Una historia sobre el pelo malo y el pelo bueno

Una historia sobre el pelo malo y el pelo bueno

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Una historia sobre el pelo malo y el pelo bueno

La líder comunitaria María Elena González es peinadora tradicional y recupera la tradición afro.

El espejo muestra el dorso de la mujer: una figura curvilínea, su piel tostada. Lleva un vestido de rayas rojas y blancas. Su pelo negro está recogido en una cola y se levanta sobre su cabeza como si estirara el cuerpo vigoroso hacia arriba: se levanta como aquello que resiste la caída. La mujer es María Elena González –28 años, 1,53 metros, afrodescendiente– y tiene el pelo malo. O eso dirían su abuela, algunos amigos y familiares: que el pelo bueno es liso, dócil. Y agregarían luego que es necesario mejorar la raza: casarse con un blanco, con un mestizo o con un indio. Con cualquiera que no sea un negro.

Ella prefiere su pelo y su raza. “Mi cabello no es malo porque no ha matado a nadie”, dice la Beba (como la llaman) y se suelta el afro rebelde. Se peina con trenzas, se pone turbantes y hace lo mismo para sus clientas, quienes más tarde llenarán el salón de belleza que ocupa uno de los cuartos de su casa.

Las mujeres se mirarán entre ellas y se verán al espejo. Se turnarán un labial morado, hablarán de los asuntos del pueblo. Y, al final, con sus trenzas armadas, saldrán con su pelo en alto.

La Beba painada

A la Beba la peina con trenzas una de las niñas de Belleza negra.

Claudia Rubio. El Tiempo
Salón de belleza

El salón de belleza está ubicado en uno de los cuartos de la casa de María Elena. Pero será temporal, hasta que la construcción que tiene planeada termine.

Claudia Rubio. El Tiempo

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La Beba nació y creció en Villa Paz, corregimiento de 6.000 habitantes ubicado a 20 minutos de Jamundí, Valle del Cauca. Es hija de Luz Ena Mezú y Wilson González. Es hermana de Juliana y de Valentina. Es amiga de Johana, de Sori y de Valeria. Es afrodescendiente, evangélica, estudiante de recreación en la Universidad del Valle. Es empresaria y dueña de Belleza Negra, un salón en donde peina a las mujeres de su comunidad. Pero es, por encima de todo, una líder. Eso dicen de ella sus amigos, sus padres, su hermana.

“Uno pensaba dos cosas cuando llegaba un blanco. Una, que era rico y dos, que era de otro país”, dice desde una de las calles sin pavimento de Villa Paz. Esto pensó a sus 8 años, cuando vio a un hombre que no parecía de allí. Se le acercó. “Me entregó la revista Caja Mágica. Yo leí que en un lado decía “La Balsa”,que es un pueblo del Cauca, y le dije que cómo podía hacer para que Villa Paz también apareciera ahí escrito. Él me invitó a un taller y desde ahí me hice parte de Plan”.

El señor blanco es Carlos Edwin y trabajaba entonces con la Fundación Plan. La revista era un proyecto hecho por jóvenes del país. Y la Beba, una líder en ebullición. Desde ese momento y hasta ahora ha estado vinculada con proyectos de desarrollo juvenil y comunitario.

Cuando se graduó del colegio entró a la universidad, hecho no muy común en Villa Paz, en donde en la actualidad solo hay 700 personas con algún tipo de estudios. Entró a la Universidad del Valle, que quedaba a una hora y media de su pueblo. Para pagarse los desplazamientos, que sumaban 30.000 pesos diarios, ofrecía peinados a domicilio. El negocio empezó a ir tan bien que decidió formalizarlo.

La Beba (o la Taquillera o la Peluche, como también la llaman) se convirtió en una peinadora tradicional y creó el salón Belleza Negra, un emprendimiento especializado en pelo afro, que tiene como consigna no disfrazar los rizos. Es, más bien, una manera de rescatar las tradiciones que por derecho fueron heredadas y, por mezquindad histórica, por señalamientos sociales y, en definitiva, por discriminación, les fueron arrebatadas.

