El Papa vino a a enseñar la paz: ¿el país le aprenderá?

El Papa vino a a enseñar la paz: ¿el país le aprenderá?

'Perdón' y 'reconciliación', las palabras más usadas en el país por el sumo pontífice.

Papa Francisco en Medellín

A pesar de las largas jornadas, el sumo pontífice siempre se ha mostrado muy alegre y amable en cada visita que ha hecho.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

10 de septiembre 2017 , 09:32 a.m.

Era inevitable. La política terminó por convertirse en un asunto de fondo de la visita a Colombia del papa Francisco, a pesar de que, desde que esta se anunció, en el Vaticano los boletines oficiales se esforzaron por delimitarla a un propósito apostólico.

Era ir contra la evidencia, pues incluso el máximo jefe de la Iglesia católica había condicionado en el 2016 su llegada al país a lo que pasara con la entonces guerrilla de las Farc. “Yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito y el reconocimiento internacional, estaré en Colombia para enseñar la paz”.

Lo anunció él mismo en un video antes de las votaciones en las cuales, de manera sorpresiva, se impuso el ‘No’. El resultado provocó una fractura en la sociedad –el ‘No’ obtuvo el 50,21 por ciento de los votos y el ‘Sí’, el 49,79–, que sigue vigente a pesar de una avalancha de hechos cada vez más trascendentales: el gobierno del presidente Juan Manuel Santos renegoció el acuerdo con el grupo insurgente, el cual, además, aceptó las nuevas condiciones, puso su rúbrica en el teatro Colón, entregó su arsenal bélico –8.112 armas individuales y colectivas y 1’300.000 proyectiles– y se convirtió en un partido político legal. Todo ante una sociedad un tanto apática.

El máximo opositor a la negociación es el expresidente Álvaro Uribe Vélez, a quien millones siguen con fe. La distancia con su sucesor es tan drástica que incluso rechazó ir a la ceremonia de bienvenida a Su Santidad ofrecida en la plaza de Armas de la Casa de Nariño este jueves.

La Patria Boba

La ausencia de Uribe fue notable como las palabras que esa misma tarde pronunció Francisco ante 1,3 millones de personas, congregadas bajo un torrencial aguacero, en el parque Simón Bolívar de Bogotá: “Podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada”. El Papa recordó cuando “allá al comienzo (de la Nación), tuvo 16 presidentes y pagó caro sus divisiones: la Patria Boba”.

Para Francisco, el país no puede seguir chapoteando en las diferencias. Hay que avanzar. De hecho, la intensísima agenda, que pidió él mismo, estuvo marcada por un lema que simboliza la coyuntura actual del país: “Demos el primer paso”.

Pero ¿cómo? Él dio las claves. En Villavicencio, por ejemplo, puerta de entrada a un vasto territorio que sirvió de santuario a la guerrilla, tras escuchar los dramáticos testimonios de cuatro personas que en ese instante representaron a los ocho millones de víctimas que dejó medio siglo de conflicto armado, dijo: “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: no tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”. Y argumentó: “Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad”.

El mensaje sobre la reconciliación que dio el Papa en VillavicencioEl mensaje sobre la reconciliación que dio el Papa en Villavicencio
Juan Carlos Murcia y el papa Francisco
Tarea colectiva

¿Podría interpretarse entonces que el Papa vino a apoyar el proceso de paz? “Por supuesto que sí –dice el también padre de la comunidad jesuita Francisco de Roux–. Vino a respaldar el proceso de paz en que estamos, pero él da un paso adelante para que lo mejoremos y consolidemos entre todos”. Pero ¿por qué Francisco se metió en un asunto tan complejo? Y, además, ¿de manera tan sonora? “El Papa da el mensaje público y, por eso político, en el sentido no partidista, que corresponde dar a la Iglesia: animar y apoyar todo lo que nos hace crecer como comunidad humana, en justicia social, reconciliación y paz”, explica De Roux.

En línea con esta posición está el jurista Rodrigo Uprimny, investigador del Centro de Pensamiento Dejusticia: “Sí, y es normal, pues una de sus misiones como líder religioso ha sido apoyar la paz en el mundo. Ahí se juntan lo ético, lo político y lo religioso. Y el Papa consideró que debía contribuir a los esfuerzos de paz y reconciliación que estamos haciendo en el país”.

“La paz es lo que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla”, dijo el Papa en un video divulgado al abordar el avión que lo traería el miércoles desde Roma y en el que de manera directa mostraba el propósito que lo entusiasmaba a atravesar el océano Atlántico.

Una tarea que él, sin embargo, sabe no será un camino de rosas. “En todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande, pero necesario”, reiteró ante 600.000 personas que lo fueron a ver en Villavicencio.

