Se fue el padre Francis, el alma del colegio San Carlos

Se fue el padre Francis, el alma del colegio San Carlos

El monje benedictino fue el formador de varias generaciones de líderes del país. Perfil.

Se fue el padre Francis, el alma del colegio San Carlos

El presidente Santos le entregó en el 2011 la Cruz de Boyacá al padre Francis Wehri.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

01 de agosto 2017 , 02:30 p.m.

El pasado sábado 29 de julio, a las 9 de la noche, el padre Francis Wehri quedó fundido en un sueño plácido y profundo del que nunca despertó. Ese día estuvo muy sobrio y de buen apetito, y disfrutó de las tres comidas. “Estuvimos conversando, rezamos, lo acomodé en la cama y se quedó dormidito. Y no se despertó más. Imagínese a un bombillo que se apaga: así se murió el padre Francis”.

Y así lo recuerda su enfermero durante los últimos cuatro años: el hermano Jorge Cortés, un monje benedictino en formación y quien fue asignado para cuidar la salud y tranquilidad del célebre rector del colegio San Carlos durante más de 50 años y uno de los educadores más respetados de los últimos tiempos. El gestor y la inspiración de varias generaciones de líderes, empresarios, políticos e intelectuales, a quienes educó con una exitosa y única fórmula pedagógica: disciplina con libertad.

“A los chinos hay que inspirarlos, pero, sobre todo, respetarlos”, me dijo en una entrevista en septiembre del 2007, días antes de recibir la nacionalidad colombiana.

Y así llamaba a sus estudiantes: ‘chinos’. Y a sus egresados les decía así: la ‘plaga’.

“Son una plaga, porque siempre caminan duro y logran lo que quieren”.

El monje benedictino nacido en Dakota del Norte (Estados Unidos) en 1934, y quien llegó a Colombia en una misión de dos años que se convirtieron en 51, murió este domingo 30 de julio a las 11:30 de la noche en la clínica Fundación Santa Fe de Bogotá, donde estuvo hospitalizado durante cerca de 10 días.

El father, recuerda el hermano Jorge, se fue apagando poquito a poquito. Y, aunque ya tenía su salud bastante quebrantada (un marcapasos desde hace 17 años, un corazón a media marcha, fallas en los riñones y pulmones, y otros males de un hombre de 83 años), se empezó a complicar desde hace dos semanas, justo cuando estaba planeando un viaje a Estados Unidos. Quería visitar a su comunidad benedictina, a sus hermanos y familiares. Tenía muchos planes. Morirse no estaba en ellos.

“Siempre estaba pensando en vivir, en disfrutar la vida, en gozar y en estar con la gente que lo quería. Era un hombre sabio y generoso –sigue el hermano Jorge, quien nunca dejó de sorprenderse con la memoria prodigiosa del padre Francis–. Cuando íbamos a la clínica y nos encontrábamos con algún exalumno, recordaba su nombre completo, el año en el que se graduó, todo sobre su familia”. Además, dice, era muy juicioso a la hora de tomar los medicamentos y de seguir sus cuidados.

Pero, esa memoria poderosa –dice el hermano Jorge– empezó a vacilar en los últimas semanas. Ya estaba perdiendo las dimensiones del tiempo y el espacio.

Aunque el día en el que murió estuvo perfectamente lúcido y lo llamó por su nombre.

Bien se dice que no hay muerte bonita, pero el padre Francis se quedó dormido para siempre, sin mayores padecimientos. Y eso lo agradece su incondicional enfermero.

La muerte del religioso sorprendió al país en el amanecer del lunes. Fue noticia en los medios de comunicación, y sus exalumnos se tomaron las redes sociales para expresarle su admiración y gratitud. Uno de ellos, el presidente Juan Manuel Santos.

“Murió un gran hombre, father Francis, rector del San Carlos. Un educador integral que amó a Colombia como propia. Gracias por todo, father”, escribió otro Santos, Francisco, quien presidió el acto en el que el monje estadounidense recibió la nacionalidad colombiana en septiembre del 2007. Entonces, Francisco Santos era vicepresidente de la República.

