Exceso de turistas y hotelería ilegal ponen en jaque a la naturaleza

Exceso de turistas y hotelería ilegal ponen en jaque a la naturaleza

Falta de educación, poca visión de las comunidades y la construcción son las principales amenazas.

Vacaciones en Playa Blanca

En Semana Santa, Playa Blanca dobló su capacidad de carga turística. Autoridades tratan de controlar la situación.

Foto:

Yomaira Grandett / Archivo EL TIEMPO

08 de diciembre 2017 , 11:00 p.m.

Un pañal usado flota sobre el yacimiento hídrico de Las Gachas, en Santander, una formación rocosa de 1,4 kilómetros de largo. Al otro extremo del país, organismos de limpieza recogen en una sola jornada cinco toneladas de basura en el balneario de Playa Blanca, en Barú, cerca de Cartagena. Y a un par de horas, en Palomino, La Guajira, denuncian tala indiscriminada de mangles derivada de la construcción ilegal de hoteles.

“Los turistas están llegando masivamente a estos territorios y están generando impactos negativos en ellos”, resume Javier Gómez, presidente de la Federación de Ecoturismo y Turismo de Aventura.

Gracias al proceso de paz, destinos como estos tres se han hecho más accesibles. Es una noticia positiva, destacada incluso por el director adjunto de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Alejandro Varela: “En territorios donde antes había conflicto, la paz permitió a empresarios y comunidades incorporarse al turismo y aprovechar sus oportunidades”.

De hecho, el turismo ya es el segundo renglón de la economía nacional, después de la industria minero-energética. En sintonía con esto, el Gobierno tiene como objetivo haber recibido a seis millones de visitantes cuando termine este año.

Lamentablemente, anota Gómez, esta bonanza ha traído también un crecimiento de la informalidad turística en las regiones, que se traduce en un turismo destructor.

Para Gabriella Crescini, directora de la fundación Swisscontact, especializada en estrategias de turismo sostenible, “el reto es gestionar los destinos de manera que el impacto sea positivo; esto se logra con trabajo conjunto entre los sectores privado y público y la población”.

La experta, que estuvo el mes pasado en un foro celebrado en Bogotá, asegura que se necesita planeación y no pensar en el beneficio a corto plazo. “Espero que el Gobierno no se apresure con todos esos destinos que se están abriendo ahora, sino que piense bien cómo quiere desarrollarlos”, dice.

Sobrecarga en Playa Blanca

El Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo tiene capacidad de carga para 3.142 personas por día. En temporada alta este número se dobla, lo que genera un problema de desechos ambientales y daños en el ecosistema.

“Con la construcción del puente que lleva a Barú, que desde el 2014 permite que entre gente por vía terrestre, la capacidad se sobrepasó. En Semana Santa llegaron hasta 7.000 personas en un solo día y esto generó erosión costera y exceso de residuos sólidos. No hay capacidad para responder a tanta afluencia”, explicó a EL TIEMPO el viceministro de Ambiente, Carlos Botero.

Gracias a un trabajo conjunto entre Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN), la Dimar y Guardacostas se logró decretar, en mayo, una restricción para el ingreso al parque por vía marítima. Sin embargo, la comunidad interpuso una acción de tutela que se declaró procedente y tumbó la resolución.

“También la población local debe hacerse cargo de sus lugares”, anota Crescini para subrayar que no solo los viajeros y los operadores son responsables de un turismo responsable.

“Desde el primero de diciembre se tomaron medidas para evitar que motonaves que no tengan permiso estén en esa zona”, informó Botero. La Policía ha restringido el acceso por vía terrestre y en las próximas semanas se empezará a cobrar el acceso a Playa Blanca.

Las Gachas, secreto a voces

Este era un lugar secreto hasta que un bloguero europeo lo visitó y lo popularizó en sus redes sobre viajes. Entonces, turistas de todo el mundo llegaron a verlo. Las imágenes que muestra José Navarro, operador turístico de la región, prueban que no estaban preparados para recibir a tantos visitantes. “En un puente festivo tenemos capacidad para albergar a 300 personas en todo el pueblo y están llegando hasta mil”, cuenta.

Tal vez el peor efecto de los viajeros es que han destruido los hongos que se forman sobre las rocas para pintar corazones o escribir nombres. Además, “no hay baños y la gente deja basura. Han dejado hasta toallas higiénicas”, lamenta Navarro. La labor de limpieza recae entonces en él y algunos voluntarios.

Este tipo de acciones se repiten en otros sitios del país, como la quebrada Las Delicias, en Bogotá, el páramo de Sumapaz y las cuevas de Tuluní, en Tolima.

Según Marcelo Notarianni, experto en hotelería y turismo sostenible, “los impactos negativos de los visitantes empiezan a reducir el valor de un destino”. Por eso, es necesario “educar a los turistas sobre la importancia del destino”, así como a los operadores turísticos.

Hostales ilegales en Palomino, sin control

En esta tierra guajira, rodeada por ríos y mar, el aumento del número de turistas ha generado la proliferación de hotelería ilegal, que atenta contra el destino. Cuenta Oliverio Rodríguez, presidente de la Asociación de Hoteles y Hostales de Palomino, que este año recibió a casi 8.000 turistas en su alojamiento, habilitado con 15 habitaciones. Esto da una media de 666 visitantes mensuales en apenas un establecimiento.

A la par de los alojamientos formales, “proliferan hostales sin reglamentación”, señala Rodríguez. Estas construcciones ilegales han generado daños ambientales, como la tala de mangles para el levantamiento de los edificios. Esto ha sido denunciado por la comunidad ante la Corporación Autónoma Regional de La Guajira (Corpoguajira), máxima autoridad ambiental del departamento.

Corpoguajira envió a EL TIEMPO un informe en el que muestra que ha recibido 208 quejas por afectaciones ambientales en esta zona, de la cuales el 80 por ciento corresponde a tala. Solo en Dibulla, municipio en el que está el corregimiento de Palomino, han recibido seis reportes relacionados con tala urbana y deforestación de bosques; dos con erosión y otros dos con afectación a fuentes hídricas.

“Infortunadamente, toda esta destrucción de ecosistemas está relacionada con las construcciones ilegales”, afirma Rodríguez, quien está en conversaciones con las autoridades locales para gestionar el destino y desarrollar estrategias turísticas que beneficien a todos.

NATALIA NOGUERA ÁLVAREZ
En Twitter: @ViajarET

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