En el 2016, participó en el Encuentro Nacional de Peinadoras y con un peinado que llamó ‘Trascendencia negra’ ganó 1’500.000 pesos, que invirtió en el crecimiento de su negocio.

“Luisa, una amiga y clienta, trabaja en Cali. Una vez se fue al trabajo con trenzas y el jefe le dijo que se las quitara porque así no podía atender a la clientela”, cuenta María Elena luego de saludar a Luisa, quien después del incidente decidió llevar el pelo liso. La fecha de la anécdota es un día del 2018, siglo XXI. María Elena parece entenderlo: “Yo no critico que se quieran dejar el pelo liso, son cosas que uno hace para adaptarse a la sociedad”.

Su emprendimiento es más que un salón de belleza. La Beba se reúne dos días a la semana con 30 adolescentes. Este grupo se llama Belleza Negra Teens y su propósito es peinarse y discutir temas relevantes para su presente y su futuro, que pasan por los chismes del pueblo hasta qué van a estudiar y cómo van a mantenerse en el futuro.

“Belleza Negra es una manera de empoderarse. Es un proceso de aceptación de lo que soy, de valorar mi cultura, mi tierra, mi gente, mi color de piel, mi pelo. Pero también quiero que las niñas se vean como grandes profesionales y que hablemos de la prevención de embarazos a temprana edad”, dice.

Yiselly Lasso tiene 10 años y hace parte del grupo. Desde una esquina observa cada movimiento de la Beba. “Quiero ser como ella”, dice.

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Luz Ena Mezú frita pescado para su almuerzo. La mujer mide 1,75 metros, tiene 50 años –aunque aparenta ser más joven– y lleva trenzas hasta la cintura. La madre de la Beba trabaja como maestra de primaria en un colegio y, como sus hijas, nació en Villa Paz. Cuenta que esta tierra (antes conocida como Patepalo y luego como El Alterón) era terreno de su abuela materna. Lo heredó a sus 19 hijos –quedan 9– y se repartieron una manzana. Desde entonces hasta ahora, un matriarcado rige esta zona.

“No tuvimos problemas de conflicto armado hasta el 2001, cuando llegaron los paramilitares. Pero nunca hubo presencia de guerrilla. Decidimos que el pueblo se llamara Villa Paz porque fue el único lugar de la zona que se salvó de masacres”, dice.
Ella también ha sido una líder comunitaria. Fue fundadora del colegio de Villa Paz, del que se graduó. Se labró a pulso un camino: trabajó en las haciendas limpiando arroz. Luego, como doméstica en Cali. Vendió ropa para pagarse la universidad.
Hay una relación entre el liderazgo de María Elena con el de su madre. En ellas existe una preocupación por transformar su ambiente, por mejorar la situación de la población y salir de un aparente círculo de desidia que domina a la comunidad. Porque aunque no hay conflicto armado, los líos de Villa Paz son otros.

Sergio Carabalí, funcionario de la alcaldía municipal de Jamundí en el Departamento de Gestión del Riesgo, explica que la drogadicción, la prostitución, el desempleo y la falta de oportunidades son el flagelo de los jóvenes. “Los que terminan el colegio son muy pocos. Aunque somos una población afro, no ha habido quien luche por dar una oportunidad a estos jóvenes aprovechando el tema de la famosa afrocolombianidad. A los que tienen cómo, los padres les pagan los estudios. Otros, con sacrificio lo hacen. Pero muchos se quedan esperando que pase algo”, explica.

Y añade: “Veo a los jóvenes desorientados respecto a ciertos temas de la comunidad y no les interesa que las cosas vayan mejor. En temas electorales son ellos mismos quienes venden su voto”.

En Villa Paz no existe un espacio de recreación. “Los bailaderos son el único espacio y es a donde se va a tomar trago. La sociedad nos ha enredado en este círculo vicioso donde no podemos avanzar, no hay oportunidades para nuestras comunidades”, dice Luz. En este panorama, el trabajo de la Beba cobra una dimensión diferente.

Belleza Negra Teens

Todos los miércoles, las 30 chicas de Belleza Negra Teens se reúnen para discutir temas relacionados con su comunidad.