“No encuentro palabras suficientes de gratitud con el padre Francis Wehri por su amor por Colombia y la huella que deja en miles de nosotros”, escribió el también político y sancarlista Jorge Mario Eastman.

“El padre Francis respetaba la crítica y el debate. Era tolerante y creía en la diversidad. Y fue un líder sin afanes de figuración”, dijo por su parte el analista político Carlos Cortés, vinculado a La Silla Vacía.

Felipe Barrera Garzón (generación 2015, diseñador digital radicado en Estados Unidos), dice: “Con sus acciones nos cambió la vida a muchos, nos hizo reflexionar en la importancia de ser mejores cada día y darlo todo. No olvido la invaluable oportunidad que me dio de repetir un año escolar y seguir en el colegio. Y, gracias a su acompañamiento, descubrí que con disciplina y empeño podemos sacar nuestro potencial para hacer cosas importantes y para dejar de ser personas promedio. Siempre nos enseñó a sacarles provecho a las oportunidades”.

“Las enseñanzas de father Francis son múltiples: desde el rigor académico, la sencillez, la vocación por servir y su pasión por la música, que también la comparto”, dijo Álvaro Triana Soto, consultor de empresas y docente universitario, e hijo del hombre que construyó el colegio: Enrique Triana Uribe.

***

Los alumnos del padre Francis lo recuerdan caminando por los largos y lustrosos pasillos del San Carlos con sus 1,75 m de estatura y su cuerpo delgado. Con un hábito negro que lo cubría del cuello a los pies. Con sus ojos tan azules y sus gafas de montura ovalada. Con la espalda encorvada y con las manos metidas dentro de un hábito negro en el que siempre llevaba, en el bolsillo derecho, un enorme manojo de llaves: todas las llaves de las puertas del colegio. Todas.

También lo recuerdan por sus manos largas de pianista. Porque el padre Francis también tocaba el piano, otra de sus tantas facetas. De hecho, en su despacho tenía un viejo piano de tubos marca EF Walcher y Cía. que tocaba de vez en cuando.

“Mi mamá me enseñaba a tocar el piano en las mañanas. Y, en las tardes, cuando llegaba del colegio, tenía que ayudar en la finca: a ordeñar las vacas y a regar los cultivos de maíz. Mi padre era una ‘agricultura’ ”, contó en alguna ocasión el padre Francis.

“Agricultor”, lo corrige Jaime Ronderos, presidente de la asociación de exalumnos del colegio. “Nunca pude aprender a hablar bien español”, reconocía.

Con las mismas manos larguísimas, muy blancas, el padre Francis se la pasaba recogiendo papelitos, basura y los objetos perdidos de los estudiantes. Y, con esas mismas manos, como ramas de un árbol, le calentó el cachete a más de uno. Los que se portaban mal se sabían expuestos a un tremendo bofetón. Uno de ellos, el mismo Francisco Santos. “Pacho era muy necio”, recordaba Francis.

El periodista Miguel Silva Pinzón también se ganó una bofetada por estar coqueteándole a una profesora, le contó Silva a EL TIEMPO:

“Yo era un estudiante muy poco sancarlista porque fui malo para las matemáticas y llegaba siempre tarde. Y el San Carlos era muy severo con los horarios y muy fuerte en matemáticas. La mayoría de mis compañeros fueron ingenieros. Pero, yo era rebelde, de izquierdas, fumaba desde pequeño, y casi siempre llegaba en flota porque leía hasta tarde y me dejaba el bus en la mañana. Sin embargo, el cura Francis fue comprensivo en mi caso”, evoca el consagrado reportero, editor y abogado.

Precisamente, Silva Pinzón, junto con otro sancarlista, Rafael Santos, publicó recientemente un libro sobre la vida y obra de ese cura larguirucho de quien él decía que era “Pepe Grillo hecho sacerdote benedictino”. Se llama Eight days a week, Fr. Francis; su vida y la historia del San Carlos.

