Seis retratos de protagonistas anónimos de la misa campal del Papa

Seis retratos de protagonistas anónimos de la misa campal del Papa

Relatos de algunos participantes que hicieron posible encuentro entre Sumo Pontífice y seguidores.

Retratos en parque Simón Bolívar

El esfuerzo de más de seis mil voluntarios y funcionarios hicieron posible el encuentro de este jueves.

Foto:

Julián Espinosa

07 de septiembre 2017 , 11:29 p.m.

La cifra oficial dice que seis mil cuatrocientas personas hicieron posible que uno de los eventos con mayor número de convocatoria en los últimos años en la ciudad fuese posible.

Pero quizás fueron más, quienes de manera anónima, y sin estar vinculadas a organizaciones, participaron y ayudaron a que la misa en el parque Simón Bolívar lograra con éxito el encuentro entre el papa Francisco y más de un millón 300 mil asistentes, según cifras oficiales de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Vea a continuación siete microrrelatos con algunos de los protagonistas.

Lista, en paz o emergencia
Defensa Civil

Helena llevaba el pantalón y sus botas, en caso de que fuese requerida su ayuda ante una eventual emergencia.

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Julián Espinosa

Helena Otálora fue al Simón Bolívar con sus dos hijos, de 15 y 7 años de edad. Y llegó usando botas, las mismas que utiliza cuando la llaman para atender emergencias. Y lo hizo por dos razones: “Siempre he estado presta a querer ayudar y sé que en estos eventos se necesita mucha ayuda. Y lo otro, porque tengo a mi hija en condición de discapacidad y sueño con la bendición del Papa”.

Ha sido voluntaria durante 26 de sus 45 años. Participó en diversas atenciones de emergencias invernales en el país, el terremoto del Eje cafetero, el accidente de los niños del colegio Agustiniano en Bogotá y el atentado en el Nogal.  "Ayudar siempre ha estado entre los planes", dice.

Y lo hace desde que era niña, cuando soñaba con ser médica. Pero, dice, no encontró las oportunidades para iniciar ese camino cuando terminó el bachillerato. “Al ver que no pude estudiar medicina, me vinculé a la Defensa Civil esperando cumplir con mi propósito que era salvar vidas”.

Al llegar en la mañana de este jueves, pudo ubicarse en la zona destinada para adultos mayores y personas en condición de discapacidad con su familia. Acompañó a varias personas, las orientó e incluso se le vio llevando algunas personas de la mano. Lista para trabajar. “Ayudar siempre es necesario”, agrega.

Las organizaciones
ONG

Yadira coordinó que 70 personas en condición de discapacidad pudieran asistir al evento.

Foto:

Julián Espinosa

Yadira Ramírez llegó junto a 70 personas en condición de discapacidad. Cada uno de ellos estaba con un acompañante, que velaba por su bienestar y comodidad. Se instalaron a algunos metros de la tarima principal y esperaron durante toda la mañana para lograr ver al Papa.

Como ella, decenas de personas de diferentes regiones del país consiguieron que ancianos, personas enfermas o en condición de discapacidad pudieran llegar al punto de encuentro con el Sumo Pontífice y vivieran la experiencia de la misa dedicada a ellos.

Se encargaron de que estuvieran listos a tiempo, que tuvieran su respectivo acudiente, de conseguir el transporte y de instalarlos en una zona en donde pudieran ver el saludo papal.

“Gracias a esa vocación, estamos acá. Solamente con el hecho de estar acá, de montarse a un bus, de hacer un recorrido por la ciudad, para ellos es grande”.

Yadira dice que “por cosas de Dios” llegó como psicóloga a trabajar en la Institución Hogar, luz y vida, de San Cristóbal Sur, en Bogotá, para dedicarse a acompañar a personas en condición de discapacidad que no tienen familia o dónde dormir.

En la actualidad coordina actividades para que personas como ellos, que en su mayoría necesitan de una atención personalizada durante su día, puedan mantener un estilo de vida con dignidad.

El voluntario
Voluntario

Juan Sebastián destaca el trabajo que diez mil voluntarios como él realizaron para que el evento se realizara con éxito.

Foto:

Julián Espinosa

Juan Sebastián Gómez Calderón tiene 21 años. Desde las 2:00 a.m. inició su día. Su trabajo consistía en apoyar los planes logísticos para que a las 5.00 a.m., cuando las puertas del Simón Bolívar fueran abiertas, la gente supiera cómo ubicarse para la visita del Papa. Hubo gente que pasó la noche esperando a que abrieran, por eso, el trabajo en la madrugada fue intenso para conseguir que todo estuviese listo.

Como él, diez mil personas más le madrugaron al encuentro para participar como voluntarios. Se inscribieron, se reunieron y madrugaron a coordinar todo. Su trabajo fue orientar a los asistentes, mantener el ánimo y, sobretodo, asistir a quienes lo necesitaran.

