Asolearse, la nueva terapia contra la depresión

Asolearse, la nueva terapia contra la depresión

La próxima vez que salga el sol, como por estos días, aproveche la ganga. Crónica de Juan Gossaín.

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La mitad de los científicos aseguran que el sol cura las depresiones y ansiedades.

Foto:

Ilustración: Guaico

16 de febrero 2017 , 07:25 a.m.

Sol, solecito,
caliéntame un poquito,
por hoy, por mañana
y toda la semana…
(Canción infantil)

¿Es verdad que el sol cura las depresiones, tristezas y ansiedades?

La mitad de los científicos dice que sí, pero la otra mitad, que no. Lo cierto es que ese apasionante debate está armado entre médicos y psicólogos de todas partes, desde los países más desarrollados del mundo hasta los más pobres y calurosos.

Lo supe porque un amigo mío, de origen irlandés y de apellido Mc Pery, residente en Cartagena, tiene la curiosa costumbre de dormir de día mientras dedica la noche a leer y ver televisión. Hace varios meses le fue entrando una melancolía tan grande que no volvió a salir de su casa. Andaba triste y con pesadumbre. El doctor le recomendó, entonces, que saliera diariamente a coger la luz solar. Santo remedio: Mc Pery ha vuelto a sonreír.

Yo recuerdo que en los años de mi infancia, y eso fue poco después de la llegada de Cristóbal Colón, al amanecer de cada día en el Caribe colombiano las abuelas abrían puertas y ventanas, mientras exclamaban, mirando al cielo: “Que entre la medicina”. Tampoco he olvidado un famoso proverbio según el cual “lo que no cure el sol es de operación”.

Los ancianos de San Bernardo del Viento salían de tardecita a dejarse bañar por las últimas luces del día en el trayecto de la madrevieja, que era el nombre que le daban al cauce ya seco del caño antiguo que pasaba por el pueblo. Qué nombre tan bello: madrevieja.

Desde entonces han pasado muchos años, pero solo ahora vengo a entender por qué los habitantes de nuestras tierras tropicales, siempre cálidas, suelen ser tan expresivos y dicharacheros, mientras que los residentes de lugares nevados y tierras frías son tan reservados y discretos. Esa fue la misma pregunta que se hicieron los científicos durante cientos de años.

La diferencia está en la intensidad de los rayos solares. Por eso, los pueblos más norteños del planeta, residentes en las vecindades polares, como Groenlandia y Rusia, tienen los índices más altos del mundo en suicidios y depresiones.

La terapia solar

Hace unos treinta años, a mediados de los ochenta, se llegó a pensar que todas las clases de luz, incluso la artificial, eran útiles para levantar el ánimo y curar el decaimiento. Se lo llamó luminoterapia o fototerapia.

Sin embargo, al comprobarse que la luz verdaderamente curativa es la solar, el nuevo tratamiento antidepresivo fue bautizado como helioterapia, y así aparece en el diccionario de la lengua castellana, ya que ‘helio’ era el nombre que los griegos antiguos le daban al Sol.

Según los helioterapistas, ¿cuál es la hora más apropiada del día para tomar un baño solar? Muchos recomiendan hacerlo por la mañana, cuando la luz es más pura, y por media hora. Pero buena parte de sus colegas discrepa de ellos, ya que creen que el ideal es empezar con quince minutos e irlo subiendo diariamente, hasta llegar a cincuenta minutos en diez días, y luego volver a empezar.

Use bloqueador

Converso, por ejemplo, con el médico austríaco Gottfried Wiesinger, que vive en Colombia desde hace casi cuarenta años.

—Lo mejor es tomar el Sol cuando no haya ni una sombra –aconseja él–. Es decir, al mediodía, y durante diez minutos.

En cambio, la psicóloga Ximena Rojas Iragorri, egresada de la Universidad Javeriana, considera que el mejor momento es empezando la mañana.

—Entre las ocho y las diez es muy buena hora –recomienda–. Me parece que al mediodía, el sol está demasiado fuerte. Creo que media hora diaria es suficiente para que el cuerpo reciba los nutrientes del sol, sobre todo la vitamina D.

Los médicos están de acuerdo, por lo menos, en una cosa: la vitamina D es necesaria para mantener la fortaleza de los huesos. Y la piel produce esa vitamina cuando se le expone directamente a la luz solar. Es bueno advertir además que los niños deben hacerlo en menos tiempo porque su piel es más sensible que la de los adultos.

Cuidadosa y sagaz, mujer al fin y al cabo, la doctora Rojas Iragorri hace una advertencia interesante: “No olviden ponerse bloqueador solar en la piel”. Verdad que sí –digo yo acá, de entrometido, desde la cocina–, porque la vida a veces es tan perversa que, a cambio de curarle el estrés, le puede dar un cáncer de piel. Eso sería lo último.

¿Es mejor asolearse mientras caminas o estando detenido? “En cualquiera de las dos formas”, dice la doctora Rojas. “El ejercicio también ayuda, pero es que hay mucha gente que no puede caminar”.

