Un llamado SOS por el río Atrato / Opinión

Un llamado SOS por el río Atrato / Opinión

El afluente alberga cerca de 130 especies de peces e irriga más de 3.600 especies de plantas.

Protección del río Atrato

El río Atrato recorre el borde occidental de Colombia.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

30 de julio 2017 , 06:50 p.m.

El río Atrato es la tercera vena hídrica del país, con cerca de 750 kilómetros caudalosos que recorren el borde occidental de Colombia delineando por un costado una de las selvas más biodiversas del planeta: el Chocó.

Se encuentra con el mar en el golfo de Urabá, previo a la formación de un complejo estuario y arrojando entre 3.000 y 5.000 metros cúbicos de agua por segundo, que resumen en su material en suspensión la actividad natural y humana desde su nacimiento en el cerro del Plateado.

Este río también es el protagonista de un hecho sin precedentes en el país: al ser declarado por la Corte Constitucional como sujeto de derechos, se ordena al Estado que asuma la protección y conservación inmediata del cuerpo de agua, de su cuenca y afluentes, especialmente de la minería ilegal del oro, mediante un plan claro y certero para su erradicación.

Lo más relevante de esta sentencia es el llamado de la justicia a que el ‘homo sapiens’ entienda que es parte de la naturaleza, y no sus dominador, y que ella, al igual que este ser pensante (‘sapiens’) tiene los mismos derechos.

El Atrato también es escenario de fuertes contradicciones. Por una parte, recoge la historia dinámica del occidente del país, de los embera, los waunana, los negros, mestizos y colonos; recoge dialectos, danzas, costumbres ancestrales; alberga cerca de 130 especies de peces e irriga más de 3.600 especies de plantas que pueden existir en el Chocó biogeográfico. Se trata, valga la claridad, de valores subestimados, porque aún hay cuencas donde no se han hecho muestreos rigurosos.

Por otro lado, su cuenca incluye 44.000 hectáreas de selva chocoana, afectada por la tala y la minería ilegal del oro, sus aguas contienen niveles de mercurio 100 veces por encima de lo permisible a nivel mundial para la salud humana.

Ante un escenario tan complejo, surgen preguntas de fondo: ¿Por qué tenemos que llegar a estos extremos de deterioro natural, y de presión económica, cultural y social para tomar la decisión de proteger el suelo colombiano? ¿Somos, en realidad, seres pensantes frente a la naturaleza de la que hacemos parte y gracias a la cual subsistimos?

Como están hoy las cosas, no hay duda de que vamos a requerir en el futuro próximo más sentencias de la Corte Constitucional para poder proteger, conservar y rehabilitar muchos de nuestros recursos naturales continentales y marinos.

ANDRÉS FRANCO
Director departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de U. Tadeo

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