La mayoría, como él, recibió con cánticos a la gente que intentaba conseguir una buena posición para lograr ver al papa de cerca. Siempre de buen ánimo, siempre con cantos y siempre con buena voluntad, orientaron a la multitud.

El bombero
Bombero

El comandante Gerardo Alonso Martínez destaca la organización de la misa del Papa como uno de sus mayores retos profesionales.

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Julián Espinosa

De 36 años de servicio, Gerardo Alonso Martínez Riveros recuerda los días de emergencia en los que tuvo que trabajar durante la toma y retoma del Palacio de Justicia, en el año 1985 o la bomba de las Farc en el Nogal, en el 2003. En su hoja de vida se repasan los operativos en los que ha participado en incendios, emergencias invernales y ataques terroristas. Pero, de toda esa lista de recuerdos, nada se compara a la experiencia de participar en la planeación de prevención y atención durante la misa del papa Francisco en Bogotá.

“Es el mayor evento en el que uno ha podido prestar servicio a la ciudad por el poder de convocatoria”, señala. Hoy, es el comandante de la Compañía 3 del cuerpo oficial de Bomberos, y estuvo a cargo desde su área para lograr que todo lo planeado en prevención y atención se cumpliera.

Su esposa también fue bombera durante 35 años. Y entre sus planes está el seguir en el servicio en Bogotá. Por eso, dice, concentró sus esfuerzos durante varias semanas junto a sus compañeros bomberos para que todo saliera en orden o, ante cualquier eventualidad, poder responder de manera efectiva.

Como él, otros 65 bomberos, entre oficiales, suboficiales y voluntarios, trabajaron en el parque con el propósito de facilitar el trabajo.

“De esta experiencia me quedan para la vida dos grandes mensajes dichos por el Papa: No perder la alegría, no perder la esperanza. Y es así”.

Una ciudad limpia
Barrenderos

Los tres destacaron el comportamiento de la gente sobre el cuidado del espacio.

Foto:

Julián Espinosa

Claudia, Carlos y Fernando iban juntos recorriendo el parque de un extremo al otro. Su trabajo consistía en barrer, rastrillar y recoger la basura que se generó durante el evento. Lo hicieron desde las 6:00 a.m., como todos los días en los que recorren las calles de la ciudad.

Para llegar al Simón Bolívar tuvieron que levantarse entre las 3 y 4 a.m. para salir de sus casas a tiempo, al sur de la ciudad, y llegar al parque en donde pasarían el día limpiando. A ellos se les vio entregando pequeñas bolsas para que la gente ayudara a mantener limpio el lugar. Y, según dicen, lo lograron.

“La gente cada vez es más consciente de no ensuciar, de cuidar”, dice Carlos.

Los tres señalan que ya están acostumbrados a madrugar. Y sobre su trabajo, dicen que los motiva mucho los comentarios que reciben de la gente.

“Toca mantener limpia la ciudad. La gente vive agradecida por nuestro trabajo. Y por eso dan muchas ganas de salir a trabajar todas las mañanas”, agrega Fernando.

Incluso, el cambio que ven en la ciudad lo ven reflejado en cómo la comunidad trata de mantener el orden. “La gente ha cambiado mucho con nosotros. Nos respetan, nos colaboran y eso es muy bueno”, señala Claudia.

Y la vida que se comparte en la vejez
Vejez

Toda su ropa era alusiva a la bandera de Colombia.

Foto:

Julián Espinosa

Beatriz Garnica es color. Sus uñas pintadas de naranja, su collar de perlas y su vestido tricolor resaltaba entre la multitud. Llegó desde Zipaquirá con un grupo de adultos mayores que anhelaban ver de cerca al papa Francisco. Su labor, dice, es la de llenar de alegría a los demás y ayudar.

“Yo estoy dispuesta a todo siempre. Le bailo joropo... lo que sea. Yo estoy dispuesta siempre y bailo con ellos (adultos mayores de ancianatos en Zipaquirá)”, señala.

Salió de su casa desde las 4:00 a.m., en Zipaquirá, para lograr una buena posición que le permitiera ver al Papa. “En este mundo se hace de todo. He hecho mis pesebres. En los diciembres trabajé en los terminales, he hecho decoraciones para niños, bailo, le animo y hoy estoy de colores para acompañar a mis amigos y ver al Papa”, señala.

Y mientras esperaba el Papa se encargó de saludar a otros ancianos, o enfermos, y a hacerlos reir. Les mostraba su colorido vestido, les hablaba de sus anécdotas como animadora y de lo importante que es mantener la alegría en la vejez.

JULIÁN I. ESPINOSA ROJAS
@julerk

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