‘Enamorarse es un sentimiento muy potente’: Rodrigo Tupper

‘Enamorarse es un sentimiento muy potente’: Rodrigo Tupper

Después de tres décadas de sacerdocio, Tupper colgó los hábitos y piensa casarse por la Iglesia.

Rodrigo Tupper, exsacerdote chileno

El ahora exsacerdote Rodrigo Tupper dice que ya tiene novia con la que desea casarse. ‘Primero por lo civil y luego por la Iglesia’.

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Cortesía ‘El Mercurio’

20 de agosto 2017 , 10:53 p.m.

A sus 52 años, Rodrigo Tupper dice que nunca se había ennoviado y que no sabía siquiera cómo acercarse a una mujer. Esperó un año para hacerlo, desde que en mayo del 2015 dejó su cargo como vicario general del Arzobispado de Santiago, Chile.

Tupper les pidió a sus amigos que lo ayudaran y ellos le organizaron citas a ciegas. Una de las condiciones que puso, cuenta, es que ellas supieran de antemano que él había sido cura, y otra, que la diferencia de edad no fuera tanta, “aunque estaba dispuesto a ceder”.

Tupper dice que esa etapa fue entretenida, aunque no siempre sentía química.

–Pero había que buscarle novia al cura y le pedí a Dios que me llegara la gracia del amor –dice–. No tengo un tema con la soledad, me entretengo conmigo, no me aburro y no estoy buscando a alguien para arrancar de mí mismo, pero no podría vivir solo. Siempre me han encantado las mujeres y quería conocerlas.

Recuerda que prefería no ver fotos de sus citas antes de conocerlas y que, aconsejado por sus amigos, siempre se preocupaba de hacer las reservas en restaurantes.

–No tenía idea de cómo se hacían la cosas, no sabía cómo no meter las patas. Salí un par de veces, hasta que la conocí a ella. La hermana de una comadre nos juntó y reservé un lugar que a ella le encantaba. Desde que la vi lo único que pensé es por qué una mujer así está sola.

Diez días después, Rodrigo Tupper se le declaró.

El 14 de mayo del 2015, Rodrigo Tupper, entonces vicario general del Arzobispado de Santiago, oficializó su decisión en España de dejar su cargo en la Iglesia.

Les informó al arzobispo Ricardo Ezzati, a sus amigos y familia, y en junio, ya como laico y gracias a la ayuda económica de cercanos, se fue a Boston a estudiar inglés. Las especulaciones no tardaron en aparecer.

Con la frente en alto

–Si mi renuncia hubiese sido por una crisis de fe, habría sido muy explicable; si tuviera que ver con una crisis afectiva, como que me enamoré de una mujer, era muy fácil de entender. Todos los que me conocen saben que no fue por ninguna de esas razones. La decisión tuvo que ver con una honradez de la conciencia, con vivir la vida caminando de frente. Podría haber seguido en la Iglesia, pero habría empezado a construir un personaje, una farsa, un rol, porque ya no sentía la vocación de fondo.

¿Se arrepintió en algún momento de su decisión?

He tenido cero dudas de lo que hice, y lo volvería a hacer de la misma manera, exactamente igual. Hay que tomar las decisiones y hacerse cargo, o si no, uno vive preso de sí mismo, de los miedos, del qué dirán. Cuando me fui a estudiar a Roma, de mí se dijeron una cantidad de cosas: “Ah, se va porque tiene una amante, porque tiene hijas, porque es homosexual, porque tuvo problemas con abusos”.

¿Afectó en su decisión, como especularon algunos, el no haber sido nombrado obispo?

No, tuve un ministerio muy bonito. Yo fui un cura muy feliz hasta que dejé de serlo, hasta que dejé el ministerio. Me encantó ser sacerdote, fue una experiencia maravillosa y marcó mi vida para siempre. Tuve tareas que me llenaron mucho en lo humano, lo espiritual, lo psicológico, en la vida. El episcopado nunca fue un tema, varias personas, compañeros de seminarios, me dijeron muchas veces que yo iba a ser obispo.

¿Y usted qué les respondía?

