La fe de los mercaderes que querían hacerse su 'agosto' con la misa

La fe de los mercaderes que querían hacerse su 'agosto' con la misa

Los alrededores del parque Simón Bolívar se llenaron de productos alusivos al papa Francisco.

Henry Orejuela y Fernando Téllez

Henry Orejuela (izquierda) y Fernando Téllez lograron unos pesos en la jornada.

Foto:

Archivo particular

07 de septiembre 2017 , 08:11 p.m.

–Confíe en Dios, crea en el de arriba, Fercho, que él lo protege a uno y nos va a ayudar a vender todo esto hoy.

–No es que sea negativo, Henry, pero es que la cosa está muy dura y parece que va a llover.

Fernando Téllez y Henry Orejuela, caleños, amigos de infancia y compañeros de aventuras y negocios ocasionales, discutían así sobre su suerte, a escasos metros del ingreso al parque Simón Bolívar sobre la carrera 68.

Faltaban cuatro horas para la misa campal a la que acudirían cientos de miles de personas y las ochenta postales y afiches del papa Francisco que tendieron sobre el asfalto a las 4 de la mañana no se vendían como querían. No lo suficiente para justificar el viaje que emprendieron en la madrugada del miércoles desde Cali, ni para haber compartido cama la noche anterior, ni para soportar el frío de la madrugada ni el sol intenso que hizo en la capital en la mañana de este jueves.

Henry, con más fe, aun con el reproche que le tiró a su amigo en la mente, trataba de agitar las estampas con más ánimo. Y elevaba la voz. Y recorría la calle. Necesitaba su propio milagro: sobresalir entre los miles de vendedores ambulantes para no llegar a la casa con los bolsillos vacíos. O por lo menos para recuperar la inversión.

En realidad, por momentos parecían ser más los mercaderes que los propios fieles en cercanías al parque metropolitano. Henry aceptaba esa realidad. Era uno más en una feria de la fe que buscaba fieles para venderles sillas, inflables, escapularios, monedas ‘bendecidas’ y aguas para bendecir, camisetas, comidas y bebidas. Y sillas para el cansancio. Y plásticos para la lluvia. Y agua para el calor.

Fercho, mientras, logra vender un afiche de 60 centímetros de alto con la frase: “Jamás provoques lágrimas en un rostro que te ha regalado sus mejores sonrisas”, que trinó Francisco hace unos años. Son 6.000 pesos más al fondo de la billetera. Es rápido para tomar el dinero y entregar vueltas. Pero cae la primera gota. Y tenía razón, infortunadamente: llegaba el aguacero.

REDACCIÓN VIDA

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