toda la empresa”, cuenta Ana Elisa.

Después, dice la mujer, los compañeros de trabajo empezaron a mirarla distinto, ya no la invitaban a nada: ni a los trabajos de grupo ni mucho menos a las reuniones sociales. Terminó aislándose y renunció. “Lamenté mil veces haber ido al psiquiatra”, remata.

El de Ana Elisa Castaño es un caso típico de la estigmatización a la cual se enfrentan las personas con enfermedades mentales, dice el psiquiatra Rodrigo Córdoba, jefe del departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario. Y asegura que las actitudes hacia estas personas casi siempre son inconscientes y están basadas en concepciones erróneas pero arraigadas en la percepción colectiva.

Al llevar el certificado de incapacidad, la jefa de personal vio el diagnóstico, y ahí empezó una tragedia que terminó empeorando el padecimiento

Ante esta realidad nace la campaña ‘Yo también voy al psiquiatra’, una iniciativa de la Asociación Colombiana de Psiquiatría (ACP) que cuenta con el apoyo del Ministerio de Salud y de las Sociedades Científicas. Consiste en programas que buscan sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de que las personas traten su salud mental, de la misma forma como se tratan los problemas del cuerpo.

Juan Ángel Isaac Llanos, presidente de la ACP, dice que “tenemos el compromiso de trabajar por la salud mental de nuestra sociedad y mitigar los impactos negativos que la estigmatización trae no solo sobre los pacientes, sino sobre sus familias”.

Alejandro Gaviria, ministro de Salud y quien se suma a la campaña #YoTambiénVoyAl-Psiquiatra, advierte: “Colombia presenta trastornos y enfermedades mentales incrementadas por las condiciones sociales y por el conflicto armado, que empieza a resolverse. Casos como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático exigen, además de la atención, superar el tabú y el rechazo que la sociedad tiene frente a las personas que los padecen”.

Y añade: “Si nadie está libre de presentar un trastorno de estas situaciones en algún momento de su vida, todos deben estar en capacidad de comprenderlo: ponerse en el lugar de la persona afectada es un buen primer paso para acabar con los estigmas sociales de la enfermedad mental”.

No más prejuicios

No es raro, por ejemplo, retoma el psiquiatra Córdoba, que equivocadamente se piense que una persona con esquizofrenia es violenta e impredecible y no podrá nunca trabajar o vivir fuera de una institución, ni mucho menos tener una vida social, cuando hoy existen tratamientos y manejos que permiten que estas personas lleven una vida normal.

Justo esa fue la razón por la cual la abogada Castaño decidió no volver a sus consultas de control; en cambio, buscó amparo en la medicina alternativa, con la disculpa falsa de que ya se había curado de un trastorno pasajero. “Decir que iba al psiquiatra era como una invitación a que se me cerraran todas las puertas y que la gente me mirara con consideración y desconfianza”, dice.

Esta situación es grave si se tiene en cuenta que, según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015, el 10 por ciento de la población adulta y el 12 por ciento de los menores de edad presentan algún trastorno emocional que requiere intervención. Con el agravante de que solo una minoría logra acceder a los servicios de salud. En otras palabras, la cobertura sanitaria para estos problemas no llega ni a la décima parte, según la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

A propósito, la psiquiatra Olga Albornoz manifiesta que si a estas cifras dramáticas se les suma el grave fenómeno de la estigmatización, toda esta población se convierte en una gran incubadora de problemas sociales que termina manifestándose de alguna forma, por lo que resulta imperativo ponerle atención.

Deje el miedo y busque ayuda

No deje que el temor a ser etiquetado como enfermo mental le impida buscar ayuda. Si cree que tiene un problema, consulte. Los tratamientos son seguros.

No se avergüence. Recuerde que el estigma no siempre viene de los demás. No piense que su problema lo hace más débil o que es capaz de controlarlo sin ayuda.

Si tiene un diagnóstico, no es necesario que se lo cuente a todo el mundo, pero tampoco lo calle a sus familiares o amigos.

Existen grupos con expertos que ofrecen soporte. Únase a ellos.

No abandone el trabajo. Recuerde que la mayoría de enfermedades mentales no incapacitan para realizar un trabajo efectivo, cuando están bien controladas.

Los controles médicos y los tratamientos deben ser seguidos con rigor. Manifieste su rechazo a descalificaciones abiertas, aislamientos o comportamientos de otras personas frente a usted.

Niéguese a aceptar calificativos como loco, demente o desquiciado.

Ojo a estas señales

El siguiente listado es una guía para indicarle si necesita una consulta con este especialista.

- Exceso de preocupación.
- Dificultad para superar problemas.
- Pensamientos acelerados o lentos.
- Cambios extremos de ánimo.
- Irritabilidad o susceptibilidad con amigos, familiares o la pareja.
- Falta de ilusiones.
- Indiferencia hacia el futuro.
- No disfruta de nada.
- Pensar que todos actúan contra usted.
- Obsesiones desmesuradas.
- Alucinaciones.
- Miedo excesivo a cosas normales.
- Angustia o impulsos sexuales extraños.
- Adicción al juego, a las drogas y al alcohol.
- Cambios en el sueño.
- Falta de concentración.
- Problemas de memoria.
- Cambios súbitos.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO

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