Noticias desde el cielo: así fue el vuelo con el papa Francisco

Noticias desde el cielo: así fue el vuelo con el papa Francisco

Los reporteros que viajan en el Pastor 1 tuvieron pocos segundos para saludar al sumo pontífice.

Las primeras imágenes del Papa en el avión que lo traerá a Colombia

Francisco traerá a Colombia mensajes de paz, reconciliación y, como él mismo lo aseguró en un video dirigido a Colombia el lunes, propondrá a los colombianos “dar el primer paso”.

Foto:

Osservatore Romano / Reuters

07 de septiembre 2017 , 10:11 a.m.

Esta crónica se escribe desde el cielo –más cerca de Dios, dirán algunos– mientras el papa Francisco atraviesa medio mundo (9.800 kilómetros, doce horas de vuelo) para llegar a Colombia.

Pero la historia comienza muy temprano. Fue necesario salir a las 6:00 a. m. para el aeropuerto Fiumiccino, en Roma. La cita para los periodistas admitidos en el vuelo papal era a las 7:00 a. m, aunque el despegue estuviera programado para las 11:00 a. m.

Muchos tienen problemas para conciliar el sueño cada vez que deben volar muy temprano al día siguiente. Yo soy una de esas personas y este no era un vuelo común y corriente: era un vuelo nada más y nada menos que con el mismísimo papa Francisco. En conclusión: no pegué el ojo en toda la noche. Emoción, angustia, ansiedad, susto, dicha, mariposas en el estómago. La pensadera. ¿Qué tal que el despertador no me despierte y que me deje el avión? ¿Y cómo será eso de volar con el Papa y con gente tan importante? Imposible dormir.

El Papa no viaja solo. Siempre lo acompaña un séquito de cuarenta personas, de su más alta confianza y del más alto perfil. En este caso, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, hombre clave de la reforma que propone Francisco en la Curia Romana. También un uruguayo llamado Guzmán Carriquiry, quien en su hoja de vida cuenta que ha trabajado con los últimos cinco papas y el laico con más poder dentro del Vaticano. Solo por nombrar a dos personas.

Y, además de ese séquito, siempre va una comitiva oficial de vaticanistas: curtidos reporteros que llevan muchos años cubriendo desde Roma las noticias de la Iglesia católica y que no se pierden viaje porque saben que el Papa siempre da noticias; sobre todo, cuando sale de periplo. Y entre esa selecta comitiva hay otro pequeño grupo de reporteros colombianos que fuimos admitidos en el vuelo papal después de hacer la solicitud a la Santa Sede varios meses antes y tras asumir –los medios para los que trabajamos– los costos de pasajes y otros gastos.

¿Y por qué tan poquitos? Pues realmente no somos tan poquitos. En esta ocasión, los cupos para los periodistas locales fue más grande que de costumbre. Suelen ser dos, o máximo tres. Eso nos lo dijeron en una rigurosa charla, a cargo de los jefes de la Sala Stampa del Vaticano, en la que nos dieron instrucciones sobre qué hacer y qué no hacer a bordo y en los diferentes actos en los que estaremos siguiéndole los pasos al santo padre en su visita a Colombia.

En conclusión:

-No te pongas de creativo. 
-No quieras aprovechar algún descuido del Papa para caerle encima con un micrófono o una grabadora.
-No le pidas una entrevista exclusiva ni trates de presionar ni de mover tus contactos por más importante que sea tu medio. No te la darán (son muy pocos los reporteros que han logrado entrevistarlo, y son personas con mucha experiencia y mucho mérito).
-Lleva siempre saco y corbata, así sea en ese horno que es Cartagena o Villavicencio.
-Sigue las reglas.
-Debes estar listo a la hora indicada para los vuelos domésticos (4:00 o 5:00 de la mañana en algunos casos).
-Y, así vivas en Bogotá, debes dormir en el hotel asignado, y tienes que notificar tus movimientos.

Así son el protocolo y la diplomacia de una poderosa institución con más de 2.000 años de historia y con 1.300 millones de fieles en todo el mundo (se estima que en Colombia son el 47 por ciento de la población).

Así es la organización y la seguridad de uno de los hombres más custodiados –y amenazados– del mundo, que más tarde estrechará nuestras manos. Cualquier acto de imprudencia podría ser visto como una falta grave. Y sí, te podrían expulsar de la comitiva.

Ojo, ¡ahí viene el Papa!

El avión Pastor 1 salió a las 11:12 minutos hora italiana en el vuelo AZ 4000. A esta hora no hemos visto al Papa todavía y todos nos morimos por verlo. Él llegó por otro lado con su séquito, y nosotros, en un bus, como en cualquier vuelo comercial. Él va adelante, nosotros atrás.

Ya nos habían advertido que a cualquier momento podía aparecer el Santo Padre. “¡Ya casi viene!”, gritó alguien y todos alistamos las cámaras fotográficas y de video, los celulares. También los detalles que teníamos permitido traerle.

A las 11:47 minutos, se abren las cortinas y ahí está, por fin, el papa 266 en la historia de la Iglesia católica: con su caminar pausado, su piel blanquísima y sus ojos verdes. En las fotos no se ve que sean verdes, pero sí, son verdes.

Lo acompaña Greek Burke, secretario de prensa de la Santa Sede , y un colombiano: monseñor Mauricio Rueda Beltz, responsable de organizar los viajes del Papa desde el 2016 y un hombre de su entera confianza. Se ve amable y sonriente, pero es inabordable. Por la dignidad de su cargo, no da declaraciones a la prensa.

Le pasan un micrófono y saluda, en italiano, agradeciendo a la prensa por la compañía y por el trabajo que le espera. “Este viaje a Colombia es un poco especial porque es un viaje para ayudar a Colombia a seguir adelante en su camino de paz. Les pido una oración por eso”. Paso seguido, reveló un dato que tomó por sorpresa a la mayoría de los presentes: “Quisiera decirles que en el vuelo sobrevolaremos Venezuela y pedirles una oración para que pueda haber diálogo y que el país tenga una buena estabilidad”.

Soltó el micrófono y empezó a saludar, uno a uno, a todos los reporteros. Ya estaba claro: solo tendríamos unos segundos, máximo un minuto, para saludarlo y para pedirle, tal vez, una foto o un mensaje en un video. Una bendición.

César Moreno, de 'Caracol Radio', le llevó una rosa blanca con una estampa de santa Teresita de Jesús, una de las santas preferidas de Francisco. Otros le llevaron café y cartas. Nos saludamos con la mano derecha y yo, con la izquierda, le entregué un ejemplar del libro que escribí sobre la santa colombiana Laura Montoya ('Habemus Santa'), que fue precisamente la primera santa que él canonizó en mayo del 2013 y de quien él destacó su fe y coraje. Lo recibió con asombro, lo ojeó y luego bendijo la foto de Simón, el hijo de una amiga, que anda muy enfermito.

Después del saludo a los reporteros, se fue y se cerraron las cortinas de la parte delantera del avión y solo lo volvimos a ver cuando aterrizamos en Bogotá. El Papa recibió los honores y se fue en su papamóvil ensamblado en Colombia y la selecta comitiva de prensa se quedó de última. El Papa ya iba bien arriba de la 26, según informaban en la prensa, y nosotros metidos en un bus dentro del aeropuerto militar de Catam. En la prensa se habla del apoteósico recibimiento, de las multitudes de gente y de la emoción generalizada. Y nosotros no vimos eso.

Tan cerca y ahora tan lejos. Así es viajar con el líder espiritual más importante y amado del mundo.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Enviado Especial de EL TIEMPO
Vuelo papal (Roma - Bogotá)

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