Claudia Rubio. El Tiempo
La Beba y amigos

La plaza de Villa Paz es uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad. Cuando los paramilitares entraron a la región, en el 2001, restringieron la estancia en esta zona. Dicen sus habitantes que usaban este espacio para castigar a la población.

Claudia Rubio. El Tiempo

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“María Elena desde que nació ha sido muy despierta. Le ha gustado estar en todo. Pero como ha sido tan hiperactiva ha tenido tres accidentes”, cuenta Luz Ena.
El más grave fue cuando cayó de un tercer piso. Estaba en un tanque de agua, una estructura inútil que nunca ha estado en funcionamiento. Se levanta al lado de su casa como una muestra del progreso que no llegó a Villa Paz. Para recuperarse, necesitó una cirugía reconstructiva de pierna y brazo. “Yo le echaba la culpa a mi mamá. Ella me llamó, volteé a mirarla y me caí”, dice con voz quebrada.

Este hito formó su carácter y se convirtió en propósito. María Elena lucha por la creación de espacios sanos, en donde niñas y adolescentes puedan estar protegidas, tranquilas y en donde puedan ser niñas.

A nadie debe pasarle lo que a ella, se reafirma.

Luz Ena Mezú y María Elena González

A la izquierda, Luz Ena Mezú, madre de María Elena González.

Claudia Rubio. El Tiempo
Johana Carabali

Johana (izquierda) es prima de María Elena y es una de las peinadoras con las que trabaja hombro a hombro.

Claudia Rubio. El Tiempo

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“Desde siempre me ha gustado peinar. A veces se llega la una de la mañana y estoy peinando. No lo hago tanto por el dinero, sino por estar con las muchachas. Nos contamos historias, los chismes. Este es un aglutinante social”, dice la Beba mientras trenza el pelo de María José, una de las chicas de Belleza Negra Teens.
En las reuniones, que se hacen los miércoles a las 3 de la tarde, María Elena las invita a imaginarse otras posibilidades. Les habla de cómo cuidarse para evitar un embarazo prematuro, les dice que no son ‘pelimalas’ y les enseña los trucos para mantener un pelo bueno.

Hoy, el grupo se acicala. Las chicas se toman selfis, hablan de cualquier cosa y también de qué quieren ser: arquitectas, fisioterapeutas, médicas. Alguna dice que quiere ser líder comunitaria, como la Beba. Y en un momento, treinta voces recitan Me gritaron negra, un poema de Victoria Santa Cruz:

(…) Y pasaba el tiempo y siempre amargada, seguía llevando a mi espalda mi pesada carga. ¡Y cómo pesaba! Me ‘alacié’ el cabello, me ‘polveé’ la cara, y entre mis entrañas siempre resonaba la misma palabra: ¡negra! ¡negra! ¡negra!

Hasta que un día que retrocedía, retrocedía y qué iba a caer. ¡Negra! ¿Y qué? ¡Negra! Sí, ¡negra soy! De hoy en adelante no quiero ‘laciar’ mi cabello. No quiero. Y voy a reírme de aquellos, que por evitar –según ellos–, que por evitarnos algún sinsabor, llaman a los negros gente de color. ¡Y de qué color!


Las niñas aplauden. Bailan la tonada que inventaron para el poema. Se escucha: “esto me eriza la piel”. La Beba las observa mientras habla de sus planes: compró un lote que se convertirá en salón de belleza. Tendrá tres espejos y tres sillas, y una vitrina para exponer los productos. Y será el punto de encuentro para las niñas.

“Aunque todavía hay hombres que piensan que las mujeres tienen que quedarse todo el día en la casa haciendo aseo, gracias a Dios las mujeres se han podido ir reconociendo en sus derechos. Eso quiero con Belleza Negra Teens”, dice la Beba mientras termina el peinado de María José.

"A la larga, Belleza Teens es mi todo", termina.

NATALIA NOGUERA ÁLVAREZ
Enviada especial de El Tiempo – Jamundí, Valle del Cauca
Twitter: @marttina_a

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