El médico Wiesinger considera, por su parte, que la mejor manera es hacerlo completamente desnudo, en un lugar solitario. Y concluye, a manera de proverbio, con esta frase: “Para el buen ánimo, un buen baño de sol”.

¿Hay evidencia científica?

La psicóloga Ximena Rojas prosigue diciendo que los hallazgos para demostrar que la helioterapia revitaliza y reanima “no son de ahora. Desde los años 80 se viene hablando de ello. La diferencia es que ahora, en medio de tanta tecnología, la gente le está prestando más atención a lo que es natural”.

Como la justicia consiste en escuchar a todas las partes, también hay que registrar la opinión de quienes no están de acuerdo con las propiedades curativas de los baños solares. Los médicos Ronald Figueroa Santoya y Yadira Villalba coincidieron en afirmar, por separado, que “eso no se ha podido demostrar científicamente y sin lugar a dudas”.

Una detenida investigación periodística hecha por Martín Carvajal Chamorro, quien me colaboró en este trabajo, llegó a esta conclusión: “La Sociedad de Endocrinología de los Estados Unidos ha dicho que, aunque la terapia solar podría tener efectos positivos sobre el ánimo de los pacientes, eso aún no está comprobado”.

Lo que sí quedó demostrado, según la misma investigación, es que “una exposición diaria al sol, por lo menos durante diez minutos, ayuda a prevenir la deficiencia de vitamina D, que fortalece los huesos”.

Sin embargo, la doctora Aarohee Desai-Gupta, del Colegio de Psiquiatras de Inglaterra, sostiene que “la luz solar es clave para mejorar el estado de ánimo”. Y en ese mismo país, la Universidad de Southampton demostró con una investigación que al 90 por ciento de los adultos se les bajan sus estados de vitalidad y vigor cuando cambian las estaciones del año, especialmente con la llegada del invierno.

También los animales

Los españoles, que son imaginativos dondequiera que estén, y que le meten poesía a todo lo que pasa en la vida, enseguida le hicieron bautizo a los baños de sol diciendo que ha sido descubierta una nueva “vacuna emocional”.

De manera que los doctores ingleses son mucho más entusiastas que sus colegas gringos, que guardan cautela y discreción.

No se trata de hacerle caso al primer curandero que se aparezca ni al embeleco de los charlatanes. Hay que apoyarse en estudios serios y juiciosos, como los que se han difundido últimamente por equipos de veterinarios en diferentes lugares, como Francia, Alemania y Argentina. De manera, pues, que los animales también entraron ya en la danza del sol.

Esas averiguaciones han descubierto que algunos animales domésticos –como perros, gatos y pájaros– tienen la tendencia a buscar diariamente la luz solar, durante un buen rato, en especial si están viejos o enfermos.

En la antigüedad

Desde que nuestro primer antepasado hizo su aparición sobre la faz de la Tierra, el hombre ha sentido fascinación por el Sol. Los griegos antiguos lo representaban como un dios hermoso, al que le dieron el nombre de Helios, y lo dibujaban coronado con una aureola de rayos. Cabalgando en un coche de cuatro caballos, recorría diariamente los confines del cielo hasta perderse en los horizontes del mar.

Con razón San Francisco de Asís, que tanto amaba la naturaleza, se refería a él, hace casi 800 años, llamándolo “hermano Sol”. Mucho después, el emperador romano Aurelio convirtió el culto al Sol en una religión obligatoria, le construyó un templo especial y se autoproclamó “heredero terrenal del Sol”.

El pobre Helios ni siquiera se ha salvado de las chifladuras humanas. Comenzando el siglo veinte, en 1905 estaban construyendo en Madrid un canal para llevar agua a las casas. Se cayó el techo de la excavación y mató, por desgracia, a treinta obreros. En el proceso judicial, los ingenieros dijeron que la causa de aquella tragedia había sido un exceso de calor por el intenso verano. En consecuencia, uno de los abogados del litigio, con una seria cara de palo, propuso que se le hiciera un juicio al Sol.

Epílogo

Ahora entiendo por qué, hasta en el propio territorio Caribe, cuando llega la temporada de lluvias y desaparece el sol, y el cielo se encapota con una masa de nubes y el mundo entero se llena de sombras, el gentío que habitualmente es tan expresivo y dicharachero se pone lúgubre.

De modo, pues, que ya lo sabe, amigo mío de Tunja o Bogotá: la próxima vez que salga el sol, como está ocurriendo en estos días calientes, aproveche la ganga y dedique un rato a asolearse. Ande por la calle. Écheles un piropo a las muchachas. Levante ese ánimo.

(Mientras voy concluyendo esta crónica caigo en la cuenta: ahora solo falta que las EPS comiencen a cobrar el baño de sol como si fuera un nuevo medicamento de sus laboratorios. Dios no lo quiera).

JUAN GOSSAÍN
Especial para EL TIEMPO

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