Más allá de todos sus afectos, Silva reconoce los aportes del padre Francis en la educación del país. “Puso en marcha un colegio que tenía y sigue teniendo una educación de altísima calidad a un costo moderado, a la que tienen acceso los mejores estudiantes, no los más ricos o los de mejores apellidos. Es cierto que en el San Carlos se educó una parte de la élite colombiana, pero también es cierto que allí se creó una élite de clase media educada. A la vez, todo el que se educó allí aprendió una lección benedictina: hay que devolver a la sociedad lo que se ha recibido de ella.
A mayor privilegio, mayor compromiso
”.

El padre Gonzalo Blanco, quien trabajó con él durante 30 años –es el director de Vida Comunitaria, un cargo mejor conocido como el prefecto de disciplina– recuerda que el padre Francis también dirigió la comunidad colombiana de monjes benedictinos de Tibatí. Se llaman así en tributo a los chibchas que habitaron los predios que ocupan el colegio San Carlos, en el norte de Bogotá, desde 1960, y que significa: la alegría del señor.

“Era estricto pero bonachón, muy cercano; los muchachos lo quisieron y lo querrán por siempre. Era estricto pero muy tranquilo, un gran maestro”, dice Gonzalo, y cuenta que el padre Francis se retiró de la rectoría el 30 de junio del 2015.

Pero, aunque estaba retirado, celebraba la misa con frecuencia y servía de consejero para el colegio y la comunidad. El sábado en la tarde, horas antes de que se le acabara la vida, hablaron por última vez por teléfono. “Estaba muy decaído, pero me contó que esperaba asistir a la celebración de los bachilleres de hace 50 años, y le envió saludos a todo el mundo”.

Mucho se habla del padre Francis, desde su perfil de educador. Pero muchos desconocen su perfil más importante: ser un hombre de Dios.

“El padre Francis fue un ejemplo del ‘ora et labora’ –reza y trabaja- el lema que identifica a los benedictinos en todo el mundo. Pero él no hacía mucho alarde de ello porque lo vivía con mucha fe. También la vida de oración fue testimonio para muchos de nosotros. Siempre empezaba el día con la oración de la mañana (Laudes) y terminaba el día con la oración de la tarde (Víspera). Siempre lo conocí como una persona de mucha fe, que predicaba y trataba de vivir de acuerdo a las enseñanzas de Jesucristo y el ejemplo de San Benito”, dice el padre Manuel Cely, prior del Monasterio de los Monjes Benedictinos de Tibatí.

“En definitiva, se podría decir que su trabajo diario estaba irradiado por su vida espiritual. Lo que llevaba por dentro, lo reflejaba en lo que hacía. Era consciente de la presencia de Dios en su vida diaria y siguiendo lo enseñado por San Benito, en el capítulo cuarto de su regla, también tenía presente el día de la muerte y para eso estaba preparado, así como lo hicieron sus hermanos y amigos que lo precedieron como el padre Sebastián”, sigue Cely y cuenta que a comienzos del mes de julio él le habló sobre cómo podría pasar sus últimos días.

Le pidió que lo ungiera y le pusiera los santos óleos (unción de los enfermos) pues quería estar preparado “para cuando el Señor lo llamara”. Y recibió la Sagrada Comunión.


“El día que se enfermó, antes de llevarlo a la clínica, también lo ungimos. Casi hasta el último día, el día antes de su encuentro definitivo con el Creador, recibió la Sagrada Comunión. Por lo tanto puedo decir que el padre Francis fue un hombre de mucha fe, que la vivió y nosotros también creemos que entró a la eternidad a vivirla plenamente, que Jesús le ha dicho: "venid benditos de mi de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mateo 25:34)”, concluye el padre Cely.

El padre Francis amaba el ajiaco santafereño y la morcilla, y era feliz paseando en Boyacá. Y se juraba colombiano no solo gracias a la nacionalidad que le dieron. En Colombia, decía, aprendió a ser jovial como los colombianos. Pero nunca pudo con esa fatídica costumbre nacional llamada ‘lagartería’. En Colombia vivió feliz y murió feliz.


JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Subeditor de Vida
* La velación se llevará a cabo este primero de agosto de 9 a. m. a 8 p. m. en la capilla del colegio San Carlos. La misa de exequias será el miércoles 2 de agosto a las 2 p. m. en el mismo lugar. La inhumación será en Jardines de Paz.

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