Que no. Yo creo que iba a ir por la línea de los que dicen que van a ser obispo, pero no pasa nunca. Siempre me tocó manejar mucha plata, recursos, gente. Mucho más que obispos de cualquier parte del mundo. Nunca me quitó el sueño eso, porque cuando la labor se vincula con el poder, todo se echa a perder.

Tupper asegura que las acusaciones contra sacerdotes por abusos “no tuvieron que ver estrictamente” con su decisión de renunciar.

–Pero sí han pasado cosas importantes en la Iglesia que me duelen, que me apenan, que me molestan y han cerrado el camino.

¿Cuáles son esas cosas?

Me duele muchísimo que hoy una de las primeras asociaciones cuando se habla de la Iglesia sea con los escándalos sexuales. Es algo automático. Y cualquier escándalo de este tipo que surge, en cualquier parte del mundo, se relaciona inmediatamente con la Iglesia. Eso me duele en el alma.

Una vez fuera del sacerdocio, Rodrigo Tupper se fue a vivir a Boston, donde además de estudiar inglés, tuvo que comprarse ropa nueva y aprender a cocinar. También comenzó a ver series de televisión, lo que nunca antes había hecho.

–Vi dos o tres veces a amigos chilenos y no más que eso. El resto fue vivir con gente de Corea, Japón, India, de todas partes del mundo y evitar a los latinos, para aprender a hablar bien inglés.

En ese momento, ¿cuál era su relación con el amor?

Yo venía saliendo de un proceso espiritualmente muy intenso y estaba superdisponible a que pasara lo que pasara; si hubiera llegado una vietnamita bonita, me habría encantado, pero yo no lo estaba buscando.

Cuando fui cura hubo dos mujeres que me parecieron superatractivas, pero yo siempre puse una barrera férrea

¿Lo ponía nervioso la idea de acercarse a una mujer?

Puede ser. No sé si nervioso es el término, pero sí curioso. Y era porque uno tenía una barrera tan nítida, autoimpuesta en la Iglesia, pero aquí no era así. Cuando fui cura hubo dos mujeres que me parecieron superatractivas, pero yo siempre puse una barrera férrea. Gracias a Dios, tengo tres maravillosas hermanas que me ayudan a tener relaciones humanas normales.

¿Cómo se enfrentaba a las mujeres que estaban interesadas, mientras usted era sacerdote?

Me daba media vuelta y chao. Literalmente arrancaba. Hubo dos casos en que tuve que decirles directamente que no podía pasar nada.

¿Dudó?

No, porque yo estaba muy convencido de mi relación con la Iglesia.

A la distancia, ¿qué piensa hoy del celibato en el sacerdocio?

Creo que es una opción muy válida, viene del Evangelio como propuesta de Jesús. Pero también creo que no debe ser una única alternativa, debe existir también a mi juicio el sacerdocio casado. Las dos opciones, el celibato y el sacerdocio casado.

¿Por qué?

Porque me parece que nunca debería haber dejado de existir. Durante los primeros siglos de la Iglesia, existió el sacerdocio casado y sigue existiendo en la Iglesia católica de oriente. Entonces, creo que actualmente debería ser una opción, sobre todo por los tiempos y por la cultura que vivimos hoy, que cada vez se puede comprender menos el celibato. Pienso que eso ayudaría a que mucha gente estuviera más cerca de la Iglesia.

Volver a nacer

Después de la muerte de su padre, en octubre del 2015, Rodrigo Tupper volvió a Chile y vivió solo en un departamento en Ñuñoa, el cual se lo regalaron tres amigos. Allí se enfrentó al mundo laboral sin tener una carrera universitaria, sin currículo y solo con su experiencia de sacerdote.

–Hubo un momento en mi discernimiento en que el tema laboral me pesó. Pensé que en la Iglesia era querido, respetado. Pensé, mejor me aguanto estos chaparrones y sigo, porque qué iba a hacer a los 52 años, en qué iba a trabajar, tengo una laguna previsional de 33 años, y me dio un susto que me duró un par de horas, gracias a Dios, hasta que el Espíritu Santo –que creo que me iluminó– me dijo que si iba a seguir siendo cura por temor al trabajo, a cómo ganarme la vida, a las previsiones, los seguros, iba a ser un desastroso cura.

