La semana en la que fuimos vecinos del Papa

La semana en la que fuimos vecinos del Papa

Impresiones de los habitantes de Teusaquillo, el barrio donde está la Nunciatura.

Nunciatura Teusaquillo

El papa Francisco se alojó en la sede de la Nunciatura Apostólica, en Teusaquillo.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

10 de septiembre 2017 , 09:48 p.m.

Milena Sánchez González, una experta catadora de café y chocolate, conferencista, miembro de la Federación de Cafeteros en gestiones sociales, y quien reside en Ecuador, considera que fue una fortuna hospedarse a una cuadra de la Nunciatura Apostólica –embajada de la Santa Sede en Bogotá–, el lugar en donde se hospedó el papa Francisco, porque fue así como tuvo la oportunidad de tenerlo cerca, “quizás más cerca de lo imaginado, a unos cuatro metros mientras él caminaba”. Es ella una de las protagonistas de las historias que se han tejido en la cuadra, de ese lugar de descanso del obispo de Roma.

Pero mientras algunos, como la experta catadora, consideran que fue una bendición su estadía en el sector de Teusaquillo –de los más antiguos de Bogotá–, porque les atrajo más clientes, otros dicen que les ha significado un descalabro económico.

A unos 200 metros de la entrada de la embajada apostólica está un pequeño y elegante hotel, en donde Milena se encuentra alojada desde hace una semana. Ella cree que dos cosas jugaron a su favor: viajar a Bogotá por cuestiones de trabajo y la de atinar con la visita del Papa. “Tenerlo cerca es una maravilla, su presencia llena en todos los sentidos y, aparte de eso, haber tenido el privilegio del miércoles de estar a pocos metros de él, eso te hace sentir una magnificencia única. Es encontrar tu espíritu ante Dios, mostrado por una persona tan excelente, es un líder, la persona que necesitamos que viniera a Colombia en el preciso momento en que se está firmando la paz”, manifestó Milena, quien además guarda con celo religioso el video que hizo de ese momento histórico.

Sobre todo, porque acompañó hasta la acera de enfrente de la Nunciatura a una mujer de 62 años afectada por un cáncer terminal, quien también se hospedó en el mismo sitio, el hotel Cabrera Real. “Él no la tocó, pero ella dijo que había sentido algo especial y que ahora podrá morir tranquila porque la presencia del Papa le transmitió paz interna. Cuando lo vio, lloró”, contó Milena.

Diana Patricia Gómez, gerente del hotel, asegura que ella y su esposo son unos de los vecinos beneficiados, porque allí se hospedaron funcionarios de la Nunciatura que tienen que ver con la visita papal y personas que quisieron estar cerca del pontífice.

Pero otra cosa piensa Marcela Morales, propietaria de una miscelánea y café internet, quien lleva dos años con su negocio en ese sector. Afirma que las ventas se le fueron al piso desde hace dos semanas, desde que se implantaron las vallas de seguridad. “Dejaron de venir los clientes, porque muchas de las entidades enviaron a sus empleados a otras oficinas, por lo complicado de la entrada. Es que para pasar a este sector hay que portar unas manillas y es complicado que los clientes las tengan”, contó.

Su vecina Laura Gutiérrez comparte la misma opinión. Ella tiene un restaurante en el que, sostiene, se le bajaron las ventas desde hace 15 días. No obstante, dice que el miércoles y jueves –desde la llegada del papa Francisco– fueron sus mejores días, porque se acercó mucha gente. “El resto de días las calles se ven así –señala al fondo en donde queda la Nunciatura–, solas”.

En la misma acera de la embajada está la miscelánea que Jaidí Charris García montó con esfuerzo hace 21 años, en una de las cuadras de mayor restricción durante la gira papal. Dice que a pesar de que permanecen siempre unos seis policías en la esquina, controlando el paso de los no residentes, su negocio ha mantenido las ventas, porque sus clientes son los mismos vecinos y ahora algunos visitantes. “Tener al Papa es de las cosas más bonitas que haya podido experimentar”, cuenta sin ocultar una expresión de gozo. A cuadra y media de la casa en donde se hospeda Francisco está el negocio de Edilson Gamboa. Allí funciona un almacén especializado en el arte del bonsái, y además, al fondo, un local de comida peruana y china. Su esposa, Cherry López Tang, es peruana, de padres chinos, y él es el experto en la técnica del bonsái.

Gamboa confiesa que con la visita de Francisco ha experimentado dos situaciones paradójicas: una disminución de sus ingresos en 15 días, y en dos días –miércoles y jueves– unas ventas inexplicables que, dice, es “como una buena publicidad, porque hubo mucha gente por la llegada del Papa, que ahora saben dónde ubicarnos”.


LEO MEDINA JIMÉNEZ
Redacción Justicia

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