‘Ojalá que esta vez Colombia sí escuche al Papa’: Cardenal Salazar

‘Ojalá que esta vez Colombia sí escuche al Papa’: Cardenal Salazar

Rubén Salazar cree que la visita del Papa es la mejor excusa para empezar a construir un país justo.

Cardenal Rubén Salazar

“La Iglesia no es neutral frente a la paz, como se quiso presentar antes del plebiscito. Estamos comprometidos con ella desde siempre y lo estaremos hasta el final”, asegura Salazar.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

03 de septiembre 2017 , 04:41 a.m.

El cardenal colombiano Rubén Salazar Gómez, máximo jerarca de la Iglesia católica en Colombia, tendrá el privilegio de hacer parte del séquito del papa Francisco desde que pise suelo colombiano, este miércoles, hacia las 4 de la tarde, en Bogotá. Estará a su lado en el papamóvil que recorrerá la avenida El Dorado desde el aeropuerto militar de Catam y también lo acompañará en su correría por Villavicencio, Medellín y Cartagena.

El también arzobispo de Bogotá, quien participó en el cónclave que convirtió al argentino Jorge Bergoglio en el papa Francisco, espera que la visita papal sirva para desarmar los corazones y para construir un país mejor.

¿Ha hablado con el Papa?

La última vez fue en abril; tuve una audiencia privada de casi una hora. Comencé dándole gracias por haber aceptado la invitación de venir a Colombia y él me reiteró que viene con un inmenso gusto, con gran alegría.

¿El Papa le tiene fe a Colombia?

Sí. El Papa siempre ha creído en las riquezas de Colombia. Yo cuento una anécdota: desayunamos juntos el día en que se posesionaba. Yo le dije: “santo padre, ¿qué mensaje le manda a Colombia?”. Y él me dijo: “Que siga siendo un faro de luz para el mundo”.

Él siempre apoyó el proceso de paz...

Hay que distinguir entre el proceso y el acuerdo de paz. El proceso es el diálogo entre el Gobierno y la guerrilla. Ese es un proceso que no solo el santo padre, sino la Iglesia en Colombia siempre apoyaron. El día en que se iniciaron las conversaciones en La Habana yo, como presidente de la Conferencia Episcopal, emití un comunicado para apoyar plenamente el proceso que se iniciaba.

Otra cosa es el acuerdo que se logró. Ahí es donde uno puede estar o no de acuerdo. La Iglesia en Colombia generalmente ha dicho que es un buen acuerdo, ha estado con él. El santo padre siguió con mucha atención el proceso y apoyó sin duda que se llegara a ese acuerdo del cese definitivo de hostilidades y de reinserción plena de la guerrilla en la vida civil. Entonces, para el Papa es una alegría llegar a un país donde ya hay un acuerdo concreto para dejar la guerra y empezar juntos a construir la paz.

¿Qué significa que el Papa venga a un país como el nuestro?


Quiero subrayar que rara vez visita un solo país, y rara vez le dedica a ese país los cuatro días que nos va a dedicar. Eso significa que le da una especial importancia a nuestro país.

¿Por qué es importante que venga?

El Papa es el líder espiritual más importante del mundo. Eso lo ha sido siempre, no solo porque el número de católicos es muy grande (1.300 millones), sino también por lo que significa como autoridad moral. El Papa se reúne con todos los jefes de Estado que visitan Roma, le piden audiencia, se dirige al Parlamento Europeo, al Congreso de Estados Unidos y se encuentra con otros líderes mundiales. Y tiene la autoridad que le da ser la cabeza de la Iglesia católica y el centro de unidad de fe de los católicos.

No solo se trata de dejar atrás la guerra, sino también de dejar atrás todo aquello que ha conducido a situaciones de inequidad

El eslogan de la visita papal es ‘Demos el primer paso’. ¿Qué significa?

Demos el primer paso en una reconstrucción del país en el sentido de la fraternidad y la solidaridad. No solo se trata de dejar atrás la guerra, sino también de dejar atrás todo aquello que ha conducido a situaciones de inequidad, que han estado en la raíz de la violencia de Colombia. Se trata de que la visita del santo padre nos ayude a decir: “Vamos a dejar atrás todos esos fangos que nos impiden caminar y a empezar, decididamente, la construcción de un país nuevo”.

¿Y cómo debe ser ese nuevo país?

Un país que tenga como base sólida la justicia, la solidaridad y que, por lo tanto, pueda vivir en paz. Porque terminó el conflicto armado con las Farc, pero siguen miles de conflictos. Entonces, se trata precisamente de que seamos capaces de empezar a construir un país donde los conflictos se resuelvan pacíficamente; es decir, con el diálogo, con la buena voluntad de todos y que no recurramos a la violencia para solucionar nuestras diferencias.

Cuando vinieron Pablo VI y Juan Pablo II hablaron de la necesidad de construir un país más justo con los más pobres. ¿Se atendieron esas recomendaciones?