Cinco meses y varias entrevistas laborales después, Tupper se convirtió en el gerente general de la Fundación Portas, que apoya desde hace 10 años a jóvenes de los niveles más bajos desde que entran a la educación superior hasta que encuentran su primer trabajo profesional. Además, les dan una beca económica para ayudarlos. Cuenta que 50 alumnos ya se han titulado gracias a ellos.

–Llegué al trabajo en el que quería estar. Portas tiene que ver con jóvenes en situación de vulnerabilidad y el trabajo, para que logren desarrollar sus talentos y capacidades. Esto tiene mucho que ver con mi vida de cura –dice Tupper sentado en una blanca oficina de la fundación.

La puerta está rota. Tupper la señala con la mirada y recuerda que un grupo de delincuentes entró a Portas y se llevó todos los computadores que encontraron, 30 tabletas que iban a regalar a sus alumnos, y destrozaron las oficinas.

–Nuestros alumnos son hijos de un sistema brutalmente inequitativo. Vienen de un contexto de mucha pobreza, mucha violencia y no tienen las condiciones mínimas y básicas para estudiar con tranquilidad. Esas tabletas que robaron son esenciales para ellos y vamos a trabajar hasta recuperar todo.

Rodrigo Tupper, vestido con un chaleco azul y ‘jeans’ holgados, camina por Portas y todos lo saludan con una sonrisa. Avanza con paso rápido y bromea con que quiere irse para ver a su futura esposa, a quien conoce hace 10 meses.

–Todo ha sido muy afortunado o providencial. Los años más famosos míos, en los que aparecía en Canal 13, los años del ‘Encuentro Intercontinental de Jóvenes’, los años de la ‘Vicaría Joven’, lejos de los más mediáticos, ese tiempo ella estuvo fuera de Chile estudiando. Entonces, nunca supo mucho de mí.

¿Por qué era bueno que no supiera de usted?

Porque hacía más fácil la relación. Desde el punto de vista de ella, involucrarse con un personaje que trae toda esta historia era complicado. Ella es una mujer practicante, católica. Probablemente, si conociera el lado más mediático no se hubiera producido la conexión.

¿Cómo es para un excura enamorarse?

Muy potente, ha sido impresionante, muy valioso. No he sentido miedo, me encanta todo el rato. Tuve la experiencia de estar muy enamorado del proyecto del sacerdocio, pero es distinto el amor hacia Jesucristo, que fue el gran amor de mi vida en esos años. Esto es otra cosa, es un amor que tiene que ver con lo afectivo, lo erótico, lo donativo, con todas las dimensiones del amor.

Una novia discreta

Su novia, quien prefiere no aparecer en esta entrevista, estuvo casada y no tiene hijos.

–Cuando uno tiene convicciones, tiene que lanzarse. Además, el tiempo pasa muy rápido. Creo que al mes tenía claro lo que quería. Le compré un anillo y me ayudó su hermana a escogerlo. Se lo regalé el día de su cumpleaños. Yo lloraba a mares y ella se puso a llorar después.

¿Cuándo comienza con el proceso de autorización para casarse por la Iglesia?

Empecé antes de conocerla a ella, hace como un año. Hice la dispensa, porque quería en algún minuto casarme. Cuando le hago la carta al Papa, no tenía idea de nada, ni siquiera estaba saliendo con alguien. Solo tenía la seguridad de que en algún momento iba a llegar. Y la idea de casarme con ella fue rápida. Espero que el permiso salga luego, para casarnos primero por el civil y luego por la Iglesia.

¿Y si el Papa dijera que no?

Sería una pena, pero lo haríamos por el civil de todas maneras. Sería muy penoso que no resultara esta dispensa. Estoy confiado de que va a salir. El día que nos casemos va a ser algo sencillo, chico. Es obvio, porque ella ya estuvo casada y yo fui cura.

¿Qué ha sido lo difícil de estar en pareja?

Cuando se construye una relación desde una madurez humana es distinto. Es natural cuando tienes 52 años y sabes qué cosas dejar pasar y a cuáles darles importancia. Las discusiones duran poco rato, porque eso lo da la madurez. Lo único que quiero es estar con ella.

CARLA MANDIOLA G.
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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