La paz es lo que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla

Los milagros

Francisco fue transparente en sus palabras, coherente con su pensamiento. Pero, hay que advertir que no son suficientes. Elisabetta Piqué, vaticanista argentina y biógrafa del Papa, tiene esa certeza: “De la noche a la mañana no es que hagas un milagro. El Papa cree en los procesos y ha abierto un proceso”.

El punto de partida lo marcó con la insistencia en las palabras ‘perdón’ y ‘reconciliación’,
que se asocian al momento que vive el país con la firma de la paz con las Farc, el cese del fuego con el Eln e incluso a la posibilidad de un sometimiento a la ley del ‘clan del Golfo’, una organización criminal conformada por 3.000 hombres.

Francisco las ha dicho en cada una de sus intervenciones y estas, a su vez, han sido amplificadas por los medios de comunicación. ¿Cómo habrán sido recibidas? Para Fabián Sanabria, antropólogo y doctor en Sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, han sido “como un bálsamo”.

El docente también cree que su impacto no solo será en el ámbito puramente religioso. “Además de sus efectos pastorales, tendrán implicaciones políticas”, pronostica. “Después de su mensaje de reconciliación, ¿cuántos católicos –y, por qué no, cristianos de otras denominaciones– se alzarán contra los procesos de paz con las guerrillas que buscan un futuro mejor para Colombia?”.

Para él, la reiteración día y noche de Francisco de darle una oportunidad a la paz y empezar a construir una sociedad en armonía es un jalón de orejas que deben sentir los que él llama “católicos conservadores”, de quienes dice que no han releído el Evangelio que sentencia: “No solo hay que perdonar siete veces, sino setenta veces siete”.

La hora de los jóvenes

El ingenio popular, sin embargo, dice que loro viejo no aprende a hablar. ¿Los mayores de edad, por ejemplo, van a cambiar su postura frente a quienes dejan las armas solo porque el Papa los invita? Es posible que no. Y eso es probable que lo sepa el carismático líder de la Iglesia. De ahí que fuera diáfano al dirigirse a 24.500 jóvenes en la plaza de Bolívar: “Vuestra juventud los hace capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar. Perdonar a quienes nos han herido”. Además, allí les confesó maravillado: “Es notable ver cómo no se dejan enredar por historias viejas, cómo miran con extrañeza cuando los adultos repetimos acontecimientos de división simplemente por estar atados a rencores”.

Mensaje del Papa Francisco en Bogotá durante su visita por ColombiaDiscurso del Papa Francisco a los jóvenes colombianos los incentiva a no quedarse quietos ante el dolor del país y los más necesitados.
Papa Francisco en el balcón

Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), se muestra optimista y cree que los mensajes de Francisco abarcarán a toda la sociedad: “Yo sí creo que tendrá efectos políticos, pues al conmover la conciencia de las personas, que creo que lo hace, podrá incidir en sus preferencias tanto a nivel electoral como a nivel de sus acciones individuales en materia de justicia y reconciliación”.

El periodista y analista Juan Lozano considera errado interpretar exclusivamente los mensajes del Papa como si fueran una línea trazada a favor de los acuerdos de paz: “El balance de la visita se explica por su combinación vigorosa de dulzura y fortaleza, pues tocó el corazón de la gente e interpeló a toda la dirigencia colombiana para que, todos y de todas las orientaciones políticas, recuperen los valores tutelares y superen odios, venganzas y cálculos mezquinos”.

En efecto, uno de los instantes en los que Francisco tuvo más eco fue cuando habló en la plaza de Armas de la Casa de Nariño ante un escenario en el que se encontraba reunida buena parte de la dirigencia política y económica del país: “Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado esta nación por décadas; leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad, sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia”.

¿Será posible? La analista Laura Gil cree que si bien el Papa exhibió toda su lucidez para enseñar la paz en el país, hay fuerzas poderosas que no cederán tan fácil. “Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”, clamó Francisco.

“El Papa no le rehúye al debate político: fue artífice del acuerdo Estados Unidos-Cuba, prestó buenos oficios en Venezuela y no dudó en escribir a la cumbre del G-20 sobre Siria”, dice ella.

Temprano o tarde, la confrontación entre colombianos debe terminar. Porque, al fin y al cabo, como dijo el Papa: “El odio no tiene la última palabra”.

Cuatro frases claves de una visita histórica

“La búsqueda de la paz es un trabajo abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos (...) que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación (...) y persistir en la cultura del encuentro”.

“El lema de este país dice: ‘Libertad y orden’. En estas dos palabras se encierra toda una enseñanza. Los ciudadanos deben ser valorados en su libertad y protegidos por un orden estable”.

“No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, quien rige la convivencia pacífica. Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía”.

“Sanemos el dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”.

ARMANDO NEIRA
Redacción Domingo
Twitter: @armandoneira

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