No, desafortunadamente. Los grandes mensajes que nos dirigió Pablo VI cayeron en oídos sordos. Y el eslogan de la visita de Juan Pablo II fue: ‘Con la paz de Cristo, por los caminos de Colombia’. Eso fue en los 80, cuando ocurrió lo contrario: se recrudeció la violencia. Esto significa que no es automático que el Papa venga, dé unos discursos muy bonitos y el país cambie.

¿Y eso de qué depende?

De los corazones. Por eso, un punto fundamental para la visita del Papa ha sido preparar los corazones. El país cambiará en la medida en que cambiemos los colombianos. El país no cambia solo con medidas estructurales o con constituciones nuevas (ahora tenemos la alharaca de que para todo debe haber una constituyente). Queremos que a partir de esta visita seamos capaces de escuchar, que hayamos aprendido de la experiencia triste de que somos tercos y reacios a escuchar los mensajes de paz.

¿Usted tiene fe en que eso pueda pasar?

Hoy tenemos más conciencia que nunca de que el país tiene que cambiar, y de que cambiará en la medida en que cambiemos nosotros, no las instituciones. Por ejemplo, lo de la corrupción no se va a acabar mientras las personas sean corruptas. Son las personas las que hacen la corrupción. Necesitamos jueces, empresarios y dirigentes honestos, con una ética profundamente clara de bien común.

Usted toca un tema candente en estos últimos tiempos: la corrupción…

Yo creo que en este momento, con la explosión de todos estos escándalos, se constata que la violencia de la guerrilla era apenas un aspecto. Y tal vez no ha sido el más importante de los muchos males que ha tenido el país.

...que hayamos aprendido de la experiencia triste de que somos tercos y reacios a escuchar los mensajes de paz

¿Qué otros conflictos y retos le quedan a Colombia como sociedad?

Muchísimos. Colombia es un país inequitativo, donde las enormes riquezas están en manos de unas pocas personas; y la inmensa mayoría de los colombianos no tienen acceso a esa riqueza. Es un país excluyente, donde los colombianos no nacen todos con las mismas oportunidades en el campo personal, educativo y laboral. Desde el principio, desde la cuna, hay diferencias, y existen por lo tanto diferencias de oportunidades. Ese es el principal mal del país.

¿Cómo lograr el cambio necesario?

El día en que se deje de pensar en los provechos personales o de grupos y se empiece a pensar en el bien común de la nación vamos a pensar en propósitos nacionales; aunque es claro que ese día las diferencias no van a desaparecer. Y un propósito fundamental es lograr el bien del país. Ahí está la clave. Por eso insisto en que el cambio debe darse en el corazón de las personas y no tanto en las estructuras; nuestras estructuras, mal que bien, funcionan. Lo que no funciona son las personas que están en ellas.

¿Cuánto va a costar la visita del Papa?

Los costos se han exagerado. Supongamos que sean 25.000 millones de pesos. ¿Qué significa frente a otras cifras? ¿Cuánto vale la consulta antitaurina?: 44.000 millones. ¿Cuánto costó el último Rock al Parque? Otro montón de millones. Si se comparan los costos de otros acontecimientos, la visita del Papa no tiene ningún costo excesivo. El Papa no cobra por venir y las entradas a las misas y otros eventos son gratuitas. En la visita papal no hay ninguna cosa lujosa, no hay ninguna cosa inútil. El santo padre siempre ha pedido que todo sea lo más austero posible. Entonces, eso de exagerar los costos y poner el grito en el cielo porque vamos a tener que gastar unos miles de millones de pesos me parece una actitud totalmente falsa y que tergiversa la realidad.

¿Qué quedará de esa inversión?

En Bogotá, por ejemplo, uno de los costos más fuertes es la iluminación del parque Simón Bolívar. Pero el Papa no se va a llevar la iluminación, la iluminación queda; por lo tanto, a partir de la visita del Papa vamos a tener un parque iluminado toda la noche, una ganancia para la ciudad. Y se van a dinamizar la economía y el turismo, la imagen del país va a mejorar y estaremos en boca del mundo.

¿Qué responder a quienes dicen que este es un Estado laico y que no se deberían invertir dineros públicos en una visita papal?

Primero, eso de Estado laico es impreciso, porque si ustedes van a la Constitución del 91 se van a dar cuenta de que dice: “Estado no confesional”. Y eso es distinto. El Estado no puede profesar una fe. Pero es el Estado el que alberga a millones de católicos dentro de sus ciudadanos. Se estima que el 70 por ciento de la población colombiana es católica y creo que ese cálculo es bajo. Entonces, ese Estado tiene que propiciar el bienestar de esos millones de católicos que son sus ciudadanos. No son extraterrestres, son colombianos, y el Estado está para servir al pueblo y, por lo tanto, a todas esas personas que son católicas. Y aunque el 30 por ciento restante no sea católico, el mensaje del santo padre viene a servir a todo el país, a estar en función del bienestar de todos.

Si los líderes espirituales o de otras religiones vinieran a Colombia, ¿el Estado también tendría que apoyarlos?

Claro, aun cuando sea un número mínimo de colombianos el que los sigue. El Estado tiene que garantizar el bienestar de todos sus ciudadanos.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Subeditor de Vida de Hoy

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